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Las vacunas no son seguras: El espectro amenazante de los debates que nunca tuvieron lugar

LA “MENTIRA NOBLE” INFECTADA POR OTRAS MENTIRAS Y PROPÓSITOS NO TAN NOBLES

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Si jamás ha habido debate es porque quienes deberían hablar han callado.

Lejos, en noviembre de 2020, quedan las más que razonables dudas sobre las nuevas vacunas expresadas por el doctor César Carballo, convenientemente reconvenido en La Sexta Noche por JAL, ese Gran Hierofante del nuevo culto laico posmoderno llamado Ciencia, decidido a atajar cualquier atisbo de inquietud que pudiera surgir en su gres televisiva (Me refiero aquí al culto posmoderno de la emputecida Gran Ciencia Oficial de las principales agencias reguladoras del planeta, corporaciones multinacionales farmacéuticas y otras importantes instituciones y organismos científicos y sanitarios, que son en gran medida quienes han dotado de contenido y sello de “calidad” al llamado “consenso científico” sobre el COVID y las vacunas. No a la ciencia como modo de conocimiento progresivo estructurado o al noble espíritu y a la pasión, mezcla de asombro y curiosidad, que la ha guiado durante siglos y que aún mueve las almas).

Carballo no volvió a dudar de la seguridad de las vacunas (hasta que le tocó el turno a los niños, mostró sus reservas y se le echaron encima). A partir de entonces se retiraron la razón y la prudencia y los ubicuos Hierofantes oficiaron el culto a la Gran Ciencia salvadora y a sus vacunas en televisión y en redes sociales. El dogma: “las vacunas son muy seguras, los efectos adversos graves son extremadamente raros y el beneficio supera en todos los casos al riesgo”. Ninguna voz autorizada, ningún peso pesado de la ciencia se atrevió a cuestionarlo.

Como quien calla otorga, el debate nascituro murió estrangulado por la propaganda, que engendró prematuramente la autocensura.

Fuera de España, en EEUU, Robert Malone y un importante número de personajes relevantes del mundo de la ciencia y la medicina se atrevieron hace muchos meses a disentir y advertir de la insensata dirección que se había tomado (vacunar, vacunar y vacunar hasta el último bebé) y de los peligros de perseverar en el error. Pero todas esas corrientes de opinión de científicos disidentes o no llegaron a la piel de toro merced al instinto gregario y corporativista de aquellos que deberían hablar y callaron, o bien llegaron distorsionadas por científicos degradados a vulgares propagandistas.

Como dice el propio Robert Malone, es probable que muchos entendieran que estaba justificado engañar y manipular a la población para alcanzar el bien de la comunidad, que pasaba por llevar a la masa al redil de la vacunación. Es el tercer elemento de lo que Malone denominó “mentira noble”

Por eso no ha habido debate y por eso estamos ya con pie y medio en el delirio y la distopía.

LOS ENSAYOS CLÍNICOS, LIMITACIONES, DUDAS, SOMBRAS. FÁRMACOS DE ARN MENSAJERO: UNA TECNOLOGÍA INSUFICIENTEMENTE MADURA

Hablemos de lo que nadie quiso hablar entonces, de lo que nadie quiere hablar ahora y que en mi opinión es la clave de bóveda sin la que sería imposible justificar todas las aberraciones que vemos sucederse a un ritmo vertiginoso. Porque si la Gran Ciencia, en la cree la mayor parte de la población, ha establecido que la vacuna es segura, la actitud con las personas que renuncian a la vacunación sólo puede ser de condescendencia (siempre desde la autoconciencia de la superioridad moral e intelectual) o, tal y como estamos viendo, de una peligrosa hostilidad que invoca conocidos fantasmas de la historia reciente.

Algún leve atisbo de sana crítica hubo desde el ámbito científico-médico por las fechas en que la FDA y la EMA aprobaban la vacuna de Pfizer. Recuerdo una entrevista al doctor Antonio Alarcos en una radio local o este informe del Servicio Navarro de Salud (que fue eliminado, aunque afortunadamente alguien realizó una captura de la web Wayback Machine (archive.org) )

Poco más

Quedémonos con la primera y segunda de las limitaciones en la evaluación de la seguridad mencionadas por los autores del informe, que coinciden con las inquietudes expresadas por César Carballo en La Sexta antes de la aprobación de las vacunas: “Perfil de eventos adversos desconocido a medio-largo plazo, tras 2-3 meses de la vacunación” “Seguridad monitorizada 24 meses, pero la variable principal considera los EAG de los primeros 6 meses”.

Cuando he preguntado directamente a científicos o médicos en redes sociales, he recibido las mismas respuestas. Respuestas que, más que tranquilizarme, me inquietaban: “confíe en la FDA/EMA, que son los que saben”, “jamás se han dado efectos adversos a largo plazo en las vacunas”, etc…

La primera respuesta es una invitación a abandonarse a la fe acrítica que suelen recomendar los convencidos vacunados a los que aún dudamos. Es delegar en otro la responsabilidad que uno debería asumir (y ese otro, el “experto”, se lavará las manos si vienen mal dadas con cínicos argumentos que no son difíciles de imaginar).

Respecto a la segunda, cuando contraargumentaba al médico o científico señalando que estas vacunas no tienen nada que ver con las tradicionales y que, por lo tanto, la literatura científica sobre efectos adversos a medio o largo plazo es prácticamente inexistente, no recibía nunca respuesta.

No sólo es que antes de la pandemia ninguna agencia reguladora hubiera aprobado jamás fármaco alguno desarrollado con la tecnología de ARNm, sino que ningún fármaco en desarrollo que empleara esta tecnología había superado siquiera la fase II desde los primeros ensayos clínicos en humanos en 2008. Como referencia, para hacerse una idea del número de personas a las que se les había inoculado algún fármaco de ARNm en desarrollo, en los ensayos clínicos de fase II suelen participar entre 50 y 200 voluntarios. Y el número de ensayos clínicos con fármacos de ARNm a lo largo de la anterior década no ha sido especialmente numeroso.

En este estudio podemos ver que donde suelen fracasar la mayoría de proyectos de desarrollo de medicamentos es precisamente la fase II. Las vacunas de ARNm entrarían dentro de la categoría de productos biológicos.


Este otro estudio nos explica los motivos de que tantos proyectos fracasen en fase II:

“Los fracasos en los ensayos de fase II suelen producirse porque 1) se producen efectos secundarios tóxicos previamente desconocidos (50%); 2) los ensayos muestran una eficacia insuficiente para tratar la condición médica que se está probando (30%); o 3) la viabilidad comercial parece escasa (15%) (10).”

Valga como ejemplo el trayecto en los últimos años de la compañía Moderna, cuyos problemas de seguridad en ensayos clínicos con fármacos de ARNm para tratar enfermedades raras como el síndrome de Crigler-Najjar, llevaron a la compañía a cambiar su estrategia en 2017 para centrarse en el negocio menos lucrativo de las vacunas: “…el tratamiento de Crigler-Najjar se ha retrasado indefinidamente, dijo una portavoz de Alexion [partner de Moderna en el proyecto] a STAT. Según varios ex empleados y colaboradores de Moderna que trabajaron estrechamente en el proyecto, nunca se demostró que fuera lo suficientemente seguro como para probarlo en humanos. Al no poder seguir adelante con esa tecnología, Moderna ha tenido que centrarse en el desarrollo de un puñado de vacunas, dirigiéndose a un campo menos lucrativo que podría no justificar la valoración de casi 5.000 millones de dólares de la empresa.”

La pandemia ha sido un maná caído del cielo para la compañía.

Sorprendentemente, lo que no había ocurrido en 10 años (el avance de un fármaco de ARNm a fase III) aconteció en 2020 sin que hubiera problema alguno de seguridad, según la narrativa oficial

¿No era acaso esto ya un motivo para fruncir el ceño ya de entrada?

Lo que me parecía algo raro era escuchar tan pocas voces autorizadas desde el mundo de la ciencia o la medicina que llamaran a la prudencia médica, especialmente cuando empezó la vacunación de adultos jóvenes y de mediana edad. Me inquietaba la constante equiparación de estas vacunas con las desarrolladas con tecnologías tradicionales, algo que estaba implícito en cada uno de los mensajes que se transmitían a la población cuando se rozaba muy tangencialmente la cuestión de la seguridad.

Mi extrañeza aumentó cuando leí esta noticia en enero.

Ya no sólo es que la FDA limitara a 6 meses el seguimiento de efectos adversos graves (EAG) como bien dicen los funcionarios del Servicio Navarro de Salud (puede verificarse aquí), sino que, al permitir la agencia reguladora la vacunación del grupo placebo, se abortaba prematuramente la evaluación controlada de los mismos.

Si tenemos en cuenta de que hablamos de voluntarios que no padecían la enfermedad y que tenían medios para protegerse de la misma, las razones éticas esgrimidas para vacunarles son absolutamente injustificadas en un estudio de tal importancia.

¿Qué hubo detrás de esa incomprensible decisión, precedida de una extraña historia en que los voluntarios del ensayo clínico (que han firmado unas condiciones que deben cumplir) iniciaron una serie de protestas reclamando ser vacunados?


Alcanzo a entender la necesidad de la aprobación de emergencia de las vacunas dada la elevada mortalidad que estaba causando la pandemia en personas mayores y otros con perfiles de riesgo alto pero, ¿cuál es la razón para limitar a sólo 6 meses la evaluación de efectos adversos graves cuando en otras vacunas de ARNm o vector viral esta evaluación suele durar varios años sumando las fases? Muestro tres ejemplos

Esta vacuna de Janssen de vector viral contra el ébola. Más de 3 años de seguimiento para evaluar efectos adversos graves.

Un año de seguimiento de efectos adversos graves (SAE) en la fase I de esta vacuna de ARNm de Moderna contra el citomegalovirus.

Y otro año para vigilar y evaluar la ocurrencia de efectos adversos graves en el estudio de fase II de la misma vacuna.

¿Cómo es posible afirmar que las vacunas son seguras cuando no se han evaluado ni se van a evaluar efectos adversos graves más allá de 6 meses de forma controlada como sí se exige con vacunas desarrolladas con la misma tecnología?

Todavía resulta menos comprensible la decisión de limitar a 6 meses la evaluación de efectos adversos graves si pensamos que desde un primer momento la idea era vacunar a toda la población adulta (que incluye millones de personas con perfiles de riesgo bajo o muy bajo) para alcanzar la inmunidad de rebaño.

Para ampliar lo expuesto en este apartado recomiendo encarecidamente leer esta publicación de Peter Doshi, editor del BMJ y Profesor de Investigación sobre Servicios Farmacéuticos de Salud, enriquecida con todo tipo de referencias. Reproduzco un interesante fragmento de la sección “Seis meses: ¿son suficientes?”.

“Una aprobación basada en seis meses de datos representaría una de las más rápidas para una nueva vacuna en la historia de la FDA. Entre las seis vacunas » pioneras en una enfermedad» aprobadas por la FDA desde 2006, los ensayos pivotales previos a la autorización tuvieron una duración media de 23 meses, según un análisis reciente.9

Seis meses también parecen ser sustancialmente más cortos que las expectativas previamente conceptualizadas. Un grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud sobre vacunas contra el covid-19 (que incluía a reguladores de la FDA) pidió en agosto de 2020 un seguimiento «hasta al menos el mes 12, o hasta que se despliegue una vacuna eficaz a nivel local».10 Otro grupo, compuesto por autores de la industria y del mundo académico, escribió de forma similar en octubre de 2020: «recomendamos un seguimiento a más largo plazo de todos los participantes… durante al menos un año después de la aleatorización».11’’


BREVE REFLEXIÓN SOBRE EL AGUJERO NEGRO DE LA FARMACOVIGILANCIA

Sea como fuere las vacunas obtuvieron una autorización express para uso de emergencia (autorización de uso condicional en el caso de la EMA) y la evaluación de efectos adversos fue encomendada al seguimiento de los sistemas de farmacovigilancia, otro de los debates cercenados de raíz y cuyo fantasma seguramente esté empezando a atenazar a algunos ahora que los temidos efectos adversos a medio plazo de las vacunas bien pudieran estar haciendo acto de presencia.

No voy a extenderme demasiado en este punto pero, por poner un ejemplo, ¿no merecen ninguna explicación las desproporcionadas y alarmantemente elevadas cifras de efectos adversos relacionados con las vacunas COVID reportados a VAERS o Eudravigilance?

¿De verdad piensan los “expertos” que sus infumables respuestas de manual (“son sólo probables”, “no se ha demostrado que exista relación causal”, “se reporta cualquier cosa”…) son suficientes para explicar que en EEUU se hayan reportado a farmacovigilancia 9.190 fallecimientos presuntamente relacionados con vacunas COVID frente a 536 relacionados con la suma de las vacunas gripales en el periodo 2010-2021? Para tener una referencia de las dosis administradas en la comparación: la cobertura de vacunación gripal en EEUU fue del 63,8% en la temporada epidemiológica 2019-2020, la de las vacunas COVID es actualmente del 77% en al menos una dosis (Acceso directo a la consulta guardada en VAERS).


La reacción de la exministra de Sanidad María Luisa Carcedo cuando le preguntan sobre el particular ilustra la poca predisposición que existe para abordar tan espinoso asunto, que es prácticamente tabú en los grandes medios

No sólo son las elevadas cifras. Científicos con conocimiento suficiente en esta materia como Robert Malone consideran que la farmacovigilancia en EEUU no está siendo eficiente en la captura de señales, (en parte por la extrema infradotación de recursos de la FDA ante la avalancha de reportes, según dice en otras entrevistas) y que había alternativas mucho más razonables a la farmacovigilancia pasiva que se está llevando a cabo.

Intuyo que lo mismo es aplicable al sistema de farmacovigilancia europeo.

GRAVES IRREGULARIDADES EN EL PRINCIPAL ENSAYO CLÍNICO DE PFIZER

Al contrario que en EEUU, no hubo en Europa controversia alguna en el mundo de la ciencia cuando la EMA concedió la autorización comercial definitiva a Pfizer. Lo cual no es buena señal, ya que la agencia europea debió basarse en documentación similar a la evaluada por la FDA para otorgar su placet y es precisamente en el análisis de ciertos estudios de acceso público donde se enturbia la cuestión. La controversia afecta más a cuestiones de eficacia y están expuestas con mayor amplitud en este artículo de Peter Doshi o en este vídeo del doctor John Campbell.

Del mismo modo, la revelación de las graves irregularidades y defectuosa supervisión por parte de la FDA de los ensayos clínicos de Pfizer que permitieron la autorización de emergencia de su vacuna debieron haber tenido una importante repercusión en España y en Europa, pero no ocurrió así. Todo lo contrario: se extendió un elocuente manto de silencio sobre el asunto.

La pandemia está poniendo de manifiesto más que nunca la escasa tensión de esos tan cacareados valores europeos que suponíamos vigentes. Que la prensa libre y plural se haya reducido a su mínima expresión en el occidente “libre” es un hecho incontestable. Aún así hay motivos para un moderado optimismo, al menos en EEUU, donde quienes deberían hablar alto y claro sí lo están haciendo (¿”Están perdiendo los medios de comunicación la lucha de su vida?”)

El escándalo fue expuesto a la luz pública por el periodista de investigación Paul D. Thacker en nada menos que una de las publicaciones científicas de referencia, el British Medical Journal. Fue Brooke Jackson, directora regional de la compañía Ventavia, quien refirió y documentó las irregularidades en los ensayos clínicos llevados a cabo en tres sitios (más de 1000 voluntarios de los 44.000 del ensayo de Pfizer) por parte de dicha compañía. “Después de notificar repetidamente estos problemas a Ventavia, la directora regional, Brooke Jackson, envió una queja por correo electrónico a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA). Ventavia la despidió ese mismo día. Jackson ha proporcionado a The BMJ docenas de documentos internos de la empresa, fotos, grabaciones de audio y correos electrónicos.”

Un inspector de la FDA se puso en contacto con Jackson para hablar de su informe, pero le dijeron que no podían proporcionarle más información. El informe cayó en el olvido y no se produjo ninguna inspección a Ventavia

Entre las irregularidades notificadas por Brooke Jackson cabe destacar:

  • Colocación de los participantes en un pasillo después de la inyección y falta de supervisión por parte del personal clínico
  • Injustificada demora en el seguimiento de los pacientes que experimentaron efectos adversos
  • No se notifican las desviaciones del protocolo
  • Las vacunas no se almacenaban a la temperatura adecuada
  • Muestras de laboratorio mal etiquetadas
  • El personal que realizaba los controles de calidad se veía desbordado por el volumen de problemas que encontraba
  • Señalamiento del personal de Ventavia por informar de este tipo de problemas

Sin embargo, lo más preocupante del artículo de BMJ es la revelación de que la FDA sólo había supervisado 9 de los 153 sitios en los que se llevó a cabo el ensayo clínico de Pfizer que debía garantizar a decenas de millones de seres humanos que el beneficio de la vacuna era superior al riesgo. Según BMJ, citando un documento sobre las inspecciones realizadas por la propia FDA, “en los ocho meses posteriores a la autorización de emergencia de diciembre de 2020 no se llevó a cabo ninguna inspección de los centros donde se reclutaron adultos.”

En la página 18 de esta presentación sobre supervisión de la bioinvestigación (BIMO) de la FDA de marzo de 2021 podemos ver que, efectivamente, la agencia sólo completó 9 inspecciones a lo largo de 2020 (NAI=Non Action Indicated; aquí información sobre la clasificación de las inspecciones una vez se han llevado a cabo).

HHS-OIG, la mayor oficina de inspección general del Gobierno Federal de EEUU, estimó que la FDA había inspeccionado sólo el 1% de los lugares donde se llevaron a cabo ensayos clínicos en el periodo 2000-2005.

LA “REVOLUCIÓN ESTADOUNIDENSE”

¿Cuál ha sido la reacción de los grandes medios de comunicación internacionales ante estas informaciones que ponen en entredicho, no sólo la seguridad de las vacunas mismas, sino el mismo crédito de una entidad que es un punto de referencia mundial para médicos y científicos? Probablemente la misma que en España, donde se ha corrido un tupido velo con una cobertura mínima o inexistente. En Diario 16 ya informamos sobre el escándalo y el subsiguiente control de daños de Facebook y otros fact-checkers tratando de desacreditar como dudosa una información debidamente documentada y revisada por pares

El cuestionable rigor y la falta de transparencia de la FDA en el proceso de aprobación completa de la vacuna de Pfizer anteriormente referido dio lugar a que en septiembre del pasado año un grupo de más de 30 científicos y profesores universitarios, entre ellos el propio Doshi, presentaran una solicitud FOIA (Freedom of Information Act) para que la FDA hiciera pública toda la documentación relacionada con la controvertida decisión de la agencia reguladora.

Las ulteriores solicitudes de la FDA al juez (primera y segunda) en relación al requerimiento FOIA provocan una mezcla de estupefacción e indignación: dado que los registros deben ser revisados para excluir «la información confidencial de negocios y secretos comerciales de Pfizer o BioNTech y la información personal de privacidad de los pacientes que participaron en los ensayos clínicos», la FDA propuso publicar 500 páginas al mes de forma continuada, señalando que “la sección responsable de la tramitación de las solicitudes FOIA para los documentos mantenidos por el CBER, la Sección de Litigios de Acceso y Libertad de Información del CBER, cuenta con diez miembros de personal: un jefe de rama y nueve miembros de personal a tiempo completo”.

Si realizamos un cálculo aproximado, a ese ritmo de trabajo la FDA tardaría al menos 55 años en publicar la documentación requerida (329.000 páginas y más de 126 archivos de datos con gran número de columnas y al menos 10.000 filas cada uno).

Ni se plantea la opción más lógica (lo sería en el caso de que quisieran ser transparentes) de realizar una ampliación de personal para satisfacer la demanda de una solicitud de tal importancia en un plazo razonable (los cuatro meses que pedían los demandantes). Independientemente del respaldo legal que pudieran tener las pretensiones de la FDA, es palmaria su intención de retrasar la publicación de la documentación.

Sería engañarse no querer ver que existe una evidente voluntad de ocultar a la opinión pública estadounidense (y mundial) información relevante sobre la vacuna de Pfizer.

Aaron Siri, abogado de los demandantes, expone la realidad con toda crudeza: «Si le resulta difícil de creer lo que está leyendo, es porque es distópico que el gobierno dé a Pfizer miles de millones, obligue a los estadounidenses a tomar su producto, prohíba a los estadounidenses demandar por daños, pero sin embargo se niegue a dejar que los estadounidenses vean los datos en los que se basa su autorización«. Recordemos que en EEUU la vacunación es obligatoria en militares, empleados gubernamentales y que trata de imponerse en el sector privado.

Si hablo de “revolución estadounidense” no es sólo por la mencionada solicitud FOIA, sino porque allí las dudas sobre la seguridad las vacunas de científicos y profesionales de la salud, muchos de ellos de gran reputación, son expresadas abiertamente y están a la orden del día (1 2 3 4)

Allí se está dando desde hace tiempo el necesario debate que aquí se ha cercenado.

La chispa que encendió la mecha el 14 de junio fue esta.

MÁS SOMBRAS EN LOS ENSAYOS CLÍNICOS: CASO MADDIE DE GARAY

Con la imparcialidad, rigor y la eficiencia en la supervisión de la FDA puestos en entredicho, ¿podemos confiar en que la agencia haya sido imparcial al valorar el dictamen de los investigadores que examinaron las graves secuelas de Maddie de Garay tras la segunda dosis de Pfizer?

El mismo Aaron Siri nos relata y documenta el drama de esta niña de 13 años, uno de los 1.131 participantes en el ensayo clínico de Pfizer para la vacuna COVID en niños de 12 a 15 años.

Un día después de su segunda dosis Maddie padeció un dolor paralizante (describió la sensación de que alguien le estaba «arrancando el corazón a través del cuello») que le condujo a urgencias. Durante los siguientes meses Maddie fue hospitalizada varias veces. Sufrió “numerosas lesiones sistémicas, requiere un tubo a través de la nariz que le lleve la comida y las medicinas, y una silla de ruedas como ayuda.”

“La Sra. de Garay documentó todos los detalles de las lesiones de Maddie y los comunicó al investigador principal del ensayo de Pfizer en el Hospital Infantil de Cincinnati, donde se estaba realizando el ensayo clínico de la vacuna y donde Maddie fue tratada e ingresada.  Primero intentaron tratar a Maddie como ‘’una enferma mental’’, diciendo a la familia que era algo psicológico y que estaba en la imaginación de Maddie.  Luego afirmaron que no estaba relacionado con la vacuna (copia de la grabación con el hospital más abajo), y cuando ese argumento fracasó, Pfizer incluyó este evento adverso traumático como ‘’dolor abdominal funcional’’ al informar a la FDA.”

“La Sra. de Garay informó de lo ocurrido a los CDC y a la FDA a través del VAERS en junio de 2021, pero nadie en estos organismos buscó información adicional ni hizo un seguimiento de los de Garay.  La Sra. de Garay también se puso en contacto con el Dr. Nath, jefe del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), quien respondió diciendo que ‘’lamentaba la enfermedad de su hija’’ y que ‘’ciertamente hemos oído hablar de muchos casos de complicaciones neurológicas por la vacuna y estaremos encantados de compartir nuestra experiencia con ellos.’’  (La copia de este correo electrónico está más abajo.) Desafortunadamente, aparte de una llamada concertada por el neurólogo de Maddie, no hubo ningún seguimiento ni respuesta por parte de los NIH ni de ninguna otra agencia sanitaria federal.  Incluso después de que la Sra. de Garay acudiera a un evento de prensa el 28 de junio de 2021 con el senador Ron Johnson, ni Pfizer ni ninguna agencia sanitaria se pusieron en contacto de ninguna manera para tratar la enfermedad de Maddie u obtener información adicional.”

Un inciso antes de continuar ¿Es suficiente el pequeño tamaño de los estudios en niños para detectar señales de efectos adversos? La propia FDA reconocía que no en la página 12 de este informe previo a la aprobación de la vacuna para niños de 5 a 11 años. Y añadía: “La seguridad a largo plazo de la vacuna COVID-19 en participantes de 5 a <12 años de edad se estudiará en 5 estudios de seguridad post-autorización, incluyendo un estudio de seguimiento de 5 años para evaluar las secuelas de miocarditis/pericarditis post-vacunación”.

No es exagerada la afirmación de que se está inoculando a millones de niños una vacuna cuasi-experimental para protegerles de una enfermedad que en ellos tiene muy escasa incidencia.

RAZONES SUFICIENTES PARA DESCONFIAR EN LAS AUTORIDADES SANITARIAS, EN LA GRAN CIENCIA OFICIAL Y EN SUS HIEROFANTES

¿Cómo pueden confiar los ciudadanos estadounidenses en los productos evaluados y aprobados por un supervisor que no supervisa con la debida diligencia y que obstaculiza la puesta en dominio público de la documentación que respalda una decisión controvertida de la que depende salud y la vida de millones de seres humanos?

¿Cómo confiar en una agencia reguladora cuyos procedimientos de control de conflictos de interés han sido burlados en el pasado mediante pagos a posteriori a los miembros de los comités encargados de asesorarla en la aprobación de medicamentos, tal y como mostró esta investigación de Science?

¿Es posible no desconfiar cuando, de ser una entidad financiada íntegramente por los contribuyentes, la FDA ha pasado a tener un presupuesto que en un 45% procede de las tasas que las empresas pagan cuando solicitan la aprobación de un dispositivo médico o un medicamento (con los incentivos perversos que ello supone, sirva este caso para ilustrarlo)?

¿Cómo tener confianza cuando las puertas giratorias FDA-Big Pharma en puestos de máxima responsabilidad están a la orden del día, empezando por el anterior director de la agencia y hoy alto ejecutivo de Pfizer, Scott Gottlieb?

¿Debería extrañarnos que menos de la mitad (48%) de los adultos estadounidenses crean a los funcionarios de salud pública cuando hablan de que las vacunas son seguras, según esta encuesta de Rassmusen Reports previa a la aprobación completa de la vacuna de Pfizer?.


En lo que respecta a España y Europa, carezco información que permita poner en cuestión los ensayos clínicos de las vacunas aprobadas por la EMA, la existencia de conflictos de interés u otras “impurezas” en sus procedimientos. Desconozco si existen mecanismos eficientes de control y fiscalización, sean internos o externos. Tengo la impresión de que en la EMA existe una mayor opacidad. Y de que ha existido en el ámbito científico y médico una pulsión corporativista más acentuada, manifestada en una voluntad de no querer saber, cerrar filas con las “vacas sagradas” (especialmente con la Santísima Trinidad de Gran Ciencia Oficial: EMA, FDA, OMS) y no arriesgar un ápice la imagen pública y el propio status socioeconómico expresando desacuerdo u objetando sus recomendaciones y decisiones

Sin una debida inquisición fiscalizadora (que debe partir de las personas destacadas dentro de la sociedad civil, más que de las máquinas burocráticas europeas) la pulsión democrática se pierde y la deriva autoritaria se hace posible. A lo largo del año pasado vi una efervescencia y justificada desconfianza en las autoridades en EEUU que no he visto en la esclerotizada Europa.

No hemos tenido un Robert Malone, un Peter Doshi o un Peter McCullough en España ni en Europa. Tampoco una Fox News, ni un Tucker Carlson. Y hasta hace muy poco no hemos tenido un Bret Weinstein o un Joe Rogan para dar voz y amplificar el mensaje de los científicos y médicos que disienten de la narrativa oficial en canales no mayoritarios (entrevistas de Beatriz Talegón a Antonio Alarcos y Joan Ramón Laporte)

Pero parece haber una cierta reacción en las últimas semanas y el camino siempre se hace andando. Por eso escribo esto.

En el entrecruzamiento de intereses comerciales, conflictos de intereses, peligrosas inercias, veleidades de gobiernos incompetentes y convulsiones geopolíticas, la extrema complejidad de todo lo relacionado con la pandemia y sus infinitas derivadas enturbia y enrarece el ambiente. Si quienes deberían hablar no hablan, la realidad falsificada acaba por tener validez generalizada en la sociedad y lo que era clima turbio se torna ambiente oscuro y denso que nos envuelve

Tan oscuro como las extensas porciones de texto expurgado en los contratos firmados por la UE con las farmacéuticas, a los que no tienen acceso completo ni los mismos europarlamentarios. Otro motivo para la sospecha. Quien a la luz de todo lo expuesto quiera convencerse de que se trata tan sólo de salvaguardar secretos industriales y comerciales peca de credulidad.

MENTIRAS NOBLES Y NO TAN NOBLES

Antes de continuar.

Lo que pretendo enfatizar, más allá de cuál sea la respuesta sobre la cuestión a la luz de lo que sabemos ahora, es que cuando las vacunas fueron aprobadas y a lo largo de la primera fase de vacunación, la afirmación de que eran seguras era falsa, dogmática y propagandística sin ningún género de dudas. Y si el lector piensa que no me falta razón, seguramente se planteará el interrogante de si quienes nos engañaron entonces tienen motivos para seguir haciéndolo ahora.

Espero haber fundamentado suficientemente que la tecnología que permite el uso terapéutico de ARNm es una tecnología aún no madura, lo cual entra en directa contradicción con la aseveración de que vacunas son seguras, algo que debe considerarse desde dos perspectivas.

Primero. No son seguras en comparación con vacunas desarrolladas con tecnologías bien conocidas en tanto que una nueva tecnología terapéutica jamás empleada a una escala importante implica riesgos no bien conocidos que pueden ser de carácter y alcance bien distintos. Esto es lo que permite definir a estás vacunas de ARNm, si no como experimentales en tanto que supuestamente han superado las fases de experimentación clínica exigidas a cualquier medicamento (aunque, como hemos visto, esto es una media verdad y hay aspectos no aclarados en los ensayos clínicos y en el controvertido proceso de autorización), sí como cuasi-experimentales.

Segundo. No son seguras si se considera la muy diferente incidencia de la enfermedad que pretenden prevenir según edades y comorbilidades del individuo a inmunizar, siempre teniendo en cuenta el primer punto. ¿Cómo es posible haber inoculado a millones de individuos en los que la incidencia de la enfermedad es escasa unos fármacos cuyos riesgos no eran conocidos ni en cuanto a carácter ni en cuanto a alcance? ¿Cómo ha sido posible pisotear de ese modo el sagrado principio de la medicina según el cual lo primero es no hacer daño?

Repito la pregunta, confiando en que algún “experto” se dé por fin por aludido: ¿cómo fue posible afirmar que una vacuna desarrollada con una tecnología no madura (recordemos: ni un solo fármaco de ARNm había superado la fase II) era segura cuando no se iban a evaluar efectos adversos graves más allá de 6 meses de forma controlada (ni siquiera eso: el grupo placebo fue vacunado en el gran ensayo de fase III)?

Pero no merece la pena perder el tiempo con señores que llevan meses entregados a la demagogia y a la propaganda, pues se van a limitar a una respuesta en esa línea, ignorando que lo que cuestiono es que se haya vacunado masivamente a población de riesgo medio, bajo o muy bajocon la excusa de que era necesario para lograr la inmunidad de rebaño (otra patraña) excluyendo el tratamiento temprano y profiláctico de la enfermedad (más patrañas: la de que el único tratamiento efectivo era la vacunación).

Esto es, y merece la pena reseñarlo, lo mismo que lleva diciendo ese “antivacunas” sometido a los rigores de la cultura de la cancelación llamado Robert Malone desde principios de verano.

Un inciso aquí.

No he visto a ni un solo científico español que haya tratado de entablar un debate serio con Malone o haya tratado de someter a crítica su postura, lo que presupone haberse tomado la molestia de comprenderla (como se puede constatar más abajo, el catedrático de parasitología Rafa Toledo no lo ha hecho, desde luego). Salvo excepciones, sólo he visto en la corporación científico-médica hispana panfletos difamatorios e invectivas plagadas de medias verdades y falsedades, ataques ad hominem (centrados en la polémica irrelevante de si es o no el inventor del uso del ARN con fines terapéuticos) y desprecios de todo tipo.



Los argumentos que pide @Dr_Pilgrim (Alejandro Pascual, Doctor en Bioquímica, biología molecular y biomedicina y estudiante de medicina), autor de la deplorable invectiva antes enlazada sobre un señor que tiene un currículo y unos méritos muy superiores a los suyos, son algunos de los que estoy exponiendo aquí, debidamente fundamentados y con referencias a literatura científica. En particular lo que se refiere a la toxicidad de S (spike).

¿Es este el espíritu de la ciencia?

A esto me refiero cuando dije al principio que quienes deberían hablar no han hablado. Es uno de los principales motivos por los que aquí nadie se ha enterado de lo que he denominado “revolución estadounidense” (que no se restringe ni mucho menos a Malone ni gira en torno a él, aunque sea el personaje más conocido… y menos comprendido).

En la raíz del error (más bien impostura) al valorar la seguridad de las vacunas está la ya mencionada equiparación con fines propagandísticos de vacunas desarrolladas con tecnologías de ARNm con vacunas tradicionales que utilizan componentes bien conocidos y cuyos efectos a medio y largo plazo son también bien conocidos y predecibles.

Decía antes que el carácter de esos riesgos puede ser distinto a los de vacunas desarrolladas con tecnologías tradicionales.

Esto es así principalmente porque estas vacunas no inducen la inmunidad de la misma manera: en las vacunas tradicionales el antígeno que induce la respuesta inmune forma ya parte del mismo inóculo, no se produce la transfección en el interior de la célula del material inoculado (nanopartículas lipídicas que encapsulan el ARNm), que es el que a su vez activa la maquinaria celular para producir antígeno.

Esa gran diferencia comporta nuevos riesgos, como debe saber cualquier biólogo molecular o especialista en disciplinas colindantes. Y esos riesgos desconocidos bien pudieran manifestarse en trastornos de carácter muy distinto a las vacunas tradicionales. Por ejemplo, alteraciones de procesos celulares que pudieran inducir patologías graves que evolucionarían silentes de manera subclínica y que se podrían manifestarse a medio o largo plazo en un porcentaje importante de la población tratada. Las casuísticas de lo que puede suceder a nivel molecular tanto antes como después de la traducción del ARNm son muy diversas y, por tanto, las alteraciones a nivel bioquímico con consecuencias potencialmente negativas para la salud son imposibles de predecir.

Del mismo modo, dado que es prácticamente imposible que los sistemas de farmacovigilancia detecten señales de efectos adversos de tipo subclínico, es también imposible predecir si esas ignotas (en parte, algo sabemos ya) alteraciones de carácter bioquímico acabarán manifestándose en patologías que pudieran afectar a una fracción importante de la población.

Esos son los motivos por los que afirmar que las vacunas eran seguras era faltar a la verdad.

Hemos asistido a la campaña de propaganda y manipulación masiva más intensiva y a mayor escala de la historia de la humanidad en tiempos de paz. Campaña cuyo fin ha sido conducir al rebaño humano (pues así ha sido tratado) al redil de la vacunación.

UNA EPIDEMIA DE ILOGISMOS: INVERSIÓN DE LA CARGA DE LA PRUEBA

Decía antes que esas alteraciones bioquímicas provocadas por la vacunación ya se conocen en parte. De entre las que causan patogenias ya conocidas (pero cuyos mecanismos subyacentes no están del todo claros). no voy a hablar, pese a que me surgen dudas respecto a su incidencia real. Por ejemplo, la trombocitopenia trombótica inducida por la vacunación, cuya incidencia podría ser mayor que los 17 casos por millón de los que informa la administración británica, según algunos estudios: en éste, de 18 autopsias realizadas 4 presentaban este tipo de trastorno. Lo mismo concluye este metanálisis.

Hace tiempo que es bien conocida la citotoxicidad y capacidad de desregulación de procesos celulares de la proteína spike o la subunidad S1 aisladas en estado salvaje (12345). Al mismo tiempo existen evidencias de la presencia de S1 y spike vacunales en el plasma de inoculados tras la primera dosis (fueron halladas en las 13 personas incluidas en el estudio). Asimismo, no son pocos los científicos que han manifestado su preocupación por el patrón de biodistribución de la vacuna.

No es exagerar ni faltar a la verdad afirmar que a la luz de la evidencia disponible la vacunación está induciendo la producción de millones de proteínas spike potencialmente dañinas que, de algún modo no bien conocido acaban circulando en el plasma sanguíneo (aquí el dr. Mobeen plantea varias hipótesis)

¿Cuál fue la reacción de los científicos y divulgadores españoles ante los nuevos datos?

Mayoritarios silencios sonoros y generalizadas reacciones a la defensiva para proteger la fortaleza de la Gran Ciencia Oficial y su donado “milagro”. Actitudes que son contrarias al sano y templado espíritu crítico que debe guiar la ciencia. Si el paper en cuestión armaba demasiado revuelo en redes sociales, sistemáticamente el Hierofante invertía la carga de la prueba para tranquilizar a la gres eximiendo a las agencias reguladoras y farmacéuticas de la responsabilidad de garantizar la seguridad de sus productos a la luz de las nuevas evidencias científicas que iban surgiendo, como en buena lógica tiene que ser. Siempre: “No hay evidencia de que esto cause ningún daño, demuéstrelo usted. Quiero papers, revisados por pares”.

¡Pero si debe suceder a la inversa!, como bien dice Robert Malone en esta publicación de su hoy suspendida cuenta de Twitter.


Que yo sepa, nadie ha demostrado que la spike vacunal no esté produciendo daños, es razonable pensar que puede estar ocasionándolos y siguen sin conocerse bien los mecanismos que subyacen a las coagulopatías que ya son admitidas como relacionadas causalmente con la vacunación.

La perspectiva cientificista que pide evidencias irrefutables en casos como este puede tener validez en la investigación científica en general pero no cuando está en juego la salud de millones de personas.

Y de ahí a la dramática destrucción del principio médico de primum non nocere ¿No hubiera sido prudente suspender la vacunación en la población de riesgo medio o bajo o al menos retrasar la aprobación completa como solicitaron formalmente a la FDA este grupo de científicos y profesores universitarios aduciendo razones de seguridad similares a las aquí expuestas?

Sucedió lo opuesto: a pesar de que no ha sido aclarada ninguna de las preocupaciones de los científicos peticionarios, la aprobación completa fue concedida poco después, el camino hacia la vacunación obligatoria fue allanado y la vacunación de niños fue autorizada.

La maquinaria de la vacunación masiva e indiscriminada, empujada por criterios y objetivos espurios que priman sobre los sanitarios, no podía detenerse.

“ANTIPARASITARIO PARA CABALLOS”

Menciono brevemente otro debate liquidado desde su raíz en España y que es uno de los episodios más infames de la pandemia: el tratamiento temprano y profiláctico, sistemáticamente excluido de la ecuación pese a la razonable certeza de la eficacia de ciertos fármacos baratos y con un alto perfil de seguridad como la ivermectina (utilizado anualmente a escala masiva en África Central en un programa de la OMS) donde el beneficio potencial era indiscutiblemente superior al riesgo. Así lo ha entendido la asociación médica estadounidense FLCCC, de la que forman parte doctores de reconocido prestigio como Paul Marik o Pierre Kory, que lleva actualizando este tipo de tratamientos con ivermectina desde octubre de 2020.

¿Cuál ha sido la reacción de nuestros hombres de ciencia? ¿Valorar la más que suficiente evidencia científica disponible (mecanismos de acción antiviral, recopilación de ensayos clínicos aquí; ya existía alguna evidencia de su potencial como antiviral antes de la pandemia en estudios in vivo e in vitro)? No. La respuesta fue el silencio cómplice y la propaganda asustaviejas siempre a coro con las agencias reguladoras y la OMS.


La doctora Tess Lawrie, autora del metanálisis revisado por pares sobre ivermectina antes citado, explica a partir del minuto 22 cómo la OMS sesgó las conclusiones sobre unos datos que eran favorables a la recomendación en su informe del 31 de marzo

He citado la ivermectina por ser el fármaco que más efectivo se había mostrado como antiviral, pero hay otros fármacos y suplementos que podían haber sido útiles y haber contribuido a reducir la morbilidad. Sin embargo, desde que hicieron acto de presencia las vacunas, éstas ocuparon todo el espacio y no se volvió hablar de ninguna alternativa o complemento.

Una persona que se contagiaba de COVID en marzo de 2020 recibía el mismo tratamiento que uno que los hacía un año después u hoy: ninguno. Guardar cama y rezar para no empeorar.

Ni una recomendación de alimentación para fortalecer el sistema inmune ante infecciones respiratorias, nada de suplementos con zinc o vitamina-D (en un país donde las personas mayores de 60 tienen déficits significativos) esenciales en infecciones respiratorias, nada de tratar combatir el virus en las mucosas en la fase inicial de la infección. Nada de invertir dinero en ensayos clínicos grandes para evaluar la utilidad de cada fármaco (en la UE y EEUU algo se ha hecho, muy poco y con enorme lentitud). La mayoría de ensayos clínicos, de tamaño no muy grande, se han producido en países en vías de desarrollo. Ni hablar de evaluación personalizada del riesgo (en la medida de lo posible entre ola y ola).

Nada.

Lo que nos han dicho los Hierofantes de la Gran Ciencia Oficial: “Ningún tratamiento se ha probado efectivo. Sólo las vacunas son eficaces frente al COVID. Guarde cama, tómese una aspirina y espere hasta que se ponga azul y tengamos que hospitalizarle”.

EN INCREMENTO DE ACCIDENTES CARDIOVASCULARES EN EL MUNDO DEL DEPORTE, ¿EL CANARIO EN LA MINA?

La sospecha, no exenta de razones, de que las vacunas puedan ser una de las causas principales del constante y absolutamente anómalo goteo de accidentes y fallecimientos por trastornos cardiovasculares en el mundo del deporte empieza a correr como la pólvora. Una observación: quien ha realizado la búsqueda de los percances y muertes de deportistas en la web enlazada ha logrado recopilar 72 eventos desde enero hasta junio de 2021 y 346 desde julio hasta diciembre (las cifras pueden variar cuando usted lea esto, pues la web se va actualizando). Recordemos que la vacunación de adultos jóvenes comenzó en la mayoría de los países a finales de primavera y a lo largo del verano.

¿El incremento de casos en 2021 es una percepción errónea debida a que quienes tememos el afloramiento de señales de efectos adversos no captadas en farmacovigilancia hemos puesto demasiado el foco en la cuestión? Sería fácil demostrarlo más allá de los ya clásicos desmentidos aparentes de los fact-checkers de turno que nada desmienten. Aún estoy esperando, por ejemplo, a que la FIFA presente una lista (no sólo cifras) de futbolistas de las principales categorías de fútbol nacional que hayan sufrido accidentes cardiovasculares o hayan muerto a consecuencia de ellos en años anteriores a 2021.

Y lo mismo con el resto de deportes.

Esos datos existen. En el hecho de que no se hayan presentado ya tenemos la respuesta a la pregunta.

Estos percances serían el canario en la mina, la punta del iceberg de algo que estaría ocurriendo en la población a nivel general. Deberían surgir señales próximamente dentro y fuera del ámbito deportivo. Señales como esta: el director general de OneAmerica Scott Davison, compañía de seguros de vida de Indiana, afirma que las muertes entre los empleados de 18 a 64 años de las compañías que tienen contratados planes de seguro de vida grupales han aumentado un 40% respecto a niveles anteriores a la pandemia. Según Davison la mayor parte de estos fallecimientos no están relacionados con el COVID.

Es una hipótesis razonable que necesitaría y merecería ser investigada, como pide el ex-futbolista del Southampton Matt Le Tissier. Veremos qué sucede en el ámbito de la ciencia y la medicina que aun goza de cierta independencia. Por motivos obvios jamás va a pasar de infundada teoría de la conspiración en el ámbito de la Gran Ciencia y de los grandes medios de comunicación donde campean sus Hierofantes. Y así lo considerará el gran público.

¿El sol? ¿El cambio climático? ¿El cambio de hora? ¿El estress? ¿La ira? ¿el long-COVID?



Lamentablemente, nada bueno podemos esperar cuando los ilogismos confusionarios revestidos de ciencia campan a sus anchas y ya han arraigado en la opinión pública. El terreno para que fructifique cualquier asociación causal insuficientemente fundada e incluso arbitraria está ya abonado.

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5 Comentarios

  1. Saludos desde Sevilla.

    Comparto con ustedes el cuento que escribí hace más de un año para explicar a mi hijo parte de lo que venía ocurriendo y que así pudiera comprender mejor lo que sucedía en estos tiempos complicados.

    Está fábula humilde y fácil de leer está registrada y próximamente (tras su mejor edición en la que estoy trabajando) será publicada «oficialmente», aunque me atrevo a decir que ya pudiera servir de algo y por ello me animé a divulgarla.

    Enlace de descarga gratuita:

    https://granitodearena420919190.wordpress.com/2021/04/20/cuento-de-las-rejas/

    Gracias a todos los que están procurando contribuir a mejorar su entorno en estos momentos difíciles…

    Ánimo, paciencia, discernimiento, dignidad, creatividad, confianza, constancia, fuerza, respeto y valor.

    Contacto:  

    cuentodelasrejas@protonmail.com

    .

  2. Otra cosa «sorprendente» es que no se ha vuelto a hablar de la inmunidad natural.
    Hace un año se dudaba de si era muy duradera o si duraría tan poco como la «protección» que proporcionaban las vacunas. El NY Times incluso se hacía eco de un estudio que concluía que 17 años después, antiguos enfermos de la epidemia de SARS 2004 seguían teniendo anticuerpos contra el SARS-CoV-1 responsable de la enfermedad; otros estudios hablaban desde semanas hasta años y otros decían que aunque surgiesen cepas nuevas, haber pasado la enfermedad conferíría ventaja sobre afrontarla «a pelo».

    Entonces nos dijeron que habría que esperar, que un año era poco tiempo y los resultados de los estudios era variopinta, que mejor vacunarse por si las moscas y no confiar demasiado en la inmunidad natural. Pues bien, ya han pasado dos años. ¿De verdad no se han seguido haciendo estudios? ¿Sigue siendo poco tiempo dos años? Millones de personas hemos pasado la enfermedad sin síntomas y muchos millones más con síntomas insignificantes. ¿Tenemos que inocularnos la vacuna experimental, a pesar de que, 1, ya hemos «entrenado» nuestro cuerpo para enfrentarse al covid, y 2, auqnue volviésemos a pillarlo, ya sabemos el daño que nos causó la primera vez: ninguno?

    Me parece que la desesperación e incompetencia de los políticos, incluidos los médicos politizados, más el negociazo que supone, va a hacer que tardemos mucho en saber si la inmunidad natural es de verdad más eficaz que la de las vacunas de ARNm actuales…

    Por no hablar de cuán torcida está una sociedad que desde el principio enclaustró a los sanos, fuertes y jóvenes en vez de llevar a zonas seguras y aisladas del virus (balnearios, centros vacacionales en el campo, la costa, etc) a la población de riesgo y dejar que la vida continuase para esa inmensa mayoría de personas que no enferman de gravedad por covid. Pero ese es otro tema, y más filosófico que sanitari.

  3. Excelente articulo, bien documentado y pormenorizado. Seria ideal que la Gran Ciencia Oficial desmintiera todo lo que se dice aqui. No va a pasar, solo aspiro a que lo lea alguien con dudas y curiosidad y se abstenga -como minimo- de pinchar a sus hijos. De los lobotomizados por los mainstream no espero nada.

  4. Muchas gracias por el artículo y la recopilación de la documentación que lo acompaña.
    Se centra en la peligrosidad de las vacunas de ARN mensajero y en las negligencias en sus procesos de aprobación y de uso.
    Un trabajo excelente.

    No habla de la INEFICACIA de las vacunas, de lo que prometieron y no cumplieron, de la estafa que han supuesto, de su fracaso repetido.
    Einstein decía que la locura es repetir la misma acción una y otra vez esperando un resultado diferente.

    No se ha hablado del RIESGO ACUMULADO dosis sobre dosis, de los efectos de la suma de ARN mensajero depositado en diferentes órganos -suprarrenales, aparato reproductor, circulatorio, corazón…-.
    No se habla de la SEGREGACIÓN SOCIAL asociada a la población que ha decidido libremente no inocularse este tratamiento farmacológico experimental. Según varios estudios, una población más informada que la vacunada.
    No se habla de la INCITACION A LA VIOLENCIA en los medios de comunicación.
    No se habla del CONTROL SOCIAL asociado a la vacunación a través del uso obligado del pasaporte BOBID.
    No se habla de tantas cosas de las que hemos de ir hablando por fin.
    Este proceso ha sido y sigue siendo un abuso y una humillación a la población camuflado de bien común.
    Aparentemente se ha pretendido HUMILLAR a los no vacunados pero a quien SE ESTÁ HUMILLANDO UNA Y OTRA VEZ A LOS VACUNADOS.
    Espero que se vayan dando cuenta ante evidencias tan claras como las que constata este artículo.
    ¡Salud!

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