Sólo le faltaba al PP que se le sublevaran los investigadores. Pues ya está. Un nutrido grupo de científicos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el principal organismo de investigación biomédica en España, ha lanzado un manifiesto en el que denuncian la precaria situación en la que se encuentran.

Bajo el título La ciencia se muere, trescientos científicos —una tercera parte del personal, entre investigadores de plantilla e interinos— critican «las dificultades que sufren para desarrollar sus proyectos de investigación» y lanzan una advertencia. «Si no se adoptan medidas urgentes nos será imposible seguir realizando nuestro trabajo de manera eficaz y a medio plazo esta parálisis repercutirá no sólo en el nivel científico de nuestro país sino en el tratamiento de enfermedades y la salud de la población española», aseguran.

Los firmantes han enviado también el comunicado al ministro Ramón Escolano, a Carmen Vela —responsable de la Secretaría de Estado de Investigación— y al director general del Instituto de Salud Carlos III. De hecho, una carta parecida fue ya enviada a Vela hace tres años sin que haya habido reacción alguna por su parte.

El número de contratos de trabajo anuales que cada organismo público de investigación puede realizar se limita por un cupo que fija el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas anualmente y este departamento remite el cupo «sistemáticamente tarde», con un retraso de entre 3 y 4 meses tras el inicio del año.

Esto retrasa las convocatorias de todos los contratos, aseguran los firmantes de esta carta, que detallan que tras recibir el cupo, la formalización de un contrato de trabajo lleva meses: en el ISCIII la media de tramitación de un contrato de este tipo es de 27 semanas.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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