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Los gobiernos, los cómplices perfectos del blanqueo de capitales de los bancos

Las sanciones que se imponen a las entidades financieras cuando los supervisores descubren operaciones de blanqueo son tan ridículas que los beneficios de seguir blanqueando son más importantes, por lo que la rentabilidad de los bancos sigue garantizada

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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Los bancos siguen blanqueando capitales porque el beneficio de estas operaciones con dinero sucio es infinitamente superior al valor de las multas y sanciones que imponen los organismos reguladores del sector financiero.

Diario16 publicó cómo JP Morgan Chase estaba dispuesto a pagar una multa récord de 1.000 millones de dólares para evitar que el Departamento de Justicia, la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) continuaran investigando la manipulación del mercado en la intermediación que el banco de inversión realizaba respecto a materias primas y valores del Tesoro.

Según destapó el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), los bancos más grandes del mundo movieron, al menos, 2 billones de dólares en dinero negro desde 1999 hasta 2017. Los FinCEN Files provocaron reacciones por parte de los organismos reguladores y supervisores de los principales centros financieros mundiales. Sin embargo, el sistema financiero mundial continúa inundado de billones de dólares de dinero negro.

La maquinaria de blanqueo de capitales por parte de los grandes bancos globales demuestra que el sistema no funciona. Muchas de estas grandes entidades tienen su sede en Wall Street.

En el mes de julio de 2020 se impuso a Deutsche Bank una multa de 150 millones de dólares por sus relaciones con el depredador sexual Jeffrey Epstein y con dos bancos extranjeros involucrados en el blanqueo de capitales.

Los banqueros rara vez son responsables, por lo que el lavado de dinero se convierte en una fuente de beneficios y las multas en un coste más de hacer negocios. Cuando las ganancias superan las multas, la elección empresarial se corrompe fácilmente.  Esta es la clave, la falta de responsabilidad por parte de los bancos que priorizan la recompensa frente al riesgo.

El uso generalizado de empresas fantasma, que ocultan la identidad de los propietarios del dinero, dificulta mucho que las autoridades que velan por el cumplimiento de la buena praxis bancaria detecten fondos de origen delictivo. Los Informes de Actividades Sospechosas (SAR, por sus siglas en inglés) que presentan los bancos ante los organismos supervisores, como el FinCEN americano o el SEPBLAC español, están plagados de sociedades pantalla que hacen prácticamente imposible detectar el origen del dinero y sus verdaderos dueños.

Esto ocurre también con los llamados bancos custodios, muchos con sede en Estados Unidos, donde su tarjeta de presentación es la preservación de la confidencialidad de los clientes a los que guardan sus inversiones, no su dinero.

Uno de los primeros pasos para frenar el blanqueo de capitales que deberían dar los organismos supervisores es la obligatoriedad de empresas que realizan transacciones financieras a revelar quién es el responsable final del control de esas sociedades. Sin embargo, la banca se opondría. Tiene un negocio muy lucrativo con la prestación de esos servicios. Por esta razón, los banqueros y los reguladores están obligados a trabajar juntos para evitar que el dinero negro siga fluyendo a través de las redes del sector financiero.

Si la ciudadanía no exige y los gobiernos no hacen que se cumpla la ley todos somos cómplices. Si los oficiales de cumplimiento están marcando continuamente transacciones que son cada vez peores, entonces, cuando llega a los grandes despachos, simplemente se aprueba, eso no es una cultura de cumplimiento. Eso es enviar el mensaje de que se valora impulsar la transacción, y obtener las tarifas, más que lidiar con la evaluación de riesgos de cuán corrosivo puede ser esto para una entidad, el sistema financiero y la sociedad.

Ese es un parámetro importante para tener muy en cuenta: la permisividad o la imposibilidad de las administraciones públicas en detectar el flujo de dinero negro.

Todo ese dinero negro procede de, entre otras cosas, narcotráfico, tráfico de armas, prostitución, trata de personas, redes de la inmigración ilegal, organizaciones criminales, corrupción, elusión fiscal y, evidentemente, de los movimientos financieros ilegales.

La solución definitiva pasa por aplicación de sanciones ejemplarizantes como, por ejemplo, la retirada de licencias bancarias. En el momento en el uno de los grandes bancos sistémicos globales tenga que cerrar por una sanción de este tipo, el resto tendrá mucho más cuidado en servir de cómplice para el flujo del dinero negro, por mucha rentabilidad que tengan. Sin embargo, los gobiernos no tienen el valor de hacerlo, por eso se convierten en cómplices.

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