No siempre el saber conlleva sabiduría, sino la mejor realización o dilección del saber (con un uso para ello hábil o correcto o sabio de la razón). Y todo es así; no siempre amar conlleva hacer un bien, pues puede ser amar al ego mismo desmesuramente, puede ser amar a la patria por encima de todo lo demás, sí, amarla demasiado hasta el punto de quedar “tal amor” atrapado en un bien dirigista y excluyente (no real o alejándose de la realidad) y, en eso, va consumiéndolo todo hacia él, solo hacia él, algo que siempre determinaría intolerancias de fondo hacia lo que no es él.

Digamos que hacer política es lo mismo, según si se sabe bien hacer una política o una palabrería tóxica o… una porquería sin remedio. Y hacer cultura es lo mismo, en base a qué cultura se intentaría instalar socialmente: si una clientelista o de valoraciones interesadas o, por el contrario, una que ya tiene a todos en cuenta o que no es excluyente (esto es, una muy en concreto que no tenga los criterios de valoración secuestrados por los privilegios de los mismos).

Porque, la buena inteligencia o el tener una persona unos buenos conocimientos, siempre depende de un inesquivable darse cuenta de ésa persona; y primero se tendría que dar cuenta, ante todo, de “lo que es real y no es real”, “lo que es viable y no es viable”, “lo que es bla-bla inútil que no dice nada y lo que ya dice algo racionalmente”, “lo que ya ha determinado un mal resultado y lo que aún no”, “lo que veta injustamente en sociedad y lo que no”. En tanto que, un real darse cuenta, consigue en ésa persona el ir perdiéndose o superándose la ceguedad irracional.

Claro, buena inteligencia (en cualquier contexto físico o circunstancial) es darse cuenta alguien en dónde está el verdadero engaño o la verdadera explotación-indignidad o la verdadera involución social incluso. Al lado, en la ética, sería un distinguir muy bien al bien del mal, un discernirlo (con total claridad o con una capacitación no ignorante), porque se pueda aplicar con eso de una vez. Y de ahí (y no de otra cosa) se iría ya generando, paso a paso o tras el transcurrir del tiempo, la conciencia; gracias a que se da cuenta cada uno, y en el uso de sus propios recursos, de lo que supone racionalmente todo. Bueno, sí, pero a sabiendas o en la imprescincible consideración de que es solo a través de la razón, en un necesario nunca alejarse de ella, lo que permite  o posibilita cualquier conciencia (o un saber “lo que se hace”).  No obstante, sin duda, es importantísimo el considerar que, si el decir o el hacer de una persona va beneficiando a sinrazones, pues ya nunca así conseguirá un ser menos ignorante o un ir consiguiendo conciencia.

Por eso, cada persona debe ir cuidando lo que dice y lo que hace, pero en la única función de nunca beneficiar ni directa ni indirectamente a alguna sinrazón o ni siquiera a algún mecanismo social de sinrazones, con su buen decidir qué es lo que debe decir y qué es lo que debe hacer en cada momento social y ante cualquier situación por muy complicada que tenga que afrontar.

Al hilo de todo esto, la ignorancia se contrapone a la misma realidad tal como es y, en suma,  es todo eso que te aleja de la verdad, y así te hace ignorante :

–no conocer algo,

–no quererlo conocer,

–conocerlo mal, o en desinformación,

–servirte del prejuicio,

–buenizar la sinrazón,

–justificar la telebasura, la demagogia o la retórica,

–excusar el no ayudar a quien da la razón,

–no saber valorar,

–no reconocer que valoras mal,

–inventarte destructivos caminos de malos ejemplos que se hacen pasar por buenos,

–ningunear a algo esencial,

–hacerte seguidor del que no aporta nada de luz ni de razón,

–alinearte a ciegas sin que tus criterios tengan ya validez no arbitraria,

–ser un ciudadano ayudador de lo mismo (de lo aparentemente racional, de los gustos o de todo lo que es subjetividad en sus caprichos-altibajos),

–respetar a algún mal,

–confundir irracionalmente lo que es el respeto,

–seguir protegiendo a conceptos confusos (porque en error se difundan en la sociedad) que no han superado aún todas sus dudas o contradicciones racionales,

–llenar tus informaciones de vanidades-sublimaciones (mucho bla-bla aparentemente racional),

–darle protección a alguna confusión,

–beneficiar a alguna sinrazón (tanto consciente como inconscientemente),

–proteger a la telebasura siendo tú un televidente de la inmoral telebasura,

–hacer pasar lo inmoral (en miles de actos cotidianos o mal enseñados) por lo moral,

–rechazar a lo sabio o al que es sabio (porque solo lo demuestra limpia o racionalmente),

–ningunear los derechos humanos de algún ser humano (aunque sea uno),

–quitarles los espacios sociales que corresponden al que da la razón objetivada-irrebatibilizada, y siempre por puro ego, corrupción o pillismo,

–darle alas a la objetiva inmoralidad (o sea, que lo netamente inmoral gana en ti),

–escuchar demasiado a los portavoces de la sinrazón y darles aplausos,

–leer a periódicos que vetan y escuchar a programas de radiotelevisión que vetan,

–continuar apoyando en terquedad imparable a criterios que son subjetivos o arbitrarios,

–callar o silenciar lo que es relevante para la sociedad (los desarrolladores de razón, la tolerancia a la crítica, la tolerancia a un advertir el error, etc),

— y no cumplir con tus deberes éticos aunque parezca que sí.

Téngase en cuenta que el ignorante tiene la incapacidad total para comprender la realidad, para ser equilibradamente RESPONSABLE y para llegar a alguna conciencia.

El ignorante es un ciudadano que objetivamente impide el Bien y, por eso, destruye y es una sucia vergüenza para el mundo o incluso para una digna aprobación de un encaminarse todo hacia mejor.

El ignorante va generando ignorancia y va potenciando el no darle siquiera alguna ayuda a algún bien en el mundo. Eso es.

Pero, ahora, ahora durante la pandemia, todos los miedos-imprudencias están activos y asimismo lo están todos sus aprovechados, que no son pocos; sí, ante esto, el remedio solo ha de ser… razón y más razón, sin parar, y ayudar a los que la generan. Otra cosa es producir ignorancia, otra cosa es dar estúpidas vueltas, una y otra vez en todo, con estafadoras retóricas. Solo se debe ayudar: ¡a los que generan razón!, porque será lo único que no producirá ignorancia y sus consecuencias. ¡Exacto!

La ignorancia, eso, es solo el no saber qué es lo que esencialmente nunca debe ser ignorado (tapado-desprotegido) para la existencia de algo; porque es su base. La ignorancia sobre una realidad en concreto es el “no contar” tú con algo esencial para un valorar ésa realidad o para que tal sea valorada bien por ti; porque prescindes de lo esencial. Claro; porque, sin una base firme, ¡nada existe! Esto es pura objetividad. Cualquier cosa (por insignificante que parezca) tiene su base firme (que nunca depende de decisiones o de arbitrios o de vetos) por la cual existe y sigue hacia delante. Así es.

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Escritor español de larguísima trayectoria nacido en Cuevas de San Marcos, Provincia de Málaga, que ha publicado miles de obras en 50 años (literarias, de conocimiento,etc), y ha obtenido premios y reconocimientos por su participación en concursos, periódicos, revistas, recitales, programas de radio, acciones humanitarias y eventos literarios en todo el Mundo.

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