Mientras el mundo siga bajo la dictadura de las grandes multinacionales farmacéuticas, la lucha contra la pandemia seguirá marchando al ralentí. La humanidad necesita imprimir mucha más velocidad de crucero a las diferentes campañas de vacunación pero el ritmo, la cantidad de dosis producidas y la distribución siguen bajo estricto control de las grandes compañías. Solo la liberalización de las patentes y las licencias podría lograr que algún día los estados puedan tomar el control y fabricar las vacunas para proteger a la población más allá de criterios puramente empresariales y comerciales, tal como ocurre cuando funciona el Estado de bienestar.

El Sindicato de Enfermería Satse ha propuesto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que reclame ante la Unión Europea y la Organización Mundial del Comercio (OMC) la liberalización de las patentes de las vacunas contra el covid-19 para posibilitar su acceso a los países con menos recursos económicos.

En una carta dirigida al presidente del Gobierno el pasado 19 de abril, el presidente de Satse, Manuel Cascos, ya le trasladó la necesidad de que España se sume a la demanda realizada por expertos, políticos, organismos internacionales y otros países de que las normas sobre la propiedad intelectual de las vacunas y otras medicaciones contra el virus que no constituyan un freno a su uso en cualquier parte del mundo y se apruebe, por ello, una exención de emergencia con carácter temporal.

De igual manera, Satse se sumó hace semanas a la petición realizada al Consejo de Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) desde Global Nurses United (GNU), una federación internacional que une sindicatos de enfermeras y trabajadores de la salud de 29 naciones, para que apoyase la “exención de determinadas disposiciones del Acuerdo sobre los ADPIC para la prevención, contención y tratamiento del covid-19”.

El sindicato subraya que la colaboración internacional y la inversión pública han contribuido de forma determinante  en el coste del desarrollo de estas vacunas, por lo que las compañías farmacéuticas no deberían imputarse a sí mismas todo el esfuerzo económico en su producción y, en cualquier caso, ante una emergencia de salud pública mundial, no deberían prevalecer los criterios que habitualmente operan en el ámbito farmacéutico en materia de patentes y caducidad o liberalización de las mismas.

“La pandemia nos ha hecho conscientes de los efectos de la globalización en la salud de la población mundial y cómo el dejar atrás a la mayor parte de la humanidad, que vive en países de ingresos bajos o medianos, será, aparte de las consideraciones éticas y humanitarias, un lastre inasumible en la lucha contra el desarrollo de nuevas variantes de este virus que afecten a toda la población, incluso a la ya inmunizada”, apunta.

Según Satse, en estos momentos lo que necesitamos son líderes responsables y comprometidos que no tengan una visión cortoplacista y que sean conscientes de la necesidad de impulsar una salud pública global que requiere de una inversión coordinada y una solidaridad estratégica, ya que nuestra recuperación está unida a la del resto de la humanidad y no estará garantizada hasta que se den los pasos necesarios para facilitar el acceso a estos productos.

Por último, el presidente de la organización sindical recuerda a Pedro Sánchez que las enfermeras y enfermeros y fisioterapeutas, desde la primera línea de la respuesta a la pandemia en todos los países, han sido testigos del dramático número de muertes y el inmenso sufrimiento causado, por lo que son los primeros en reclamar que las personas de todo el mundo puedan recibir las protecciones y tratamientos que necesitan urgentemente para luchar contra el virus.

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