Hernández y Fernández son los dos agentes de la policía secreta idénticos en aspecto y vestimenta cuya única diferencia es la forma del bigote, creados por el dibujante belga Hergé en su serie de cómics Las aventuras de Tintín. Se trata de dos personajes bastante distraídos y poco lúcidos que resultan incompetentes para las misiones que se les asignan.

Por esa razón, es evidente el parecido y similitud de los Hernández y Fernández de ficción creados por Hergé con la actuación de los españoles Llarena y Marchena durante la instrucción de la causa del Procés.

A Pablo Llarena se le olvidó incoar la causa del Procés, y a Manuel Marchena se le ocurrió confirmar el auto de conclusión del sumario a través de la Sala de admisión que, sin embargo, no puede llevar a cabo ningún trámite propio de la instrucción.

A la información a la que ha tenido acceso Diario 16, acerca de que a Pablo Llarena se le olvidó acordar el Auto de incoación de sumario en la causa del Procés, se le une ahora el no menos sorprendente descubrimiento de que el Auto de confirmación del sumario tenía que haberlo acordado la Sala de recursos al tratarse de un acto propio de la instrucción, y no la Sala de admisión liderada por Manuel Marchena que es sin embargo la que tiene que juzgar.

El Auto que confirmó el Auto de conclusión del sumario del juez Llarena fue dictado por la Sala de admisión de la querella del Procés, que a su vez fue la misma Sala que dictó la resolución que daba inicio a la instrucción de las actuaciones porque al juez instructor se le olvidó dictar el Auto de incoación del sumario.

De lo que resulta que la Sala de admisión del Tribunal Supremo estaba confirmando la instrucción que había sido ordenada por ella misma, lo que a todas luces resulta contrario a las prevenciones que sobre la imparcialidad de la jurisdicción han establecido con reiteración el Tribunal Constitucional español y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), lo que nos debe llevar ahora a la conclusión de la absoluta nulidad de la instrucción de la causa del Procés.

Los Llarena y Marchenaespañoles se han convertido así en los personajes reales de nuestra justicia que han conseguido que la causa del Procés sea lo más parecido a un cómic, y que la independencia de la justicia española en el resto de Europa sea considerada como una ficción.

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