Las presas de El Acebuche quisieron recibir a Ana Julia con pescaítos para mostrar su desacuerdo con el crimen del pequeño Gabriel. Los funcionarios de prisiones, sin embargo, los retiraron para evitar conflictos.

Aún así, la autora del asesinato de Gabriel es consciente de la hostilidad que despierta. A pesar de ello, se encuentra más tranquila y menos angustiada que en la prisión judicial, según reconoce su abogado de oficio.

Este penal, cercano a la autovía del Mediterráneo, tiene una población femenina de 60 reclusas. Hay cincuenta celdas para mujeres en forma de «L». La mayoría de los cubículos -que conformarían la parte larga de la letra- da al patio central. El resto de celdas forman parte de un área separada y aislada.

La previsible tensión entre Ana Julia y el resto de prisioneras ha llevado a la dirección penitenciara a aislar a la autora confesa del crimen de Gabriel Cruz. Se encuentra en un módulo aislado, acompañada las 24 horas del día de una presa sombra, una mujer argentina de 46 años que cumple condena desde hace más de 10 por asesinar a su marido.

Ana Julia pasa la mayor parte del tiempo en su celda, en la que tiene televisión y puede fumar, y tiene horarios separados tanto para salir al patio a tomar el aire como para la zona de comedor del penal.

Los letrados encargados de su defensa, Esteban Hernández Thiel y Beatriz Gámez, también han mostrado su preocupación por las circunstancias que rodearán el proceso judicial del caso. «Conseguir un jurado que no esté influido va a ser complicado», ha afirmado Gámez.

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