Félix J. Palma (c) María Fortea.

“Un escritor enfrentado a su propia creación”, en palabras del propio Félix J. Palma, es el protagonista de la nueva novela del gaditano de Sanlúcar de Barrameda, un autor con sitio de lujo en las listas de libros más vendidos del mismísimo The New York Times. Ahí es nada. Ahora, en El abrazo del monstruo (Destino) deja a un lado su pasión por el género gótico y criminal –expuesto magistralmente en su aclamada Trilogía Victoriana– y se adentra de lleno en el ‘noir’ puro con la historia de un escritor que, diez años después de su exitosa primera novela, aún no ha podido recuperarse de aquellas mieles.

“Una de las constantes de mi obra son las vueltas de tuerca. Creo que es suficiente pista”

 

¿Cómo prefiere que le haga esta entrevista: en inglés o en andaluz gaditano? Su alabada Trilogía victoriana publicada en una treintena de países parece imponer a priori la lengua anglosajona, no cualquiera podría pensar que un chico de Sanlúcar de Barrameda llegara a triunfar en las listas de best sellers del mismísimo The New York Times.

En inglés, que seguramente se entienda mejor… Fuera de broma, hasta a mí me costaría creerme que he sido bestsellers del New York Times si un yo del futuro hubiera aparecido para darme la noticia antes de que sucediera. Cuando me preguntan cómo lo conseguí, lo único que puedo decir es que hay cosas, sencillamente, que no se pueden planear. Si se planean, no salen.

 

Casualidad o no, su nueva novela comienza con su protagonista, un escritor de novelas de misterio, recordando la obra literaria que, una década atrás, lo catapultó a la fama. También Félix J. Palma celebra ahora diez años de El mapa del tiempo, el comienzo de su exitosa Trilogía victoriana. ¿Se imaginaba hace una década que hoy estaríamos hablando de Félix J. Palma como si del mismísimo Stephen King se tratara?

No había reparado en esa casualidad. Pero todo el mundo sabe que las casualidades no existen, así que seguramente sea cosa de mi subconsciente. Y entre King y yo, aunque ambos somos escritores de los de perro, hay un abismo. Es un escritor genial, y muchas de sus novelas, que leí de adolescente, tienen la culpa de que sea escritor. Debería ser mucho más reconocido de lo que es.

 

Y ahora nuevo reto: pasa del género fantástico por el que no para de recibir elogios al no menos pantanoso del género negro a secas, donde no falta su coqueteo con lo fantástico e incluso el terror. ¿Lo ha hecho por casualidad o se trata simplemente de una evolución en su trayectoria literaria?

No suelo escoger el género a priori. Primero se me ocurre la idea germinal, y es esa idea la que exige un género u otro. Al empezar a desarrollarla, enseguida comprendí que tenía que izarla sobre el andamiaje del thriller.

 

Esa fina línea divisoria que aparta lo real de lo fantástico queda pulverizada con sus historias, y El abrazo del monstruo lo confirma plenamente. ¿Es ese ‘Monstruo’ el prototipo de todo ello?

Sí, podría considerarse una criatura capaz de desplazarse entre dimensiones, pasar de la ficción a la realidad, y con ello erigirse en icono de mi obra.

“Mi ‘Monstruo’ podría considerarse una criatura capaz de desplazarse entre dimensiones, pasar de la ficción a la realidad”

 

El mito del dragón y la doncella sirve de armazón a su historia, que también se vuelve adictiva como todas sus anteriores. ¿Qué puede aportar su nueva propuesta a este mito universal?

Es difícil responder a esta pregunta sin incurrir en spoiler. Baste decir que una de las constantes de mi obra son las vueltas de tuerca. Creo que es suficiente pista.

 

Además recurre a una vía muy socorrida para los escritores en general: el protagonista es también un escritor, a través del cual Félix J. Palma no deja de lanzar guiños sobre el gremio. ¿Una forma de saldar cuentas sin que se note?

No tanto saldar cuentas, como vomitar algunas de las cuitas que me plantea el proceso de escritura. De hecho, toda la novela podría considerarse una metáfora de nuestro trabajo diario, ya que se trata de un escritor enfrentado a su propia creación.

“Hay cosas, sencillamente, que no se pueden planear. Si se planean, no salen”

 

¿Hasta dónde puede llegar el ego de un escritor entre todos los egos posibles?

Creo que los escritores contamos con un ego elefantiásico, por mucho que lo disimulemos. Cada una de nuestras obras no solo es un artefacto narrativo, si no un pedazo de nuestra alma expuesto a la luz, pues contiene nuestra manera de ver el mundo, nuestros gustos, nuestros anhelos, mucho de lo que somos… Cuando alguien critica negativamente nuestro trabajo no es como si criticara, por ejemplo, una vasija que hubiéramos hecho. Critica nuestra personalidad. Por eso algunas críticas nos parecen ataques personales. Pero por otro lado, un ego sobrealimentado me parece imprescindible para poder superar los muchos sinsabores de nuestro trabajo. Sin un ego a prueba de bombas muchos dejaríamos de escribir.

 

Usted se define como un escritor de mapa más que de brújula. ¿Puede despejar la ecuación?

Nunca he escrito nada que no hubiera planificado antes, con mayor o menor detalle. No concibo enfrentarme al papel en blanco sin una idea previa, simplemente a ver qué sale. No me parece un modo practico de trabajar. Y para mí, el mejor momento del proceso de escritura es el de la planificación de la historia, ese momento en que jugamos a ser Dios con nuestros personajes.

“Sin un ego a prueba de bombas muchos dejaríamos de escribir”

 

¿Qué siente cuando se le enciende la bombilla y da con una nueva idea para un nuevo proyecto?

Un agradecimiento absoluto a Dios Nuestro Señor si la idea es realmente buena y con posibilidades. Aunque eso rara vez ocurre. Generalmente tropezamos con ideas del montón, que tratamos de dotar de originalidad al desarrollarlas.

 

¿Es algo que le surge así, casi por ensalmo, o por el contrario requiere mucho trabajo concienzudo?

Las ideas generalmente te llegan sin avisar. Cualquier cosa puede provocarlas. En mi caso, suele ser por contagio con otras obras de ficción. Aunque también existen ejercicios muy eficaces para encontrar ideas. Practico muchos de ellos en los talleres literarios que imparto.

 

En El abrazo del monstruo reflexiona sobre todos esos demonios que nos persiguen de adultos remitiéndonos a nuestra infancia. ¿De qué forma exorcizarlos?

En la mayoría de los casos no podemos, porque todo lo que nos sucede en la infancia, ya sea malo o bueno, se graba a fuego en nuestra alma y condiciona nuestra personalidad. Es difícil luchar contra algo tan arraigado. Por eso coloqué a Diego, el protagonista de mi novela, en una situación extrema que de algún modo le provocara una catarsis, que le obligara a rebasar sus propias limitaciones.

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