Era un niño cuando leí una crónica sobre un Gran Premio de Mónaco firmada por Javier del Arco de Izco en la revista Fórmula; no recuerdo el año pero sí que Stewart se jugaba el mundial contra Fittipaldi, y explicaba el añorado y magnífico cronista que Stewart, tras conseguir sacarle 25 segundos de ventaja a Fittipaldi, empezó a aflojar el ritmo, para hacerle creer al brasileño que tenía problemas; pero no los tenía, sólo estaba intentando que Fittipaldi forzase el ritmo y rompiese.

Así es Mónaco y así es la Fórmula 1. Ha sido alucinante hoy la pole position de Lewis Hamilton, un imposible, como imposible -al menos para un viejo Tigre rayado como yo- ha sido el salto con el que se ha encaramado a la valla metálica al quitarse la armadura de su monoplaza). Jugarse la vida, jugarse las manos al saltar sobre la valla… jugárselo todo. Como en la ruleta. En la famosa ruleta de Mónaco. No hay ni habrá nunca un gran premio igual a Mónaco, aunque Bakú pretenda imitarlo.

Maravilloso duelo entre las dos máquinas Mercedes… nos gustaría tanto a todos creer en Bottas; aunque yo me conformo con que no sea una pose, con que realmente Valteri Bottas crea en sí mismo y se juegue la vida y se juegue todo para ganar el mundial 2019.

También espero que Charles Leclerc se lo juegue todo y logre ser más grande que su equipo, la Ferrari, que si no desaparece la Mercedes parece jamás volverá a ganar un campeonato del mundo.

Pero también va a dejarse el alma, y lo que haga falta, Ricciardo, Daniel Ricciardo, que ha convocado la magia de los ornitorrincos y los canguros para la carrera de mañana.

-Lloverá mañana -le he oído decir a Danielo, o quizá sólo me ha parecido oírselo. Pero he sentido que era verdad, que mañana lloverá; y las previsiones de lluvia son de un ochenta por ciento. Porque Mónaco es la tierra de los milagros -la propia existencia del principado de cuento es un milagro- y con la lluvia no sería imposible un duelo a vida o muerte entre dos ex compañeros: Mad Verstappen y Smiley Ricciardo.

En memoria de Niki Lauda correrán todos mañana. Y el espíritu del austriaco allí estará -por que la muerte no existe- para disfrutarlo.

Previsiones de lluvia de un ochenta por ciento. No es una apuesta arriesgada.

Tigre tigre.

 

(Dedico este texto a la memoria de Javier del Arco Izco; jamás he visto a nadie escribir sobre Fórmula1 con la magia y la pasión que le ponía él)

La ausencia de Niki Lauda

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