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Libertad bajo control: la historia se repite

Julián Arroyo Pomeda
Julián Arroyo Pomeda
Catedrático de Filosofía Instituto
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análisis

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Ya nos estamos acostumbrando a tomar con una buena dosis de broma la libertad de Ayuso, porque pocos se la creen. De vez en cuando, da muestras de esto la propia presidenta, como vamos a ver.

Desde que entró Ayuso, hace ya dos años, no se llevo bien con Telemadrid, que antes fue denominada Teleaguirre y que la actual mandataria contempla con bastante nostalgia. No tragó nunca ni a su director, ni tampoco a los profesionales de la comunicación. Empezaron llamándola ‘Isabel’, quizás porque era joven y colega en la profesión. No podía soportar que no la trataran con el rango que se merecía. ¿Qué se creían estos?

Además, estaban acostumbrados a unas nuevas formas de actuación, porque se movían por un consenso político, que seleccionaba entre todos al director. Esto conduciría a tratarla como igual, ya que pensaban que nadie debería dominar sobre los demás. Se expresaban libremente y hasta criticaban lo que les parecía que no era ejemplar. Formularon preguntas incómodas, como se atrevió a hacer la periodista Intxaurrondo, cuando quiso saber cómo dotaría la presidenta de personal al hospital Zendal, Lo que le llevó a responder que “eso no se le pregunta a una presidenta”. ¿Por qué no? ¿A quién habría que preguntárselo entonces? Era una buena pregunta, a la que Ayuso no supo responder, precisamente porque no había ninguna previsión para ello, pero resulta escandaloso gestionar un hospital sin médicos.

Ayuso no podía aceptar tener una televisión crítica, incluso con ella misma. La portavoz de Vox en la Asamblea fue mucho más explícita en el debate de investidura. Este partido no se corta ante nada y se muestra siempre sin complejos, lo que es su seña de identidad. “¿Por qué tenemos que pagar de nuestros bolsillos a los que nos insultan a diario?”. Está bien claro: si yo hago una televisión y mantengo a los que trabajan en ella es para que me sean favorables, ya que soy dueño de la empresa.

Aquí lo que hay es una concepción determinada de uno de los más importantes medios de comunicación social: la de ser una empresa al servicio de quien gobierna la Comunidad, o la de estar al servicio de los ciudadanos madrileños, que puede extenderse también al resto. Ahora la televisión madrileña estará a disposición de la mayoría que gobierna en la Comunidad. Esto significa convertirla en un instrumento de propaganda de las ideas personales y de los actos del partido. Lograr convertirla en servicio público con libertad de expresión e información les viene demasiado grande. Ganar las elecciones supone ganar, igualmente, todos los recursos de cualquier tipo que tenga la Comunidad en la que he ganado, poniéndolo todo a mi servicio. Aquí ya no hay ni siquiera bipartidismo, sino partido único, al que tanto se critica, porque destruye la libertad.

Para conseguir esto hay que cambiar la ley con objeto de apoderarse de la empresa televisiva. Por eso se acaba de presentar en la Asamblea una Proposición de ley para cambiar la normativa que regula Telemadrid. El primero que debe caer es quien la dirige ahora, José Pablo López. La ley se hace mirándole a él precisamente, estableciendo que el mandato del director durará cuatro años, lo que él ya ha cumplido, por lo que muy poco durará en el cargo.

Con el director caerá el resto de nombramientos. Para eso ya no dependerán de la elección del mandatario, que gestionan los profesionales del sector. Ahora serán sustituidos por los grupos parlamentarios y su mayoría. Tengamos en cuenta que son 136 diputados y que 78 de ellos son los que tienen PP y VoX. Estos dos grupos son los que van a decidir ahora. Está hecha la jugada, que no puede engañar a nadie por mucho que se maquille. ¿Cuáles serán los contenidos de la próxima televisión y cómo habrían de ser tratados?

Los informativos se encontrarán al servicio de su gobierno, convirtiéndose en pura propaganda de las aspiraciones políticas de quienes gobiernan. Sanidad, Educación y Colas del hambre, por ejemplo, solo se tratarán como el aparato decida, lo demás no entrará. Todo lo que se cuente irá en servicio del gobierno de turno y la información ya no será libre.

Todavía hay algo más grave. Desde aquí se establecerá la oposición al Gobierno de la Nación, contra cuyos objetivos martilleará diariamente el medio de comunicación madrileño por excelencia. Esto es lo que más desea Ayuso y se encargará personalmente de ponerlo en práctica. Todos temblarán ante este brazo armado tan poderoso.

Tal concepción privada de un medio de comunicación público, gestionado con fondos públicos, no la resiste ni un liberalismo radical. Para esto mejor sería suprimirla y así se podría ahorrar un buen capital de los presupuestos generales. Esto no se hará, desde luego. Por eso hay que hacerla objetiva, plural y pública. Que bajen los medios a la calle y recojan lo que pasa. Que haya opiniones variadas. Que se puedan contrastar las ideas. Y que los ciudadanos puedan confiar en ella. Un Telemadrid que no esté duplicado, porque esto sí que es un gasto innecesario, que nadie puede permitirse.

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