El tema del PIN parental de Vox tiene poco recorrido. Y es que si se quiere implantar, la condición previa e indispensable es la desaparición de la Escuela Concertada; la nacionalización y estatalización de toda la red de centros docentes concertados. Veamos. Es muy sencillo. Los defensores del PIN parental argumentan con el punto 3 del artículo 27 de la Constitución: “ Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Pero precisamente este punto, como recordaba Ramón Tamames, fue fruto de las presiones de la Derecha y de la Iglesia españolas para blindar sus centros escolares y garantizarse el sostenimiento con fondos públicos de los mismos. Se basaban en el “ideario” del centro querido supuestamente por los padres. Pues bien, si los padres en teoría pueden ejercer a través del PIN parental “ la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, ¿qué sentido tiene la llamada Escuela Concertada, el sostenimiento con fondos públicos de estos centros? Ninguno. Así de claro. Así que si quieren PIN parental, previamente está la nacionalización y estatalización de los centros concertados. ¿Lo admitirían los defensores del PIN parental? Hagan sus apuestas. La mía por supuesto es que no, y que pondrían el grito en el cielo y recularían rápidamente.

Dicho esto, estatalizada la Escuela Concertada, ningún PIN parental puede ir en contra de los valores constitucionales, los derechos humanos o la igualdad de los españoles tal y como se recogen en el artículo 14 de la Constitución de 1978. Ningún padre puede vetar ninguna enseñanza que favorezca el respeto a la diversidad, incluida la orientación sexual, o la la lucha contra las adicciones, el peligro de las redes sociales, la lucha contra la violencia de género, etc, etc. Con lo cual, como charlas contra o a favor de la tauromaquia, por poner un ejemplo, no he visto ninguna, el dichoso PIN parental quedaría vacío de contenidos. Y es que en mis 24 años como docente no he visto ninguna actividad extraescolar que no vaya dirigida al respeto a los derechos humanos o a la igualdad en el respeto en la diversidad consagrada en el artículo 14 de nuestra Constitución.

Los hijos son de los padres. Pero como dice Carlos Fernández Liria, ningún hijo tiene por qué cargar con las taras, prejuicios o ignorancia de sus padres. Y es precisamente la Escuela Pública la que garantiza plenamente esto. ¿Es de recibo que un padre vegano o Testigo de Jehová, por poner dos ejemplos, condicione la educación que reciben sus hijos? ¿O un fascista y otro comunista? Es precisamente la Escuela Pública la que evita esto. Sólo en la Escuela Pública te puedes encontrar profesores fachas o rojos, ateos o creyentes, homosexuales y heteros, amantes de la caza o animalistas. Uno te dará una clase una hora y el otro a la siguiente. Todos tienen en común la competencia en su materia demostrada en unas oposiciones ante un tribunal público, con las puertas abiertas a la ciudadanía, y que en su clase explican Historia, Matemáticas o Tecnología, según un programa dictaminado por las autoridades. Sólo en la Escuela Pública te puedes encontrar alumnos y alumnas diversos, de todo tipo, sin que ninguno haya sido discriminado por el dinero o la falta de él, o la ideología y creencias de sus padres. Y en esa diversidad está la riqueza la convivencia en un Estado plural y democrático.

Dicho esto, tal vez deberíamos centrarnos en lo importante. En el fracaso escolar, en los brutales recortes que han condicionado y condicionan la enseñanza en este país, en como estamos a la cola de Europa en inversión en Educación en relación al PIB, y aún así estamos a nivel de Francia en PISA, en si alcanzamos o no y en cuanto tiempo la media de la UE en inversión, un 5 %, o incluso aspiramos al 7 % de Finlandia, y en tantas y tantas cosas. Porque si queremos que España funcione, nuestra Educación debe funcionar.

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