Al término de su reunión con Pedro Sánchez, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, salió ante los periodistas para defender su gestión en la crisis provocada por la pandemia de coronavirus. Tras quejarse de que no hay médicos y enfermeras suficientes en España para cubrir las plazas de hospitales y centros de Atención Primaria (una falsedad que ha sido debidamente desmontada por Diario16), la lideresa se refirió a la escasez de rastreadores, especialistas de vital importancia para detectar el covid-19 en los primeros momentos de un contagio, tal como recoge la Organización Mundial de la Salud. Contar con rastreadores es fundamental para contener los brotes que se vayan produciendo. Un rastreador busca a los contactos con los que haya podido estar cada persona contagiada y avisa a esos contactos −preferiblemente cuando todavía son asintomáticos− para que se confinen antes de seguir contagiando a más gente. Hablamos por tanto de un servicio fundamental en la lucha contra la epidemia, una herramienta que puede salvar miles de vidas humanas y que, pese a todo, se encuentra claramente en precario en la Comunidad de Madrid.

El lunes, tras su reunión con Sánchez, Díaz Ayuso negó la mayor. “Es un mantra. No estamos parados, pero tal y como estamos hablando de las cifras de Madrid para que el rastreo fuera eficiente harían falta millones de rastreos constantes”, despachó la cuestión la presidenta regional. Una vez más, la lideresa no dijo la verdad. No hacen falta millones de rastreadores en Madrid (de nuevo el lenguaje coloquial y por momentos hasta pueril le juega una mala pasada a Díaz Ayuso) sino los que son necesarios, es decir, los que aconseja la OMS en sus informes oficiales.

Los estándares internacionales apuntan a que se requiere un rastreador por cada 5.500 habitantes, 18 por cada 100.000. En la actualidad hay alrededor de 800 rastreadores trabajando en la Comunidad de Madrid, una cifra claramente insuficiente si tenemos en cuenta la población de ese territorio (6,6 millones de habitantes). La propia Díaz Ayuso ha expresado su deseo de que cuando termine este mes se pueda contar con 1.100 rastreadores y que en octubre la plantilla pueda alcanzar las 1.500 personas contratadas.

Los sindicatos, por su parte, llevan meses pidiendo a la presidenta que fiche más rastreadores, pero la petición se ha ido aparcando sucesivamente hasta hoy, cuando los datos de la pandemia en Madrid son los peores de toda Europa. De esta manera, los portavoces sindicales denunciaron días atrás la deficitaria situación. “No se está contratando en la medida en que dijo el consejero que se iban a contratar”, aseguró Julián Ordóñez, de UGT. Desde este sindicato inciden en la importancia que tienen los rastreadores en la contención del virus. “Si hay rebrote, supone el colapso del sistema sanitario. Para evitarlo hay que tener el sistema con músculo suficiente, tener cualquier posible foco perfectamente localizado y ver todos los contactos que se hayan tenido para proceder a un aislamiento muy temprano”, insistió Ordóñez. 

Extraña la desidia que ha mostrado el Gobierno regional en este asunto, más si cabe cuando el propio Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, ya ha dicho que “no es necesario que los rastreadores sean profesionales sanitarios”, de manera que se podría haber recurrido a estudiantes o personas en paro con una mínima formación universitaria. Como también llama la atención que la Sanidad madrileña esté desbordada pese a haber recibido 1.500 millones de euros en fondos covid aportados por el Gobierno central a la Comunidad de Madrid. ¿Por qué no se ha destinado parte de ese dinero a contratar rastreadores? Nadie en Puerta del Sol ha sido capaz de explicarlo todavía.

Pero es que a la falta de inversión (y de transparencia) se unen las sospechosas maniobras privatizadoras de este servicio en la primera región del país. Según una reciente publicación del diario Público, el Gobierno de Díaz Ayuso adjudicó “por la vía de emergencia y sin publicidad un contrato a Indra y Telefónica por 421.080 euros con impuestos. Como ha adelantado El Boletín y ha conformado este medio, se hizo en el mes de mayo, pero no se ha hecho público en el Portal de la Contratación Pública del Gobierno regional hasta ahora”. La privatización estaría afectando, según este diario, al servicio telefónico del rastreo de contactos.

Otros indicios de privatización los aporta la Cadena Ser en una información publicada en su página web en el mes de agosto. “La Comunidad de Madrid le ha adjudicado 194.000 euros públicos al grupo Quirón, que es uno de los grandes actores de la sanidad privada. 194.000 euros públicos a cambio de 22 rastreadores durante tres meses. Ayuso y Aguado, PP y Ciudadanos, sabían desde hace cuatro meses que necesitaban rastreadores, pero ahora tienen que privatizar el servicio por procedimiento de urgencia. Lo hemos conocido hoy, pero esto se firmó el viernes pasado, cuando el consejero estaba polemizando en público con Fernando Simón”, aseguraba la cadena de radio.

Pese a la nefasta gestión, Ayuso sigue persistiendo en el fraude a los ciudadanos madrileños: “Nuestra política está siendo de detección del virus, antes, y ahora de normativa para aplicar cuarentenas”, a lo que añade: “No hay que parar, hay que seguir con los rastreos, seguir, sobre todo, con normativa que nos ayude a que las cuarentenas sean efectivas, seguir detectando dónde se producen esos contagios y seguir adelante. Madrid tiene que aprender a convivir con el virus. Con cuarentenas, con estrategias, con firmeza, con cumplimiento de la ley”. Con todo menos con médicos y rastreadores, cabría decir.

Así las cosas, el punto de cordura y realidad lo pone la Asociación Madrileña por la Sanidad Pública, que estima que harían falta, como mínimo, 2.600 rastreadores en la Comunidad de Madrid, muy lejos de las cifras que baraja Díaz Ayuso. Con todo, y aunque los refuerzos previstos para el próximo mes octubre se antojan una buena noticia (en el caso de que la presidenta cumpla esta vez con su palabra, lo cual está por ver) la medida llega tarde. Lamentablemente, numerosos expertos epidemiólogos advierten con resignación que el rastreo resulta eficaz en los primeros días tras el estallido de una pandemia. Seis meses después, el virus está tan extendido y propagado que ni un ejército de millones de esforzados rastreadores, tal como dice Díaz Ayuso, pueden contenerlo ya.

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