Dos hermanos que no ven el momento de volver a pisar la calle

Según ha informado National Geographic, el número de niños infectados por COVID-19 en Estados Unidos supera la cantidad de habitantes de una población como la de Boston (694.583 habitantes).

La mayoría de los 697.000 casos confirmados o probables de COVID-19 en niños padecen, por lo general, una enfermedad leve. Entre el 16 y el 45% de los menores de 21 años podrían sufrirla de manera asintomática. Pero también existen casos en los que se produce un afección denominada Síndrome Inflamatorio Multisistémico Infantil o Pediátrico (SIMI, SIMP, o MIS-C).

Las investigaciones encuentran una enfermedad definible

Tras meses de urgente investigación sobre los diferentes síntomas encontrados, se define ahora una enfermedad: fiebre, dolor abdominal, diarrea y vómitos es el cuadro clínico. También se identifican síntomas como: dolor de cuello, erupción o cambios de color en la piel, ojos enrojecidos, cansancio pronunciado, dificultad para respirar, presión en el pecho, confusión, dificultad para despertar, labios o piel azulada.

El Síndrome es raro, se da en casos reducidos (1027 casos identificados en Estados Unidos y 20 muertes). Pero ya se conocen datos que ayudan a entender: la mayoría de los casos se dan en niños y adolescentes entre 1 y 14 años. La edad promedio es de 8 años, aunque se han producido casos en menores de un año y en mayores de 20. Más del 75% de los casos identificados se han dado en niños hispanos, latinos o negros. El 98% dio positivo a COVID-19. El 2% restante ha estado en estrecho contacto con personas infectadas.

La mayoría de los niños desarrollaron el Síndrome entre 2 y 4 semanas después de la infección por COVID-19. Poco más de la mitad son niños (varones).

El informe realizado por el CDC (Centro de Prevención y Control de Enfermedades) relativo a este síndrome en Estados Unidos ha sido revisado por última vez el pasado 16 de octubre. Puede consultar el informe completo pulsando aquí.

Diagnosis y tratamiento

Según la organización HealthyChildren hay algunas pruebas diferentes que los médicos pueden usar para ayudar a diagnosticar el MIS-C (El Síndrome Inflamatorio Multisistémico):

  • Análisis de sangre
  • Radiografia de pecho
  • Ecografía cardiaca (ecocardiograma)
  • Ecografía abdominal

Los niños con este Síndrome deben acudir al médico y ser atendidos por especialistas en el Hospital. En la mayoría de los casos conocidos, el 70% han requerido atención en Cuidados Intensivos (UCI). Y después de haberse recuperado, los pacientes con problemas cardiacos deberán esperar un periodo de tiempo prudencial hasta volver a realizar esfuerzos.

Una intervención rápida es fundamental en estos casos, puesto que el cuadro puede empeorar en pocas horas. «Ocurre tan deprisa y los niños están tan enfermos que el 70% necesitan ser ingresados en la UCI», ha afirmado Alvaro Moreira, médico de la Universidad de Texas, responsable de la elaboración de un análisis exhaustivo sobre los casos tratados por el Síndrome que puede consultarse aquí.

Un estudio de referencia que analiza todos los publicados hasta ahora

El estudio elaborado por el Doctor Moreira ha analizado todos los informes publicados desde que, en abril de 2020 se comenzaron a identificar los primeros casos. El documento analiza los casos detectados en todo el mundo y plantea cuestiones muy interesantes:

En el estudio se explica que «Uno de los hallazgos más preocupantes fue que los niños aún podrían desarrollar MIS-C a pesar de un curso asintomático de la enfermedad por coronavirus 2019». «MIS-C se manifiesta típicamente de 3 a 4 semanas después de la infección por SARS-CoV-2». «Un asunto adicional de inquietud fue que el 52.0% de los individuos ( n  = 290 de 558) que desarrollaron el síndrome inflamatorio no tenían ninguna condición médica subyacente.»

El síndrome afecta de manera especialmente dura a personas de raza negra e hispana, y a personas con obesidad.

«El predominio de las manifestaciones cardíacas en niños con síndrome inflamatorio multisistémico fue sorprendente. Muchos de los pacientes de esta revisión tenían un ecocardiograma inicial que era normal y unos días después mostraban fracción de eyección deprimida o dilatación / aneurisma de las arterias coronarias. Encontramos que la anomalía cardíaca más común, en el ecocardiograma, fue una fracción de eyección deprimida (45,0%)» señala el estudio. Y subraya que «En consecuencia, los niños que se someten a evaluación para MIS-C deben tener un ecocardiograma de referencia, un electrocardiograma y repetir las imágenes para seguir la función cardíaca y los cambios arteriales. Será importante un seguimiento estrecho ya que actualmente se desconocen las implicaciones a largo plazo de la afectación cardíaca MIS-C.«

En un primer momento se confundía este síndrome con el de Kawasaky o con el síndrome tóxico. Pero en el estudio se explica que «la tormenta inflamatoria observada en MIS-C es mucho más intensa».

El estudio concluye de este modo: «Revisamos y resumimos la presentación clínica de una nueva enfermedad infantil que probablemente esté relacionada con la infección por SARS-CoV-2. MIS-C es una infección sistémica peligrosa caracterizada por inflamación extrema, fiebre, síntomas abdominales, conjuntivitis y erupción cutánea. Los niños generalmente mostrarán signos / síntomas de MIS-C de tres a cuatro semanas después de la infección por COVID-19 y muchos progresarán rápidamente a shock e insuficiencia cardiorrespiratoria. Las familias deben buscar atención médica inmediata ya que los niños con esta afección se descompensan rápidamente y la mayoría de los niños necesitarán atención en una unidad de cuidados intensivos. En general, los niños sobrevivirán a esta afección hiperinflamatoria con la administración de IgIV, esteroides, un equipo multidisciplinario de proveedores de atención médica y, en algunos casos, agentes inmunomoduladores.»

Alarma por el desconocimiento a largo plazo de sus efectos

El síndrome normalmente se desarrolla varias semanas después de haberse dado síntomas de COVID19 en niños: tos, goteo nasal, por ejemplo. Pero es más preocupante el hecho de que el síndrome se desarrolla semanas después de haber sido contagiados los niños que, mayormente son asintomáticos. O sea, «Puede desarrollarse aunque los padres no sepan que su hijo tiene COVID-19», afirma Moreira. «Esa es la parte que da miedo», subraya.

Por el momento se van averiguando cuestiones relativas al síndrome, aunque todavía hay infinidad de cuestiones por averiguar. Sobre todo las consecuencias que pueden desarrollarse a largo plazo, algo que solamente se podrá saber a medida que vayan evolucionando los casos identificados.

De hecho, se ha descubierto que, incluso tras desaparecer de las vías respiratorias el COVID-19, puede estar multiplicándose en el aparato digestivo -sobre todo en los niños-. Es un descubrimiento importante porque puede explicar también la persistencia de síntomas en personas que padecen COVID-19 persistente.

«Sabemos que los pacientes con la enfermedad de Kawasaki pueden desarrollar aneurismas, trombosis o coágulos más adelante y corren un mayor riesgo de sufrir hipertensión y ataques al corazón a una edad más temprana» advierte el profesor Moreira.

Los adultos también pueden sufrir un Síndrome similar al MIS-C

Según acaban de informar desde el CDC, los adultos también pueden sufrir los peligrosos síntomas que se asemejan al síndrome desarrollado en niños con COVID19. Lo llaman Síndrome Inflamatorio Multisistémico en Adultos: MIS-C.

Según la información publicada, se han identificado ya tres muertes con estos síntomas que, de manera evidente afecta de manera desproporcionada a las razas hispanas y negra.

Los casos analizados describen cómo la mayoría tenía inflamación extrema en todo el cuerpo, mal funcionamiento de órganos como el corazón, hígado y riñones. Pero no en los pulmones. Sí tienen síntomas respiratorios mínimos: hipoxemia o anomalías radiográficas. Un tercio de los casos estudiados ha dado negativo a la prueba de COVID-19, pero sí han dado positivo a la muestra de anticuerpos. O sea, que el síndrome se desarrolla después de haber «superado» la infección, una reacción que se produce un tiempo después, cuando la PCR ya no muestra la presencia del virus. Por este motivo es fundamental realizar pruebas de anticuerpos que identifiquen la presencia de anticuerpos.

Relación con el COVID persistente y las disfunciones cognitivas

El fin de semana que se hacía público el positivo de Donald Trump al COVID-19, el CDC publicaba un importante informe que pasó casi desapercibido. Precisamente el informe señalaba que estaban detectándose casos en adultos similares al MIS-C.

Según los expertos Bahar y Arditi, el COVID-19 posee una característica única en comparación con los demás coronavirus. Concretamente, una parte de sus espículas es similar a las toxinas bacterianas conocidas como superantígenos, que son proteínas que generan una reacción excesiva por parte de los linfocitos T, un integrante fundamental en el sistema inmunitario. El estudio puede consultarse aquí.

En este sentido, hay estudios que apuntan a que esta reacción exagerada del sistema inmunitario provoca una inflamación excesiva y daña de forma permanente muchas partes del cuerpo.

Así es como podría explicarse la disfunción mental a largo y corto plazo que se ha encontrado en un tercio de los pacientes que ya han sido dados de alta al superar el COVID-19.

El virus podría permanecer en el tubo intestinal durante más tiempo, aunque haya desaparecido de las vías respiratorias. Así se explica en el estudio publicado en la revista médica GUT y que puede leerse aquí. En las heces analizadas se ha podido comprobar la presencia del virus después de que haya desaparecido de garganta o pulmones.

Aunque el síndrome sea raro, Joseph Abrams (epidemiólogo del CDC) dice que, como la pandemia es tan generalizada, podría afectar a muchos niños. Y añade que «la muerte de cualquier niño es una situación terrible y trágica».

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