Desvelada la primera mentira sobre la política lingüística en Cataluña, hoy vamos a ocuparnos de una nueva, que se asienta sobre esa primera patraña en la que se afirma, sin sonrojarse, que “el catalán es la lengua propia de Cataluña”. En efecto, de este primer embuste, la casta política catalana ha sacado la conclusión de que había que proceder a la “normalización” del uso del catalán en todos los ámbitos (social, económico, educativo, cultural, etc.). De aquellos polvos (“la lengua propia de Cataluña es el catalán”), los lodos de la “normalización lingüística”. Ahora bien, ¿qué se entiende o habría que entender por normalización y por normalización lingüística?

Normal. Anormal. Normalización

 El contenido semántico de estas tres unidades léxicas está interrelacionado y el significado de una está delimitado por el significado de las otras. Por eso, explicitar este contenido, consultando ese templo del saber semántico que es el diccionario de la RAE, parece necesario para huir de las memeces, proferidas por la casta política y ciertos lingüistas de servicio y en nómina.

Por definición, toda unidad lingüística está cargada de significados diferentes. Así, “normal” es aquello que se encuentra en su medio natural; o aquello que es regular y ordinario y que se toma como norma o regla; o aquello que no es raro o que no tiene deficiencias. “Anormal” significaría todo lo contrario: lo que se halla fuera de su estado natural; lo infrecuente, estadísticamente hablando;  lo que es raro o tiene deficiencias. En fin,“normalización” sería la acción y el efecto de “normalizar”: regularizar o poner en orden lo que no está, hacer que algo se estabilice en la normalidad, tipificar (ajustar a un tipo o norma), acabar con lo anormal. Ahora bien, determinar qué es “normal” o “anormal” y precisar los límites y el significado de “normalizar” y de “normalización” implica siempre un cierto grado o dosis de subjetivismo.

Normalización lingüística

En teoría, el significado de esta expresión se desprende o se infiere de las definiciones precedentes y está muy claro. En efecto, esta expresión, aplicada a la lengua catalana, denota que el uso del catalán es considerado anormal, antinatural, raro, deficiente, ilógico; y por lo tanto, se debe hacer lo necesario para que se transforme en normal. Ahora bien, como lo acabamos de precisar, la normalización lingüística es también un concepto relativo. No es fácil ni evidente determinar cuándo se ha llegado a una situación de normalidad o cuándo se ha conseguido la normalización del uso de la lengua catalana. No hay consenso ni sobre esto ni sobre los medios que hay que utilizar para conseguirlo.

Para unos, los partidarios delbilingüismo equilibrado”, con la normalización lingüística aplicada en Cataluña, se ha llegado ya demasiado lejos: se ha practicado una radical discriminación positiva del catalán; y esto ha provocado choques de convivencia con el español, eliminándolo como lengua vehicular de la enseñanza y como lengua de comunicación en todas las situaciones formales e institucionales (Parlamento, medios de comunicación catalanes, instituciones públicas, etc.), poniendo en entredicho tanto el uso social del español como su aprendizaje y su dominio funcional por parte de los ciudadanos de Cataluña. Sin embargo,  para otros, los partidarios de la normalización radical —y a pesar de todo lo hecho durante los últimos 40 años y del estatus actual del catalán en todos los ámbitos formales de la sociedad catalana— el catalán sigue estando en peligro de desaparición ante el vigor de esa lengua de gran difusión mundial que es el español.

Ante estos balances totalmente opuestos, ¿qué dice la lingüística o un análisis objetivo, racional y desapasionado de la mal llamada “normalización lingüística” de la lengua catalana? Como ya hemos analizado y argumentado, el lenguaje y la lengua son atributos de los ciudadanos y nunca de un territorio. Por lo  tanto, en ausencia de coacciones, lo normal es que, en un mismo territorio, convivan ciudadanos con lenguas propias diferentes. Ahora bien, cuando se llevan a cabo políticas lingüísticas totalitarias y autoritarias, como las de la Generalidad de Cataluña, se imponen, manu militari, las siguientes falsas ecuaciones: una lengua = una nación; una nación = un territorio; un territorio = una lengua. Y, como correlato, se considera anormal que en Cataluña convivan “varias lenguas propias”. Para los nacionalistas-independentistas, esto es una situación de anormalidad que debe ser normalizada, imponiendo el catalán a todos los ciudadanos de Cataluña, con independencia de su voluntad y aunque esto implique pisotear uno de los derechos fundamentales de la persona: los derechos lingüísticos, que implican el derecho a decir lo que se quiera en la lengua que cada uno elija en cada momento y el derecho a elegir la lengua vehicular en la educación de sus hijos.

Normalización y libertad

Desde la Revolución francesa (1789), se ha impuesto en Francia, y por este orden,  la trilogía “liberté, égalité, fraternité”. En un país libre y sin fronteras, como España, los ciudadanos son libres de instalarse donde les apetezca y deberían poder hacerlo;  y son también libres para aprender y utilizar la o las lengua(s) que prefieran y deberían poder ejercer este derecho. Si esto sucediese, las lenguas que ofrecieran mayores ventajas y perspectivas a los ciudadanos lograrían mayor difusión y se impondrían por sí solas. Así, como lo afirma Jesús Mosterín, “la evolución lingüística y la frecuencia de uso [del catalán o del español] será la resultante de muchas decisiones individuales libres y no de una imposición política. Sólo cuando esto se haya conseguido, podremos hablar de normalización lingüística [de Cataluña y de España]”.

Coda: « Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire » (Ch. Nodier).

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16 Comentarios

  1. El objetivo de la normalización es que una parte de la población, la de lengua materna castellana, también aprenda el catalán. Porque sin normalización, no la aprenderían nunca. Por supuesto, esto también vale para los que tienen como lengua materna el urdu o el tamazigh, por poner dos casos corrientes en Cataluña. ¿O si se les impone el catalán a los que no tienen como lengua materna el castellano no se les considera perseguidos? Todos los catalanoparlantes (es decir, de lengua materna catalana) también hablan el castellano. Y si tan terrible fuera la imposición, teniendo en cuenta que la Ley de Normalización Lingüística es de principios de los años 80, en estos momentos el castellano sería una lengua residual en Cataluña. Esto no es así, sino todo lo contrario. De manera que alguna cosa falla en la hipótesis, que no teoría. Sí: la confrontación con la realidad, que es un paso obligado para cualquier investigador.

    • Estimado “castrato” (por lo de ausencia de apellidos) Luis K.:

      • Su “feedback” está preñado de pontificaciones falsas o de afirmaciones gratuitas. Así, por ejemplo,

      1. Es falso, como afirma Ud., que “El objetivo de la normalización es que una parte de la población, la de lengua materna castellana, también aprenda el catalán”.

      2. Es falso que “sin normalización, no la aprenderían nunca” (el catalán).

      3.…

      • Para no avanzarle a Ud. informaciones, razonamientos, ideas,… que expondré en mis próximas entregas de esta “LINGÜÍSTICA PARA NACIONALISTAS”, donde hablaré de la “PRE-NOMALIZACIÓN”, de la “NORMALIZACIÓN FLEXIBLE, RACIONAL Y RAZONADA” y, finalmente de la “NORMALIZACIÓN RADICAL”, le ruego a Ud. que tenga la paciencia de esperar unos días para tener cumplida respuesta a sus gratuitas e irreflexivas afirmaciones.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      7 de junio de 2020

  2. Estimado anónimo (sin nombre), descarado (sin cara) y desalmado (sin alma, que se manifiesta a través del rostro), que de hace llamar “simiente”:

    • Gracias por la referencia de Michel Foucault relativa la noción de “normalización”, que ya conocía.

    • En el link que Ud. me ha hecho llegar
    (https://es.wikipedia.org/wiki/Normalizaci%C3%B3n_(sociolog%C3%ADa), hay una frase que profundiza, completa y explicita aún más la noción de “normalización”, que yo presenté en mi texto. Es la siguiente: “la normalización implica la construcción de una NORMA IDEALIZADA DE CONDUCTA, reforzada a través de RECOMPENSAS hacia quienes se aproximan a esa norma o CASTIGOS para aquellos individuos que se desvían de este ideal”.

    • La “norma idealizada” es la rueda de molino con la que hay que comulgar bajo la amenaza de “CASTIGOS” o la zanahoria de las RECOMPENSAS. Esta es la triste realidad de la “normalización lingüística en Cataluña”: ausencia de libertad y castigos para aquellas ovejas negras que no quieren ser “moutons de Panurge”.

    Un cordial saludo.

    Manuel I. Cabezas
    7 de junio de 2020

    • Estimado nominal (sólo de nombre), con cara (con perdón, ¿o es doblemente descarado? ) y “almado” (con alma, a pesar de que la cara no es, ni mucho menos, la única ni la más fidedigna manifestación del alma. Hay escritos que hablan más y mejor, v.gr.).

      No hay de qué. No he puesto en duda sus conocimientos. ¿Qué ajo le ha picado? Mi aporte sólo era “ a más a más” de su excelsa exposición: que en un artículo cuyo fundamento se basa en el concepto de normalización, no haga referencia a su acepción o sentido más … ¿adecuado? al tema que trata, es decir, más sociopolítico (el sentido más propio y que mejor se adapta al caso en cuestión), me parecía un … ¿olvido? fácilmente subsanable. Pero no por ud. que, con sus amplios conocimientos, no lo precisa, sino por el bien de sus lectores y por situar el tema en su justo y propio marco.

      Sobre la frase que mejor define al concepto, es cuestión de interpretación. No entro. Lo que a mi me importa es la clarificación y la comprensión de los lectores.Y las dos suman.

      Por lo demás, apoyo sus reflexiones, más cuando los poderes lo ocultan, engañan …, a los que pueden: los débiles. Pero ¡ojo!, ni mucho menos estoy en contra del catalán o de que cada cual se exprese como quiera. Estoy en contra de que se imponga y, además, a un coste tan alto sobre tantas personas y durante tanto tiempo. Máxime cuando hay muchas maneras de incentivarlo sin necesidad de atropellar a nadie. La casta catalana ha convertido al idioma catalán en un arma para tener rebaño y, a la vez, negocio propio: difícil que lo … Es contra ésta utilización …

      En su apoyo vaya el siguiente caso real, por tanto, ya no elucubraciones teóricas, es decir, UNO de los múltiples y graves EFECTOS REALES de dicha normalización sobre miles de personas: A finales (creo recordar) del milenio pasado (el paro estaba en altos porcentajes), el Ayuntamiento de Terrassa convocó unas pruebas para no sé cuantos peones-jardineros (o similar. Como se deduce, ya no me acurdo bien). Se presentaron cientos de personas de todas las edades y condiciones laborales, familiares, etc. Debido a la ley, la prueba sobre el idioma es selectiva, no se puntúa y computa de media como el resto de pruebas, no, el catalán lo pasas y continúas el resto de prueba o vas directamente a la calle. El catalán sobrepondera incluso sobre la materia que se vaya a desempeñar, en el caso, respecto a jardinería: el catalán importa más que el trabajo a realizar, y eso aunque en él no se precise del habla.

      Para no extenderme: se cargaron a todos los mayores, padres con responsabilidades familiares y que, seguramente, eran competentes en la materia (pero que no habían sido sometidos a la escola catalana) y, sin embargo, se quedaron con jóvenes recién salidos del horno de la “normalización académica”. ¿A quién sirve la Administración?

      ¿Cuantos miles de personas han sido discriminados en pruebas semejantes en un aspecto tan esencial? Si sumamos las miles de pruebas de todas las administraciones catalanas durante todos estos 30 años multiplicado por el número de personas afectadas …, pues da una cierta idea de los miles (¿millones?) de personas discriminadas negativamente. Claro que se han aprovechado de que son personas indefensas, con una realidad social que los… No como “otros”.

      Si extendemos esos impactos sobre los castellanohablantes a todos los demás ámbitos, p. ej. la enseñanza, el aprendizaje, podremos hacernos una idea del desastre para las víctimas. Y lo tiene bajo la alfombra y con discursos adocenadores. Es una demostración flagrante de la masacre e injusticia que perpetran los poderes y de la necesidad de que la gente esté organizada.

      Otro efecto de ello es comprobar la casta que se ha adueñado de las administraciones catalanas: los apellidos más abundantes en Cataluña están desapoderadas, desahuciadas,

      A la, para mí, grave injusticia (económicas, educativas, comunicacionales, …: marginación) sobre miles de personas que han perpetrado los políticos, hay que señalar que no sólo los catalanes, que por supuesto, sino especialmente el PPSOE que lo han hecho posible … y por un plato de lentejas que, al final, se les ha indigestado, pero que ha anulado al 15M, todos los robos cometidos y a la gente común.

      Hechos.

      Saludos cordiales.

      • Estimado anónimo (sin nombre), descarado (sin cara) y desalmado (sin alma, que se visualiza en el rostro), que se hace llamar “simiente” (sic):

        • Con este encabezamiento (“anónimo”, “descarado” y “desalmado”) suelo empezar mi respuestas a aquellos que utilizan un seudónimo o un nombre “castrato”. Y suelo decirles que, en los tiempos que corren y al menos por el momento, ni ellos ni yo vivimos en una sociedad que nos impida expresar libremente y sin riesgos físicos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que vivimos, lo que… Podemos verbalizar lo que queramos, sin que peligre nuestra integridad física ante la fuerza testicular de nadie. Por eso, creo que no es de recibo tirar la piedra lingüística y esconder el nombre, parapetándose tras el burladero gallináceo del anonimato o del seudónimo.

        • Por otro lado, les suelo precisar que el dar filiación a nuestro verbo y el dar siempre la cara son un buen antídoto, cuando uno se pone ante la pantalla del ordenador, para controlarse, para no convertirse en un “trol” y para no pasarse ni en lo que se dice ni en cómo se dice. En efecto, al dar la cara y si tenemos un átomo de autoestima y amor propio, nos vemos obligados a rumiar y mimar tanto lo uno como lo otro, para no ensuciar las redes sociales con nuestra huella digital. Espero y deseo que Ud. comprenda mi higiénica intención y posición.

        • Precisado esto, celebro que Ud. y yo tengamos vivencias y puntos de vista convergentes en relación con la noción de “normalización lingüística”. Las dos próximas semanas volveré sobre este tema para analizarlo más en detalle.

        Un cordial saludo y gracias por compartir conmigoy los lecyores su “vécu”.

        Manuel I. Cabezas
        8 de junio de 2020

        • ¿Cuál era el tema? Paso de ponerme a elucubrar sobre el uso del seudónimo, menos a opinar sobre sus opiniones al respecto. Sólo apuntarle, por si le alumbra algo, que las razones que aduce están, son limitadas, no son las únicas para su uso. Ese razonamiento del antídoto, trolls y demás que apunta, quizás puedan serle de utilidad a Ud., como es patente, no es mi caso, ¿entonces por, para qué los saca a colación? Por otra parte, ¿su nombre es el verdadero? Creo que eso que llama su “higiénica intención” se lo tendría que mirar. ¿O le parece normal que de un texto sobre la normalización dedique sus largos comentarios, el grueso del mismo, a opinar cómo han de presentarse los demás? Claro que si le parece normal, pudiera ser porque vuelve a olvidar el significado que le otorga el autor francés. Por otra parte, utilizo mi libertad como me parece apropiado, haga ud. lo mismo pero sin restringir ni dirigir la libertad de los demás por mucho que le de vueltas a sus motivos: sus argumentos ni son exhaustivos ni me son válidos. No normalice. En todo caso, y más allá de su artículo y de sus razonamientos, ese tufillo que me rezuma pedantería y dirigismo, ni me gusta ni lo apruebo. Y como yo no vengo a derivas ad hominem, sino a análisis y argumentos textuales, aquí mi despido. Me alegro que, por lo menos, le haya servido para recuper a Faucoult.

          Saludos cordiales.

          PD: Como veo que le preocupa tanto, sea indulgente y permítame, aunque sea como despedida, esta sugerencia: Para evitar casos parecidos al presente, al finalizar sus artículos puede poner un aviso indicando que no se admiten o que no son bienvenidos los seudónimos. Si le parece bien, incluso puede añadir la verdadera razón: por el bien del anónimo, porque no tiene suficiente amor propio, o similar. De eso parece que sabe ud más que yo.

  3. Señor Cabezas González:
    Después de leer la segunda entrega de su serie sobre política lingüística, me pongo de nuevo al teclado para insistirle en la pregunta que le hacía a raíz del primer capítulo, y que usted no ha tenido a bien responder.
    Insisto en esta cuestión por la pura necesidad conocer si la piedra angular que sustenta la tesis de su “Lingüística para nacionalistas” es, en mi modesta opinión, lo suficientemente sólida y coherente con su denuncia de una serie de normas que usted considera injustas y perjudiciales para la ciudadanía española, en general, y catalana, en particular.
    Permítame referirme a su propia coda, citando a Nodier, para justificar tantito más mi petición de respuesta: “No pido que me aprueben, sino que me examinen, y, si me condenan, me iluminen”. Pues bien, es eso, justamente, lo que me gustaría hacer si, por fin, decide usted satisfacer mi demanda.
    La cuestión, por otro lado, es sencilla:
    Puesto que afirma usted, con el profesor Mosterín (y algunos más, me permito añadir yo, y como sin duda usted sabe), que “la lengua es atributo de la persona, no del territorio”, y que esa es la “falacia” que vicia en origen la política lingüística catalana, al (por resumir) privilegiar a unos ciudadanos en detrimento de otros, pregunto: ¿Opina usted que esa “injusticia” se produce de igual modo en el conjunto del territorio español (Madrid como ejemplo, entre otros muchos) cuando la legislación establece, no ya la primacía, sino la exclusividad del castellano en detrimento de otras lenguas patrimoniales de los individuos/ciudadanos españoles, especialmente en ámbitos fundamentales para las relaciones políticas y sociales, como lo son,y entre otros, la Administración de Justicia o los órganos de representación política?
    Atentamente.

    • Estimado “capado” (en sentido figurado) Antonio:

      • Respondo a su pregunto utilizando el “copy+paste” del Artículo 3 (de la Constitución de 1978, que reza: “El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos”.

      • Por otro lado, le recuerdo la cita de Jesús Mosterín que doy al final de mi texto: “la evolución lingüística y la frecuencia de uso [del catalán o del español] será la resultante de muchas decisiones individuales libres y no de una imposición política. Sólo cuando esto se haya conseguido, podremos hablar de normalización lingüística [de Cataluña y de España]”.

      • Estas dos citas de autoridad le permitirán deducir a Ud. que la respuesta funcional y operativa a su pregunta sólo puede ser “NO”. No se deben mezclar las churras con las merinas. En las próximas entregas, siempre desde el pounto de vista de esa ciencia llamada lingüística, se abordará la problemática más detalladamente.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      8 de junio de 2020

  4. Señor Cabezas González:
    Muchas gracias por su respuesta.
    Su tesis parte de la supuesta “falacia” de que el catalán sea la lengua propia de Cataluña. Y la combate, dice, para contribuir a evitar las “graves y trascendentes consecuencias sociales, culturales, educativas, laborales, económicas… de la arbitrariedad de tal calificativo”. Es decir, en aras del bien común…
    Yo le preguntaba en consecuencia, y ciñéndome al caso español, si sería entonces deseable que todos los ciudadanos del Reino de España tuviéramos igualdad de derechos lingüísticos en la totalidad del territorio común, si efectivamente pretendemos que no se produzcan discriminaciones de “graves y trascendentes” consecuencias.
    Responde usted negando esa posibilidad. Y lo hace, en primer término, con un argumento exclusivamente legal. Me remite al Artículo 3 de la Constitución de 1978. Pues bien, si sólo de legalidad se trata, habrá que recordar que toda la normativa en la que se sustenta la política lingüística catalana es legal. Constitucionalmente legal, además y por descontado. Si las leyes catalanas fueran injustas y debieran ser cambiadas, ¿no podría serlo también el texto constitucional y seguir el mismo camino? Quizá para que las churras no se impongan a las merinas, o viceversa, por la fuerza bruta… Porque, además, ya sabe usted: “Todos los españoles tienen el deber de conocerla (el castellano, nombre constitucional de la lengua común de España) y el derecho de usarla. Derecho, no deber, señor Cabezas.
    Desde un punto de vista histórico, alguna puntualización también. Esa “mentira” primigenia de la que usted habla (“lengua propia”) no nace en el Estatut de 1979, señor Cabezas. Ya en el Estatuto de Régimen Interior de Cataluña, de 1933 (esto se puede comprobar con un simple corta y pega de Wikipedia) se encuentra el concepto jurídico de “lengua propia”. Concepto jurídico… Pero es que, además, ya en 1996 el Gobierno de España, el Congreso de los Diputados y el Senado, unánimemente, y al adherirse a la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, adoptaron como propio el hecho de que “la denominación de lengua propia de un territorio hace referencia al idioma de la comunidad históricamente establecida en ese espacio”.
    Es decir, y ya en relación directa con la segunda parte de su respuesta (esa “afirmación gratuita y carente de toda apoyatura científica” se asienta, dice con Mosterín, en que somos los seres humanos quienes tenemos lengua propia, no los territorios), que, en rigor, su argumento es…, digamos insostenible. Ciertamente, de los brazos del los hombres no nacen lechugas, como desde la tierra fértil no crecen los idiomas (¿Pero Grullo, quizá…?). Sin embargo, son los seres humanos, constituidos en sociedades asentadas sobre el territorio (si es fértil y da lechugas, mejor), los que producen las culturas, las lenguas. Sí, un idioma es producto de una sociedad de seres humanos históricamente establecidos sobre un territorio (históricamente, subrayo ahora). Y es precisamente ese idioma el que, jurídicamente, se denomina “lengua propia” (el japonés en Japón, el malgache en Madagascar, el catalán en Cataluña… O valenciano, en su variedad valenciana, el Estatut de cuya comunidad autónoma, por cierto, recoge esa misma expresión: “idioma propio”, sin que, al parecer, a nadie se le inflame tanto el trigémino como en el caso catalán…
    En fin, un último argumento, que esto ya se hace largo y pesado. ¿Acudimos a la Real Academia Española? Pues sí, porque la RAE también recoge, ¡y nada menos que desde que el siglo XIX apenas sabía gatear!,el concepto de “lengua propia”: la que “no se habla ya como propia y natural de un país o nación”, dice la docta institución al definir “lengua muerta”.
    En fin, no entraré aquí en cuestiones relativas a la normalización y esa opinión de Mosterín y suya sobre la “selección natural” de las lenguas, que tiene tela que cortar… Tiempo habrá, espero…

    Atentamente, Antonio el Capado.

    • Sr. Antonio, permítame que me meta donde no me llaman para ver si puede hacer el favor de iluminarme. Su argumentación me parece bien razonada. Me gustaría que igualmente me argumentara lo siguiente:

      – ¿Desde el nacimiento del nacionalismo, es decir, desde finales de s.XIX, ha habido algún momento en que no se hablara castellano en Cataluña? ¿Algún momento no ha sido mayoritario? ¿Por qué no es idioma propio? ¿Metafísica? ¿Cómo me argumenta que el idioma mayoritario aún hoy, no sea lengua propia? Lo de propia (eso de imponer conceptos abstractos ya lo descalificaban los neopositivistas el siglo pasado) lo digo sólo a los efectos de la imposición que se hace a los funcionarios y a la función pública catalana.

      -Ud dice “Sí, un idioma es producto de una sociedad de seres humanos históricamente establecidos sobre un territorio”. Eso me parece algo sino del pleistoceno originario, del holoceno, completamente fuera de la realidad de nuestros días, mucho más en Europa. No se puede analizar la realidad de hoy con parámetros, variables ni conceptos pereclitados. Es impropio, injusto, cruel hacer pasar a las personas por el túnel del tiempo ancestral y, encima, para imponerles una historia, un cuento, un imaginario, una religión (y negocio, eso sí, de una casta con sus popes que se crea su rebaño propio al que ordeñar). Mientras al hablar de un territorio se habla de un todo único, una unidad: Cataluña; al hablar de personas (seres humanos) se habla de individualidades, de pluralidad diversa. Ese territorio único incluye a las personas individuales, plurales y diversas que lo integran. Si el territorio no tiene lengua, ¿cómo es que se le atribuye como propio de aquél uno sólo de los diversos idiomas de los que hablan la pluralidad de catalanes? Y que encima, no es ni el de la mayoría de los catalanes.

      -Al principio de la presente democracia el idioma catalán era francamente minoritario (creo recordar: años 80, un programa de Catalunya Radio entre las 15 y 16 hs., lo dijo con extrañeza: sobre el 35% lo tenía como lengua habitual. No logro acordarme del presentador, no sé porqué me viene algo así como Vendrell, pero …) en Cataluña. Con esa minoría, ¿cuáles son las razones de justicia con las que justifica, no ya imponerse sobre la gran mayoría, sino, encima, marginar a ésta? Eso sólo puede hacerlo (fuerza) una burguesía bien puesta, con aquiescencia de Madrid y con un poble, una mayoría muy … ¿debilitada? ¿Justificaría que ahora en America, del norte y del sur y del centro, se impusieran las lenguas propias de los indígenas sobre las personas que hoy la habitan? No hay razones de justicia (no digo leyes), justicia de las personas que padecemos el tiempo presente (no las historias). Las razones son de casta, de poder, negoci propi. Distinto es que a “los clientes”, la grey, los creyentes, los consigan con el catecismo, el credo correspondiente y la creencia, el imaginario correspondiente. Pero yo no hablo de cuentos, quae movet, hablo de las relaciones de justicia entre las personas e instituciones de aquí y ahora.¿Cuál es la justicia que justifica imponer ese cambio sobre la mayoría y los costes (y gastos públicos, de todos: mi dinero contra mi) humanos, laborales, etc., que a ésta le implica? ¿todo por la patria?

      Le agradeceré poder leer su razonamiento, pero permítame, para no embolicar la troca, que yo lo deje aquí.

      Saludos cordiales.

  5. “la denominación de lengua propia de un territorio hace referencia al idioma de la comunidad históricamente establecida en ese espacio”. Nos dice el sr. Antonio

    El error (o la trampa) consiste en considerar que solo puede haber “UNA” comunidad históricamente asentada en un territorio, y UNA lengua propia, cuando de hecho sucede todo lo contrario.

    Millones de hablantes de las más de 7000 lenguas que se hablan en el mundo viven históricamente asentados en territorios donde se habla más de una lengua. Como sucede en en Cataluña o Galicia.

    La comunidad hispanohablante está históricamente asentada en Cataluña, como lo está la comunidad angloparlante en los EEUU, la francoparlante en Canadá, la árabe en Marruecos o la catalana en Mallorca.

    Esa es al trampa que encubre todo nacionalismo y la fuente de todos los problema teóricos y políticos. La falsa idea de que “cada territorio” tiene UNA sola cultura UNA sola lengua y UNOS legítimos propietarios, que indudablemente son quienes hablan “la lengua propia del territorio”.

    Al ser los derechos lingüísticos privativos de los colectivos humanos y no de territorios no cabe reivindicar que en Extremadura el catalán sea considerado también lengua oficial cuando no hay ningún colectivo de hablantes de esa lengua.

    En Finlandia donde se habla sueco y finés lo han resuelto rotulando en ambas lengua en los municipios donde hay más de un 5% de hablantes de una u otra lengua. Cada comunidad escolariza a sus hijos en su lengua e introduce la otra con posterioridad. Sin inmersión, es decir sin discriminación.

  6. Señor Ortiz:
    Una breve respuesta a su comentario. Para otra más extensa, le remito, si tiene interés, a la que, con mucho gusto, le daré a Simiente en cuanto disponga del tiempo suficiente.
    Error por mi parte es posible, sin duda; trampa, en absoluto…
    Pero creo que es usted quien comete el error, debido a que, en mi opinión, no aplica bien el concepto de “comunidad histórica”.
    Utilizaré alguno de sus propios ejemplos para aclararle mi punto de vista, y por si le parece apropiado reflexionar un poco al respecto.
    Las comunidadades históricas de Canadá no son, como usted afirma, las que integran anglófonos y francófonos, sino las formadas por indios, inuit y metis.
    Un cordial saludo.

  7. Sr. Antonio ninguna comunidad es “histórica” si por ello entendemos asentada -desde siempre- en un territorio. Todas las comunidades han llegado en algún momento al lugar donde habitan, no han surgido de la tierra como las setas.

    Lo mismo sucede con las lenguas.
    El quechua idioma de los incas originarios de Perú, llegó a Bolivia o Ecuador, cuando los Incas invadieron esos territorios. Posteriormente los Incas fueron derrocados por los españoles y una población adoptó el español mientras otra continuó hablando quechua u otras lenguas preincáicas.

    Es el quechua “lengua propia” de esas comunidades históricas asentadas es Ecuador desde la época de los Incas (solo 100 años antes de la llegada de los españoles) , y el español no es “lengua propia” ni su comunidad no está “históricamente asentada”. Porque los primeros llevan 600 años y los segundos solo 500.

    Son “comunidades históricas” las de los hablantes de árabe asentados desde hace 1300 años en Marruecos, Túnez o Egipto o solo las que hablan lenguas anteriores a la llegad de los árabes a esas regiones. O derivadas del árabe. (Como el español y el catalán derivan del latin).

    Y ya que me habla de los “indios” es sabido que muchas tribus eran nómadas, y compartían territorios de caza con otra tribus nómadas con lenguas diferentes. Tenían idioma propio;el de la tribu, no de ningún territorio.

    El nacionalismo ha construido, en torno a la lengua, un discurso simplista y falso, con apariencias de veracidad. Una credo imposible de sostener desde presupuestos racionales.

    Un cordial saludo

  8. Sr. Ortiz, tal y como usted las entiende, lleva razón: no existen las comunidades históricamente asentadas sobre un territorio (ya sabrá que los cántabros de Altamira eran negros, y a saber cómo hablaban…). Ni siquiera la de los castellanos en la Península ibérica…

  9. Señor Simiente:
    Ante todo, le pido disculpas por mi demora en la respuesta.
    En su escrito, me formula usted varias preguntas. Permítame empezar el mío haciéndole también algunas de carácter general.
    ¿Qué es para usted una lengua, quizá un “simple” sistema de comunicación? Si no es así, ¿qué cree usted que la humanidad pierde cuando desaparece un idioma? Abundando en ello, y ahora desde un punto de vista estrictamente personal, ¿cómo se sentiría usted si su propio idioma materno estuviera en peligro? Actualmente, se estima que, tan pronto como a finales de este siglo, entre el 50 % y el 90 % de las lenguas del mundo desaparecerán. Si una de ellas fuera la suya, ¿lo vería como algo irremediable, “ley de vida”, y se resignaría sin más? Y, por fin, ¿cree que sería bueno realmente que la especie humana hablase únicamente un idioma?
    Las lenguas son parte esencial de la cultura humana. Hasta el punto de que, sin el lenguaje, la cultura misma correría riesgo cierto de desaparición. Cuando una lengua muere, se va con ella una cosmovisión única e irrepetible, algo que no afecta sólo a la lingüística, sino al conjunto del conocimiento humano (neurología, psicología…). La lengua cheroqui (polisintética, de familia iroquesa), por ejemplo, tiene fundamentos muy diferentes de los del inglés: un cheroqui no puede decir “adiós”, dirá “volveré a verte”.
    Todo idioma suele llegar a su momento crítico después de ser desplazado por otro dominante social, política y económicamente. Y, como sin duda sabe, los hablantes de lenguas minoritarias siempre han sido (y son todavía) perseguidos por los de las lenguas mayoritarias. La ley del más fuerte. Dos ejemplos: Uno de los primeros objetivos que Felipe V persigue tras su victoria contra los austracistas en la Guerra de Sucesión es la castellanización de la Administración pública catalana (por centrarnos en ese territorio). Fíjese hasta qué punto es así, que en los Decretos de Nueva Planta se cursan instrucciones secretas a los corregidores para que, “con disimulo”, introduzcan la lengua castellana. Estamos hablando de principios del siglo XVIII, señor Simiente. Sí, sí ha sido mayoritaria la lengua catalana en Cataluña. Durante mucho mucho tiempo y hasta épocas muy cercanas: lo era tan recientemente como a principios del siglo XX… En 1916, Cataluña demanda la cooficialidad. ¿Quién se opone vehementemente, entre otros? La Real Academia Española. Hasta el punto de que su presidente, Romanones, declara que jamás se le otorgaría ese estatus al catalán, “por motivos políticos”…
    Segundo ejemplo de persecución: El Tribunal Supremo español acaba de anular (¡junio de 2020!) la posibilidad de que las administraciones públicas valenciana, catalana y balear se comuniquen (¡entre ellas!) en su lengua autóctona…
    La ley del más fuerte, señor Simiente. El poder del estado central. ¿Opina usted que las sociedades avanzadas y democráticas debemos seguir rigiéndonos por esa primitiva forma de hacer las cosas? Desde otro punto de vista: Quizá estemos de acuerdo en que es imperativamente necesaria la protección de las especies y la biodiversidad en este planeta que habitamos. Si así fuera, hago mía la pregunta de Mark Turin, antropólogo y lingüista de la Universidad de Yale: ¿No le parece que, del mismo modo, un elemento radicalmente distintivo de nuestra humanidad, la lengua (las lenguas) debe ser protegido?
    Es precisamente esa ley, la del más fuerte, la que, efectivamente, ha hecho que el catalán no sea hoy el idioma mayoritario de Cataluña. Esa fuerza se expresa a través de múltiples y variados vectores, que incluyen desde la beligerancia indisimulada (y demasiado a menudo violenta) de las Administraciones estatales (hoy, en los EE UU hay decenas de estados y cientos de ciudades con leyes sobre el uso exclusivo del inglés, en detrimento del castellano), hasta los fenómenos migratorios, como los que se producen en España durante los años del desarrollismo de la dictadura fraquista. Básicamente, entonces, ¿quién impone a quién? El fuerte al débil, así de sencillo. Y en España el fuerte es el estado central, ¿verdad?
    En nuestro caso, el resultado de todo ello es que hoy en día el catalán sigue siendo un idioma en peligro (al contrario que el castellano) porque, entre otros factores, como decía, el uso de un idioma depende del prestigio social, de la economía, de la regulación normativa y jurídica…
    En la Cataluña actual, el catalán es prácticamente inexistente en la televisión, la prensa y la radio privadas. Su uso es muy reducido, cuando no residual, en los ámbitos científico-técnico, económico, comercial… Sí, está en retroceso frente al castellano, muy especialmente en las zonas urbanas y entre los jóvenes. Lo cual, por otro lado y entre otras cosas, demuestra que es radicalmente falso que las políticas lingüísticas hayan actuado negativamente entre los castellanoparlantes. De hecho, y usted debe saberlo, todo el mundo en Cataluña entiende, habla y escribe el castellano hoy, después de años de “abusiva” política lingüística…
    ¿Negocio del nacionalismo catalán, dice usted? Ciertamente, los idiomas pueden ser una inmensa fuente de negocio. Es el caso, justamente, del castellano. Empezando por la Real Academia Española (RAE), una entidad privada que se financia (por iniciativa de Felipe González) a través de una fundación (Banco Santander, Repsol, Caixabank, Prisa, Telefónica, Iberdrola…) presidida por el rey, además de disponer de una muy generosa subvención a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. “En 2016 (últimas cuentas accesibles) la Fundación pro RAE tenía 16 millones de euros invertidos en acciones (como Indra, Inditex o Gas Natural), fondos de inversión (Caixabank), bonos (524.000 en el Gobierno de la Comunidad de Madrid o 100.000 en Goldman Sachs o Morgan Stanley) y depósitos bancarios (6 millones)” [eldiario.es]. Quizá, como le ocurre con el catalán, le molestará a usted también, señor Simiente, que se haga negocio con el castellano a costa de su dinero, que se gaste dinero “contra” usted… A mí, desde luego, no, porque no creo que ese dinero vaya contra nadie, sino a favor de algo que merece ser cuidado con esmero: el idioma…
    En fin, señor Simiente, que la inmensa mayoría de los lingüistas del mundo (el señor Cabezas quizá será una excepción) están disputando ahora mismo una verdadera carrera contra el reloj para documentar y archivar las lenguas que perdemos. Incluso, con el deseo de que su trabajo sirva un día para recuperarlas y revitalizarlas (hay casos reales ya). Porque las lenguas son parte esencial de la cultura y de la identidad de las colectividades humanas (no voy a insistir de nuevo en lo absurdo de esa creencia de que una lengua es patrimonio individual). Ciertamente, habrá que buscar el ideal del equilibrio entre la comunicación y la identidad, porque si la lengua dominante va demasiado lejos en su afán de hegemonía, las lenguas más débiles morirán, y, al contrario, si la conciencia de la identidad recorre caminos equivocados, puede caer, no en el nacionalismo, sino en un concreto tipo de nacionalismo indeseable (no, no todos los nacionalismos son iguales, y no todos son intrínsecamente malos. Y es curioso y preocupante, en este sentido, el hecho de que tanta gente hable del nacionalismo de los demás, pero ignore sistemáticamente, o ni siquiera lo vea, el suyo propio, en no pocos casos de carácter estatal y bárbaramente coercitivo).
    En fin, es este un asunto complejo y controvertido, que debería ser abordado con sabiduría, serenidad y tolerancia. Nunca, en mi opinión, desde posiciones estrictamente ideológicas, que es lo que hace, con mucha soberbia y demasiada mala educación, el señor Cabezas González. Porque, por mucho que intente disimular, los suyos no son artículos sobre lingüística, sino puros y duros panfletos políticos en defensa de una ideología ultrarreaccionaria y al servicio de la peor clase de nacionalismo: el que se alimenta de la rabia, el odio y la exclusión del otro.
    Un cordial saludo.

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