La exhumación de Franco va camino de provocar un cisma en la Iglesia católica. Según se recoge en un comunicado de la Fundación que defiende la memoria del dictador, los jesuitas han suspendido la misa del 20N de este año en recuerdo al que fuera totalitario jefe de Estado durante cuarenta años. La polémica en el mundo ultra ha estallado cuando a la familia Martinez-Bordiú Franco −que cada 20 de noviembre, aniversario de la muerte del general−, se reúne en la Iglesia de San Francisco de Borja, se le ha comunicado que no podrá hacerlo este año.

La parroquia, a través de su cura, ha denegado el funeral alegando “orden superior, amén de otras sandeces y mentiras como que el del año anterior adquirió tinte político, algo que el actual párroco conoce tan sólo por referencias de terceros, toda vez que él no estuvo allí, más yo, que sí estuve, confirmo dicha aseveración del párroco como una falacia descomunal”, se lamenta en un comunicado el general en la reserva Juan Chicharro Ortega, presidente Ejecutivo de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF).

“Así, y siguiendo una vieja tradición cristiana, este año, de nuevo, la familia ha solicitado ofrecer una misa por el descanso de su alma: la de su abuelo, en ningún caso por la del Jefe de Estado que fue”, se lamenta el dirigente de la FNFF. “Conocido es el acoso al que se encuentra sometida esta familia con ataques de todo tipo y por todas partes, más nunca me imaginé que este podría llegar hasta el extremo de negar la celebración de una misa por el eterno descanso de su abuelo”, insiste el responsable de la FNFF.

El pasado año, cerca de un millar de personas acudieron a una misa en honor al dictador oficiada en la citada iglesia −en pleno centro de Madrid− y en la que se exaltó su figura y su legado. Aquello, más que un acto religioso, acabó convirtiéndose en una convención ultraderechista, algo que Chicharro niega.

En la misa, que duró una hora, el párroco hizo suyas las palabras del bisnieto de Franco y elogió además la contribución del general “a la restauración de España con su sacrificio”. “De ahí que sea ahora pisoteada, por eso ese odio a la cruz”, apostilló, para después recordar también la figura de José Antonio Primo de Rivera y de la hija del dictador, Carmen Franco. El clérigo lamentó además que haya personas que desprecien a Franco con un “odio que no es de este mundo” y pidió a sus seguidores que permanezcan “al frente con la sonrisa del caudillo, sin dejar de defender lo que debemos defender; debemos defendernos como Franco querría de nosotros”, apostilló.

Al terminar la misa, se produjeron algunos incidentes. Los asistentes se congregaron en la puerta de la iglesia, donde lanzaron consignas como “Arriba España”, “gloria al Salvador”, “siempre presente” o “viva Hitler”. Además, algunos jóvenes reaccionaron exhibiendo carteles en los que se podía leer “fuera fascistas de nuestros barrios”.

Por lo visto, alguien en la curia católica ha decidido que aquel espectáculo de exaltación del fascismo del pasado año en la iglesia de San Francisco de Borja no debe volver a repetirse y ha dado la orden de que las exequias de este año por el 20N queden suspendidas. Sin duda, a la decisión habrá contribuido el hecho de que el ambiente va a estar más tenso y enrarecido de lo habitual entre los simpatizantes franquistas tras la sentencia del Tribunal Supremo que ha ordenado la exhumación de los restos del dictador del Valle de los Caídos.

A aquella misa de 2018 asistieron el nieto del dictador Jaime Felipe Martínez-Bordiu, el bisnieto Luis Alfonso de Borbón y el propio Chicharro. Ninguno de ellos quiso responder entonces a los medios de comunicación sobre el proyecto de exhumación de los restos de Franco que ha concluido con la reciente sentencia del Supremo.

“Vaya por delante que escribo por mi cuenta y riesgo sin siquiera el conocimiento de la propia familia a la que pido disculpas por mi atrevimiento, más es tal mi indignación por esta ignominia que no me resisto a unas ligeras reflexiones. Educado en los jesuitas, al igual que mi padre y abuelo, durante mi infancia y adolescencia, recuerdo tiempos en los que acudía a esa parroquia como congregante que fui de San Estanislao de Koska y lejos estaba entonces de imaginarme que hoy tendría que escribir estas líneas con rabia contenida”, añade Chicharro.

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