Cuando hay una emergencia, ya sea medioambiental o sanitaria, un gobierno tiene que actuar con rapidez y determinación en muchos frentes. Y uno de ellos, es la lucha contra los buitres que pretenden aprovecharse de las desgracias ajenas, ya sean estas colectivas de la sociedad o individuales de las familias y los ciudadanos.

Un gobierno, tiene que desalentar y castigar el vicio de la codicia. Un gobierno, debe dejar claro que la miseria humana no se va a recompensar dejando que se aprovechen unos cuantos, especulando o cobrando precios desorbitados a quienes pretenden cubrir necesidades básicas de sus familias.

Al castigar estos comportamientos, la sociedad está lanzando un mensaje claro y muy contundente: todos juntos por el bien común. Todos juntos sacrificándonos por el interés general. Todos juntos construyendo una sociedad justa.

Afortunadamente en España, nuestro gobierno está actuando y defendiendo el interés general. El gobierno no ha mirado hacia otro lado y eso es bueno para todos los españoles y especialmente para los más vulnerables. Pero, también lo será para acabar cuanto antes con esta pesadilla y volver a la normalidad social, económica y política en nuestro país.

Si a cualquier persona se le pregunta si está mal o bien que haya gente que quiera aprovecharse de las desgracias ajenas, la mayoría afirmará con rotundidad que está mal y lanzará algún reproche moral frente a estas conductas.

Desgraciadamente una cosa es la teoría y otra la práctica, como de nuevo se puede observar con la pandemia que estamos viviendo, aislados en nuestras casas contra el coronavirus, y con la llegada de los buitres que se quieren aprovechar de la desgracia que sufrimos millones de personas.

Estos buitres, tienen pelajes muy distintos. Los hay en forma de buitre de cuello blanco que, aprovechando la pandemia, especulan en las bolsas apostando a que todo va a ir peor, para sacar, en pocos días, beneficios estratosféricos que pueden complicar aún más la situación de compañías que pueden, al final, verse abocadas al cierre, a despedir a miles de trabajadores, o a mal venderse.

Este tipo de buitres, no solo no esconden sus actuaciones, sino que tienen poder e intentan actuar a sus anchas, proclamando a los cuatro vientos lo bueno que es el libre mercado del que se aprovechan. E incluso, compran a unos cuantos voceros con puestos universitarios, de investigador o experto para ratificar sus desmanes.

Ante este tipo de conductas, los gobiernos deben actuar sin complejos e ir a por ellos. Los gobiernos no pueden mirar hacia otro lado y deben intervenir con rapidez y contundencia para que dejen de actuar.

En este sentido, hay que felicitarse porque en España, la CNMV ha prohibido las operaciones a corto durante un mes para evitar una especulación que, con esta pandemia, estaba provocando bajadas continuas de la cotización de las acciones de las empresas más importantes. Algo preocupante en el presente. Pero muy alarmante para la economía española y los trabajadores en los próximos meses. ¿Será suficiente? Si no lo es, entonces sería bueno dar un descanso a las bolsas durante un tiempo.

Hay que felicitarse también, de la modificación que ha realizado el gobierno para que capital extranjero no pueda hacerse en estos momentos con empresas estratégicas, aprovechando las bajadas tan grandes de sus acciones en bolsa.

Junto a los grandes buitres hay otros más pequeños, pero igual de dañinos. Son los Rinconete y Cortadillo, que revenden un gel desinfectante de un conocido supermercado que cuesta normalmente 50 céntimos en la tienda, por cerca de 39,99 libras. O suben el precio de las mascarillas hasta un 10.000 por cien. O incrementan los precios de manera abusiva ante las nuevas necesidades.

Frente a estos buitres, el gobierno también ha establecido medias de seguimiento de los precios y de incautación de productos que puedan ser necesarios para combatir la pandemia. Pero junto al gobierno, las demás instituciones y las plataformas digitales que permiten estos desmanes tienen que actuar, para que los ciudadanos no sufran estas extorsiones. Si, extorsiones encubiertas de una supuesta libertad de compra que no existe.

Estamos viviendo momentos difíciles, donde siempre aparecen las miserias humanas. Pero también, y eso es lo más importante, aparece la otra cara de lo que somos. Seres humanos dispuestos a cuidar unos de otros. Dispuestos a cuidar de los más cercanos, pero también de los que están a nuestro alrededor.

¿Por qué lo hacemos? Porque podemos. Pero, sobre todo, porque queremos y estamos predispuestos a cuidarnos y cuidar de los demás. Ese querer individual, estos días, esta forjando nuevos lazos de ciudadanía, que se ven reflejados en todas las personas que están en primera línea combatiendo el coronavirus, y en todas aquellas que estando en casa, a las ocho de la tarde, abren sus ventanas y aplauden a estos nuevos héroes, que son ciudadanos. Nuestros ciudadanos.

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