Ana Campoy (Madrid, 1979) dedica buena parte de sus esfuerzos a inculcar la pasión por la literatura y la lectura entre los más jóvenes, una tarea más ardua y concienzuda de lo que puede parecer a priori. Ella es un claro ejemplo de que si la semilla de la lectura se siembra pronto, germinará seguro y no dejará nunca de florecer. Guionista, locutora, periodista y profesora de escritura creativa, publica ahora una nueva entrega de Familia a la fuga. Cerrado por fantasmas (Loqueleo), cuyos protagonistas “hacen un gran ejercicio de convivencia y tolerancia. Viven en un constante ejercicio de adaptación”, en palabras de la propia Campoy.

 

Sus obras son mucho más que libros juveniles con el único fin de entretener a los más pequeños. Entretener, sí, pero también formar con la lectura. ¿Cómo se logra ese equilibrio?

Uno de los propósitos de mi trabajo es hacer literatura de calidad, aunque sin hacer moralinas. Los autores de infantil y juvenil huimos bastante de eso en la actualidad. Preferimos que sean los niños los que lleguen a sus propias conclusiones. Los lectores infantiles son muy inteligentes y es más interesante lanzarles preguntas para que ellos mismos encuentren sus propias respuestas.

 

Buscar la reflexión de los jóvenes lectores partiendo de temáticas de máxima actualidad. ¿Están preparados estos lectores para asumir lecturas comprometidas alejadas de los mensajes con moralina?

Totalmente. No olvidemos que los niños y los jóvenes también forman parte del mundo actual. No son meros espectadores. Participan en él y son muy conscientes de los problemas de alrededor. Por eso creo que deberíamos tenerlos en cuenta a la hora de buscar soluciones. Y no olvidemos que la literatura hace avanzar el intelecto. Pone en marcha el cerebro. Los jóvenes también han de ser escuchados y creo que su perspectiva siempre nos será de gran ayuda.

 

¿Por qué cuesta tanto derribar los clichés asociados siempre con los personajes de la literatura infantil?

Supongo que es por desconocimiento. El mundo adulto se detiene poco en los contenidos creados para el público infantil. Falta valorarlos más. Siempre defiendo que los libros de infantil y juvenil creados hoy en día son literatura de gran calidad. Los autores que nos dedicamos a ello nos preocupamos mucho porque así sea. Aunque es cierto que hay de todo en la industria del libro. También nos encontramos con mucho libro-producto y es algo con lo que hay que convivir. Pero, ojo, que también sucede en la literatura para adultos. No es exclusivo del infantil y juvenil.

“No olvidemos que los niños nos imitan. Es nuestra responsabilidad dar ejemplo”

 

¿Cuál es el mejor mensaje que se le puede transmitir a un niño a través de la lectura de una saga novelística como la de Familia a la fuga?

Supongo que no hay fórmulas mágicas. Tampoco me planteo un mensaje concreto, aunque es cierto que hay determinados valores que siempre se cuelan entre las páginas. Familia a la fuga parte de la premisa de una familia corriente que de repente entra en un programa de protección de testigos. Tienen todo en contra y se ven obligados a huir para sobrevivir. Con ese panorama, los protagonistas hacen un gran ejercicio de convivencia y tolerancia. Viven en un constante ejercicio de adaptación. Y creo que eso es importante para todo el mundo. A veces el respeto es la solución a muchos problemas.

 

En Cerrado por fantasmas, la conciencia ecológica, la fuerza de la unión y el papel de los abuelos son algunos de los temas abordados. ¿Los temas de la literatura juvenil evolucionan conforme lo hace también la sociedad o les cuesta más adaptarse a los cambios?

Yo creo que incluso va por delante. A veces se tocan temas pioneros. El arte siempre va por delante incluso de los cambios sociales. Siempre hay una manera original de tratar un tema que tiene calado. Y la literatura infantil no es menos. Los niños son los ciudadanos que menos prejuicios tienen.

 

¿Son la literatura infantil y juvenil cauces imprescindibles para concienciar en perspectiva de género desde los primeros años de nuestras vidas?

Por supuesto que sí. Lo que pasa es que hay muchos libros concebidos previamente con la etiqueta de “feminista” (libros-producto en muchos casos) aunque supongo que es algo que impone el mercado, el consumismo que se adueña de todo. A mí me gusta más la creación sin necesidad de envoltorios. Y con el feminismo me pasa lo mismo que con otros valores que considero fundamentales y que transmitimos en los libros. En este momento de mi carrera prefiero un feminismo normalizado, asumido. Que si escribo en un universo en el que hay igualdad, dicha igualdad sea obvia sin necesidad de señalarla con el dedo. Creo que es la manera más efectiva de hacerlo (o al menos, la que mejor me funciona a mí). Quiero que en las tramas de mis libros la igualdad se asuma como algo normal y ya establecido.

 

¿Por qué cuesta a los adultos asimilar que los niños son solo niños, no seres inferiores en inteligencia y otras capacidades y aptitudes?

Yo creo que muchos adultos sí valoran todo lo que los niños y jóvenes son capaces de ofrecer. Lo que pasa es que aún continúa el típico prejuicio: los jóvenes no leen, los jóvenes están todo el día con el móvil… Los jóvenes. Siempre los jóvenes. Es curioso porque según datos oficiales del último barómetro de hábitos de lectura casi el 90% de los niños y niñas leen en su tiempo libre. Es la franja de edad más lectora de toda la sociedad. Y respecto a los móviles… ¿será que los adultos tienen un libro en la mano a todas horas? No olvidemos que los niños nos imitan. Es nuestra responsabilidad dar ejemplo.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre