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Las plantas ¿son conscientes e inteligentes?

Isabel Bailo Domínguez
Isabel Bailo Domínguez
Profesora de educación infantil, técnica fitosanitaria cualificada, técnica medioambiental y forestal, madre a tiempo completo, actualmente estudiante de grado de historia y Rebelde con causa.
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análisis

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Gracias a los avances  tecnológicos y  científicos se han creado nuevos campos de ciencias, como la neurobiologia vegetal o también la Biomimética, (ciencia que estudia los modelos naturales para imitarlos y resolver problemas humanos).

La neurología vegetal propone que existen estructuras análogas en las plantas a las observadas en la fisiología animal. 

Estas estructuras permiten la comunicación entre los diferentes sistemas de las mismas, intercambiando información de manera parecida a la sinapsis ocurrida entre las neuronas.

Debido a esto, se están creando debates sobre qué es «consciencia».

Es un proceso complejo cuya definición y conceptualización es aún un desafío para quienes la investigan. Sin embargo, para su estudio, ésta, ha sido reducida a sus manifestaciones más simples que son:

Sintiencia: Capacidad de experimentar y responder al entorno.

El «estar despierto»:  Es el ejercicio de la capacidad de experimentar el mundo.

Mónica Gagliano es profesora  de investigación en Ecología evolutiva en Australia, y considera que, facultades como la capacidad de emitir una respuesta al medio o de administrar recursos, son manifestaciones de una consciencia . 

Stéfano Mancuso, es uno de los defensores de la llamada «neurobiología vegetal» y dirige el Centro Internacional de esta disciplina en la Universidad de Florencia. Argumenta con base científica la siguiente idea: las plantas duermen, tienen nuestros cinco sentidos y otros diez más, una importante vida social, son capaces de resolver problemas, aprenden y cuidan de sus hijos.  Las plantas, aunque carecen de sistema nervioso, tienen nervios, sinapsis e incluso el equivalente a un cerebro localizado en algún lugar entre las raíces que les permite poseer «una inteligencia comparable a la de los animales» .

Sin duda alguna, su obra maestra es su libro “Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal”.

Las plantas utilizan lo que se denomina «inteligencia de enjambre”, que les permite comportarse no como un individuo, sino, como una multitud y manifiestan comportamientos grupales similares a los de una colmena de hormigas, un banco de peces o una bandada de pájaros.

Ellas son organismos sésiles, es decir, que no pueden desplazarse y por eso han evolucionado de manera distinta, construyendo un cuerpo modular, carente de órganos únicos, son seres divisibles y dotados de numerosos centros de mando.

No tienen neuronas, ni nervios, pero si consideramos que las neuronas del cerebro de los animales son células que producen y transportan señales eléctricas, en las plantas la mayoría de las células ejercen este tipo de función. 

Y si nos fijamos en la raíz, sabemos, que hay una producción mayor que en el resto de la planta de células que transmiten señales eléctricas.

Suzanne Simard profesora de ecología vegetal en la universidad British de Columbia descubrió las  «madres árbol» (grandes árboles longevos) que nutren el bosque tan profundamente como lo hacen las familias y las sociedades humanas.

Suzanne, llevó acabo un experimento en el bosque canadiense, marcó las hojas de los abedules con isótopos de carbono C13 y C14 y comprobó que se realizaba una transferencia a pequeños vecinos de otra especie, como abetos que se encontraban en la sombra, y viceversa. Durante el invierno, esos isótopos regresaban a los abedules más jóvenes que no poseían hojas.

De este modo, descubrió que existe una conexión subterránea en los bosques, una red de raíces y micorrizas que funcionan como distribuidoras de nutrientes, así nació la idea de que al igual que los humanos tenemos red de internet, los vegetales tienen su propia red de internet del bosque. Impresionante…¿no?

Las plantas tienen la inteligencia de esquivar obstáculos sin tocarlos, de doblarse para ir en busca de la luz, de transmitir olores en su beneficio e incluso de alimentarse de  nutrientes de seres vivos, ( come-moscas).

Saben trepar, expulsan toxinas cuando se ven atacadas ( como las acacias en África, cuando las jirafas se alimentan demasiado de ellas).  

También tienen memoria y recuerdos. Solo hay que fijarse en los aros concéntricos del interior de un árbol: allí nos indican qué año ha sido más seco, si ha habido menos nutrientes, si hizo más frío, etc.

Y con respecto a los recuerdos, hay numerosas investigaciones donde se han trasladado plantas de la misma especie, de hemisferios más fríos a tierras más  templadas, y estas mismas plantas, empezaron antes a tirar las yemas: se comportaron como si el invierno durará más tiempo, estando en climas más cálidos. 

También poseen otras estrategias para relacionarse sensorialmente con su entorno, como detectar la gravedad y los campos electromagnéticos.

Por lo que sí, sí que hay similitudes entre los dos reinos. 

Mancuso sostiene que no hay diferencias entre la inteligencia de animales y plantas. El problema de la inteligencia es su definición.

Solemos limitarla al ámbito humano o a animales parecidos al ser humano, pero creo que eso limita un fenómeno biológico más amplio. 

La definimos como «la capacidad de resolver problemas»

 Si vemos así la inteligencia, todos los seres vivos han de solucionar problemas. Y si no, la evolución se encarga de que desaparezcan.

Eso, en términos darwinianos, sería la capacidad de adaptación… Podría ser, en un cierto sentido. Pero, a diferencia de la capacidad de adaptación darwiniana, que requiere mucho tiempo, la inteligencia se considera en el transcurso de una vida.

Darwin define la inteligencia como una herramienta que se desarrolla a lo largo de la vida, y la idea de Mancuso es muy parecida a la de Darwin: es algo que está tanto en las bacterias como en los hombres, pero difiere en cantidad.

Pienso que hacer visible una dimensión de la realidad a la que nunca le hemos prestado la atención que merece, es un descubrimiento extraordinario.

La nación vegetal no tiene fronteras y cree que todos los individuos son siempre recursos, no costes ni problemas.

La nación de las plantas reconoce y garantiza la práctica de la ayuda recíproca y el apoyo mutuo entre las comunidades naturales de seres vivos.

La nación de la plantas no reconoce la jerarquía animal, fundada en centros de mando y funciones específicas, y promueve las democracias vegetales difusas y descentralizadas.

Las plantas son tan raras, según nuestros parámetros antropocéntricos, que están diseñadas para ser comidas por los animales.

Así logran que estos las protejan, las cultiven, las alimenten, las hagan viajar.

Sus estrategias de supervivencia y de adaptación han sido, desde siempre, totalmente distintas de los animales, porque las plantas apostaron por las raíces, por el sedentarismo. Su necesaria relación con las especies motrices siempre se basó en la seducción.

Las plantas nos seducen sobre todo por su fruto, a través de él se aseguran de que las cuidaremos y las difundiremos. 

Como dice Mancuso:

El tabaco invierte un 30 por ciento de su energía, más o menos lo que un ser humano invierte en su vivienda, en producir nicotina, con el único objetivo de generar dependencia en los animales que lo consuman.

Creo que el error humano está, en pensarlas como animales minusválidos, a quienes les falta algo, movimiento… cerebro, mirada.

Conclusiones:

– Hay que acercarse a ellas al revés, sin el prejuicio animal 

– Son una forma increíble de inteligencia, como de otro planeta

Imaginemos… si alguna vez llegara al planeta Tierra una nave alienígena, su tripulación seguramente se dirigiría a las plantas, vería en ellas a sus interlocutores naturales, pues constituyen el 81,8 por ciento de la vida de nuestro planeta.

Y a la inversa: para poder entenderlas, para poder narrarlas, hay que pensar que las plantas son “extraterrestres». 

( Una película muy recomendable para saber qué significa entenderse através de nuevos lenguajes e inteligencias, es,

 «La llegada» del director Denis Villeneuve, y que recibió varios Óscar a la mejor película).

«Sin el reino botánico no existirían el oxígeno ni la atmósfera ni los alimentos. De ese reino depende la vida entera del planeta Tierra»

Así que… abramos la mente y sigamos estudiando, para poder entender un nuevo lenguaje, el de la inteligencia de las plantas.

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