Laboratorios de China y Estados Unidos se han lanzado a una frenética carrera por lograr una vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2, responsable de la neumonía covid-19 que está provocando miles de muertos en todo el mundo. Quien lo logre no solo se alzará con la gloria de haber librado a la humanidad de un auténtico infierno en la Tierra, sino que se hará con la codiciada patente, que dicho sea de paso hará inmensamente rico a quien la posea. Diario16 viene publicando una serie de informaciones sobre el oscurantismo y la falta de transparencia que ha rodeado las patentes de comercialización y la experimentación con coronavirus humano desde los años sesenta del pasado siglo, cuando fueron descubiertos.

En mayo de 2013 la propia Organización Mundial de la Salud alertó, durante una de sus asambleas anuales, de que algo no se estaba haciendo bien con los coronavirus humanos, un material genético tan apetecible desde el punto de vista mercantil como altamente peligroso. Así, la entonces directora de la OMS, Margaret Chan, denunció que las patentes relacionadas con nuevas cepas de coronavirus en manos de empresas privadas estaban limitando la capacidad de investigación científica e impidiendo que las naciones ofrecieran una debida protección a sus ciudadanos. Además, el viceministro de Salud, Ziad Memish, expresó su preocupación por el hecho de que los poseedores de la patente del virus MERS-CoV (un antecedente y primo hermano del covid-19) no permitieran a los científicos utilizar el material patentado, lo que retrasaba el desarrollo de pruebas de diagnóstico y de las respectivas vacunas.

Hoy mismo, tal como publica Diario16, se ha sabido que Médicos Sin Fronteras (MSF) ha denunciado los abusos que se vienen cometiendo en la investigación y explotación empresarial de los coronavirus humanos. “Exigimos que no se patenten ni se saque provecho de los medicamentos, los test o las vacunas para la pandemia del covid-19, y que los gobiernos se preparen para suspender y anular patentes y tomar otras medidas, como el control de precios, para garantizar la disponibilidad, reducir el precio y salvar más vidas”, asegura un comunicado de MSF. La oenegé se muestra muy “preocupada” por la falta de transparencia de este sector, urge a tomar medidas para que todos los países puedan acceder a bajo precio a los fármacos que se vayan descubriendo e insta a las grandes empresas farmacéuticas y de diagnóstico a compartir información y a “ser parte de la solución en lugar de ser parte del problema”.

El uso comercial de los coronavirus y de fármacos asociados no es algo nuevo. Las patentes para los virus de la familia “corona” se vienen solicitando desde los años 90 del siglo XX, entonces con una finalidad veterinaria. Curiosamente, la primera relación del virus H5N1 (una cepa altamente patógena de la gripe aviar) con enfermedades respiratorias humanas se produjo en Hong Kong en el año 1997, cuando fueron descritos 18 casos de contagio en mercados de venta de aves vivas. Cómo saltó de animales a seres humanos es algo que sigue siendo objeto de debate científico. Además, se ha comprobado que cada vez que estalla un brote epidémico en Asia se dispara la actividad empresarial y comercial en este sector de la investigación, pese a que los coronavirus humanos son entes biológicos difíciles de cultivar en laboratorio. Así, en 2003 y en 2014 este tipo de solicitudes de patentes aumentaron tras las crisis provocadas por enfermedades como la gripe aviar y el SARS-CoV.

La investigación veterinaria siempre ha estado interesada en los coronavirus, ya que estos gérmenes ocasionan una serie de enfermedades en animales de granja y mascotas domesticadas que pueden ocasionar graves pérdidas a la economía, sobre todo a la industria agrícola y ganadera. Pollos de corral, gallinas, cerdos y reses porcinas y bovinas son propensos a contraer este tipo de afecciones y desde hace décadas los investigadores han experimentado para encontrar remedios eficaces no solo por hacer un bien a la humanidad sino porque detrás había suculentos negocios.

Tras el estallido de la pandemia por covid-19, la Oficina Europea de Patentes (EPO) ha registrado un incremento en las primeras solicitudes de registro de medicamentos contra el coronavirus, pero aún son “muy pocas” y “secretas”, asegura a la Agencia Efe su portavoz de Comunicación, Luis Berenguer, quien rehúsa precisar el “contenido exacto” ni quiénes son sus depositantes. Esta información ha sido recogida por el periódico Cinco Días en su edición del pasado 18 de marzo, ya en plena epidemia. Cinco Días confirma que desde el estallido de la crisis en la provincia china de Wuhan se ha detectado “mayor interés” “sobre estas patentes por las preguntas que reciben y las búsquedas que se realizan a través de mecanismos oficiales en la base de datos de la EPO, asegura Berenguer, quien hasta finales del pasado año fue director de Comunicación de la Oficina de la Propiedad Intelectual de la UE (EUIPO, por sus siglas en inglés)”. Desde finales de los 90 hasta hoy la Oficina Europea de Patentes ha recibido unas 390 solicitudes de patentes, de las que ha registrado 152, 15 de ellas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, según Berenguer.

Hace unos días el Ministerio de Defensa de China anunciaba que ha logrado desarrollar “con éxito” una vacuna contra el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y ha autorizado las pruebas en humanos, aunque no precisó cuándo comenzarían tales ensayos. Según Efe, la vacuna está preparada para llevar a cabo “una producción a gran escala, segura y efectiva”, tal como explica la epidemióloga Chen Wei, líder del equipo de investigación de la Academia Militar de Investigación Médica, dependiente de la Academia Militar de Ciencias, que ha desarrollado el medicamento. Casi al mismo tiempo, Estados Unidos ha iniciado pruebas en humanos de otro prototipo de vacuna. Por su parte, la Unión Europea ha reclamado que se comparta información con los laboratorios del mundo para poder “desarrollar una vacuna que esté disponible para todos los que la necesiten”. El propio Pedro Sánchez ha exigido que “el dinero no debe ser un impedimento para hacer todo lo posible para controlar esta epidemia”. Lamentablemente, las grandes multinacionales y laboratorios farmacéuticos parecen ir por otro camino mucho menos solidario y altruista. Porque una pandemia puede ser una gran tragedia para la humanidad pero un inmenso negocio para unos pocos.

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