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Llaman por teléfono, otra vez

Domingo Sanz
Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y tres nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015.
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Son las cuatro menos cuarto de la tarde, usted ha terminado de tomar su café de cada sobremesa, en su casa y delante de la tele, y en este momento está enjuagando la taza, el plato y la cuchara en la cocina. Desde allí, y a pesar del ruido del grifo abierto y la vajilla chocando, puede distinguir perfectamente que, en el salón, la voz inconfundible del teniente Colombo le dice a alguien eso de “casi se me olvida, tengo una pregunta más”, con lo que usted se lo imagina con la gabardina, terminando uno de sus interrogatorios envolventes, fuera de la comisaria, mientras se dirige hacia la puerta para salir, casi.

No obstante, usted comienza a preocuparse porque hace más de cinco minutos que su hija tendría que haber llamado para confirmarle si necesita, o no, que vaya usted a buscar a la hija de ella, es decir, a su nieta de usted, a la salida del colegio, pues estaba pendiente de que le confirmaran una reunión de trabajo y, en ese caso, ella no podría ir. Como en otras ocasiones.

Por fin suena el teléfono, fijo, que está junto a la pantalla donde Colombo sigue a lo suyo y usted deja lo que está haciendo en la cocina y se dirige al salón, con tan mala suerte que pisa el cable de la aspiradora con el pie derecho y, tras tropezar con el izquierdo, cae usted al suelo, golpeándose el hombro con la mesita donde está el teléfono, que sigue sonando.

Desde el suelo y con un dolor muy fuerte, pero consciente, se arrastra medio metro hacia el teléfono. Por fin, consigue descolgarlo, aunque sigue sin incorporarse.

¿Dígame?

Buenas tardes, ¿es usted Ana García*?

Si.

Le llamo de parte de don Pablo Casado, candidato del Partido Popular a las elecciones generales del próximo 10 de noviembre. ¿Irá usted a votar?

(En ese mismo instante usted recuerda que el Partido Popular ha sido calificado en varios autos judiciales como organización criminal por haberse apropiado de mucho dinero de todos los españoles desde las instituciones públicas que ha controlado durante décadas. También recuerda usted que ese dinero robado lo han utilizado, en gran parte, para financiar ilegalmente sus campañas electorales. Y, de repente, llega a la conclusión de que la llamada que le ha hecho tropezar podría estar pagada con ese dinero sucio que los de Casado nunca tendrán que devolver, bien porque sus delitos habrán prescrito o porque habrán movido sus contactos en las cloacas del Estado para eliminar pruebas. Y le vienen a la cabeza, sin poder evitarlo, Bárcenas, González, Granados, y muchos más).

Usted sigue en el suelo, desde donde escucha tres sonidos al mismo tiempo: la voz de Colombo indicando a sus ayudantes que se lleven al sospechoso, el agua que sigue saliendo del grifo de la cocina que, con las prisas y el tropezón, se ha dejado abierto y, por último, como desde lejos, su propio nombre “señora García”, que procede del auricular del teléfono que usted, agotada y decepcionada, ha apartado del oído y que, una y otra vez, repite la persona a la que Pablo Casado ha ordenado contratar para que la moleste a usted, sin que usted, personalmente, le haya autorizado.

Mientras tanto, su hija, desde la oficina, en el otro extremo de la ciudad, marca una y otra vez su número de teléfono para decirle que se ha confirmado la reunión y que debe ir usted a buscar a su nieta, a las cinco de la tarde. Pero su teléfono responde siempre con la señal de ocupado.

A los vecinos de Palma que están recibiendo llamadas telefónicas desde el Partido Popular les ofrecen información sobre las soluciones de Pablo Casado para los problemas que tiene la «provincia» de Mallorca.

*Aunque usted no se llame Ana García, es probable que reciba una llamada en nombre de Pablo Casado. Quizás le conviene bajar a tomar el café de la sobremesa al bar de la esquina, al menos hasta el 10 de noviembre.

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