Se ha criticado mucho a los jóvenes con esto de la Pandemia. Se les ha tildado de irresponsables y de no se sabe cuántas cosas más. Y yo pienso que es justamente todo lo contrario, que deberíamos quitarnos el sombrero ante ellos. Los jóvenes españoles están dando en un 99,9 % de los casos (siempre puede haber algún cafre) un ejemplo impresionante de solidaridad, de altruismo, de civismo y de amor a su familia. ¿Acaso los adultos no nos acordamos cómo éramos a los 18 años, a los 25, a los 30? ¿No nos acordamos de que esa era la edad de los descubrimientos, del transcurrir lento del tiempo, de la plenitud de las sensaciones, muchas de ellas nuevas, de los amores que vienen, amores que hieren, amores que van?

Pues bien, durante nueve meses, y no se sabe cuántos meses más, durante ese tiempo que pasa mucho más lento para ellos, nuestros jóvenes han renunciado a casi todo por amor a su gente, a sus abuelos, a su familia, a su comunidad, por altruismo y por solidaridad. El verano pasado, el que tenía que haber sido el mejor verano de sus vidas, ha sido una auténtica porquería; sin viajes, sin festivales, sin noches interminables donde daban rienda a la plenitud de la vida. Y ha empezado el curso y es igual; del instituto, de la universidad o del trabajo a casa, y de casa a los mismos, con diversiones mínimas e interacciones casi nulas entre ellos. Acabaron el pasado curso on line y soportaron el confinamiento con un estoicismo admirable.

El mismo estoicismo admirable con el que la inmensa mayoría, casi todos, respetan las normas. Y lo hacen por altruismo y amor a su familia.  ¿Y nosotros, nuestra sociedad qué les ofrece de futuro? Paro, precariedad, subempleo, inseguridad y que asuman que vivirán peor que nosotros. Eso sí, entretenidos con pijadas identitarias. Debería darnos vergüenza. Y deberíamos a ellos darles reconocimiento y las gracias y no echarles la culpa de lo que no es otra cosa que inutilidad, incompetencia y mala fe de los miserables que gobiernan España y Europa. Algo que pretenden por otro lado; convertir a nuestros jóvenes en chivos expiatorios. No lo permitamos y exijamos responsabilidades a los culpables de todo esto, a los  políticos, a la élite, culpables de ese mantra de “convivir con el virus”, que no es otra cosa que hacer que los ciudadanos asuman enfermar y puede que morir y que lo hagan de forma educada y sin ruido.

Y también acordémonos de los ancianos, de nuestros mayores, las principales víctimas de la terrible mortandad, y que desde hace ya muchos meses han visto como han tenido que renunciar al contacto pleno con nietos e hijos. Acordémonos de ellos.

Y recordemos y recordémoslo a otros quienes son los auténticos culpables de esta mierda.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre