¿Cuál es el regalo perfecto? La respuesta es relativamente fácil. El regalo perfecto es aquel que encantará a quien lo reciba, aunque probablemente él no se lo hubiera comprado.

Así es LA SABIDURÍA DE LA JUNGLA de Jim Corbett, en traducción de Eduardo Riestra y publicado por Ediciones del Viento. Pienso en todo tipo de personas y estoy seguro de que no hay una sola que no estuviese encantada si alguien le regalase este libro. Y no porque sea magnífico, que lo es; sino por algo más.

El objeto, el aura que emite, la mirada a cámara del tigre: en blanco y negro, que nos hace sentir que es anterior a los excesos de civilización actuales, que es algo incontestablemente auténtico. Nada más verlo cualquiera comprende que está ante un objeto de deseo.

Pero es mucho más que un objeto de deseo. LA SABIDURÍA DE LA JUNGLA tiene alma y la transmite. A todos, en mayor o menor medida, nos gusta la naturaleza, sobre todo aquella naturaleza mítica de la que venimos. Pero ¿nos compraríamos un libro así? Estrictamente hablando no nos hace falta, pero si alguien nos lo regalase… qué felicidad.

Al abrir el libro aparece una postal, con la misma imagen de la portada y también en blanco y negro, que podríamos mandarle a cualquiera (aunque normalmente no lo haremos… pero podríamos).

Y en su interior… en su interior hay una historia magnífica, como en todos los libros firmados por Corbett, con cuyo nombre se bautizó a una subespecie de tigre hace cincuenta años: Panthera tigris corbetti. Corbett fue a quien recurrieron las autoridades de la India cuando un leopardo, el mítico leopardo de Rudraprayag, mató a su víctima ciento veinticinco. También se llamó a Jim Corbett para detener a la tigresa de Champawat: animal prodigioso y terrible que devoró a más de cuatrocientas personas.

Pero no importa siquiera que, quien reciba el regalo, vaya a leerse el libro entero o no, porque se puede pasear por él, por sus páginas, y encontrar momentos como el que voy a copiar a continuación (pags 159 y 160):

… saborear la vida de la jungla. Porque aquí la ley de la jungla prevalece. Una ley que es más vieja e infinitamente mejor que las escritas por el hombre. Una ley que permite a cada individuo vivir su propia vida, y que no anticipa problemas ni temores para el mañana. Peligros, hay para todos, pero esos peligros sólo añaden emoción a la vida… y no restan nada a la alegría de vivir.

No conozco a nadie, repito, capaz de no sentirse feliz, de no sentir el aliento de la alegría de la vida, si Papá Noel o un Rey Mago o un buen amigo o pariente o colega lo deja en un paquetito al alcance de sus dedos.

 

Tigre tigre.

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