Tras su reunión de ayer con Pedro Sánchez, Isabel Díaz Ayuso compareció ante los periodistas para defender la gestión de la Comunidad de Madrid en la crisis del coronavirus. IDA mostró su lado más sosegado, dialogante y dúctil, muy lejos de aquella presidenta que en el mes de marzo, en plena pandemia, se sentía fuerte, arrogante y segura de sí misma cuando alentaba las manifestaciones de los “cayetanos” del barrio de Salamanca contra el Estado de Alarma decretado por el Gobierno central.

Hoy Ayuso se siente acorralada por los nefastos datos del coronavirus y aquellas palabras de antaño que invitaban a la confrontación, al rechazo y a la resistencia contra el enemigo Gobierno socialcomunista han sido sustituidas por otras mucho más tolerantes como comprensión, cooperación, colaboración, unidad y superación de las diferencias. La IDA guerrera ha dado paso a la IDA pacifista y condescendiente con los peligrosos bolivarianos; la IDA insumisa y rupturista con el poder central se ha transformado en una IDA pactista que enarbola la bandera de la armonía y la coordinación entre las Administraciones del Estado; y la IDA “trumpista” y ultraliberal se ha plegado al intervencionismo socialdemócrata más descarado y cualquier día la vemos en una manifestación en Vallecas o en Usera, levantando el puño y la rosa y defendiendo el Estado de Bienestar como una roja más. Resulta fascinante esa capacidad para cambiar el discurso como una serpiente que cambia la piel para sobrevivir.       

Sin embargo, en su nuevo discurso sobre la paz, la tolerancia y la solidaridad entre los gobiernos y los pueblos, IDA desliza algunas de sus habituales mentiras que conviene no pasar por alto. Una de las patrañas más repetidas por la presidenta popular es que Madrid no cuenta con personal suficiente para reforzar los hospitales y centros de salud de barrios y municipios. “España tiene un problema evidente de médicos y de enfermeros. No nos podemos engañar, no hay médicos en España. Ese problema lo tenemos todas las autonomías y todos los presidentes”, aseguró ayer la presidenta madrileña.

No obstante, basta con echar un vistazo a los datos oficiales para concluir que esa afirmación es tan falsa como una moneda de dos caras. En el mes de marzo, ya en plena pandemia de covid-19 en nuestro país, el paro entre los profesionales de la medicina seguía siendo galopante. Según publicaba la revista Redacción Médica, “entre los médicos graduados el paro ha aumentado hasta un 18,90 por ciento” y eso pese a que la epidemia golpeaba con fuerza y se necesitaba personal en casi todas las especialidades. Así, a mes de marzo los Servicios Públicos de Empleo registraban 2.814 médicos demandantes de empleo, de los cuales 1.605 eran parados de larga duración. Pero no queda ahí la cosa. Según datos de la Organización Médica Colegial (OMC) de España, entre el 1 de enero y el 1 de julio de 2019 se tramitaron en todo el país un total de 2.540 certificados de idoneidad para trabajar en el extranjero que corresponden a las solicitudes cursadas por 1.671 médicos. Es decir, un aumento del 20 por ciento respecto al mismo período del año anterior, cuando se liberaron 2.115 permisos. La mayoría de los “médicos exiliados” por el sistema (muchos de ellos los mejores cerebros y talentos formadas en las mejores facultades de Medicina) marchan a países como Reino Unido y Francia. Se trata de magníficos profesionales titulados en especializaciones donde la mano de obra escasea como Medicina Familiar y Comunitaria, Anestesiología, Reanimación y Pediatría (precisamente la falta de pediatras empieza a ser un problema alarmante en muchos centros de salud madrileños).

¿Qué quieren decir todos estos datos oficiales? Que muchos jóvenes médicos no encuentran trabajo cuando salen de la universidad y que otro elevado porcentaje ha tenido que buscarse un empleo fuera de España, sobre todo a raíz de los brutales recortes que fueron decretados por el Gobierno de Mariano Rajoy en la Sanidad Pública a partir del año 2012. Todo ello por no hablar de los sueldos miserables, de las jornadas extenuantes y en general de las deplorables condiciones laborales que han llevado a la huelga a los profesionales del sector en los últimos días. Según los estudios de las asociaciones sanitarias, los sueldos de los médicos jóvenes apenas superan la condición de mileurista. Además, las diferencias retributivas son injustificables, hasta 3.000 euros de diferencia salarial entre los MIR (médicos internos residentes en período de formación) que trabajan en lugares como Canarias −la comunidad donde más alto es el sueldo base, guardias aparte− y los de Madrid, Castilla-La Mancha, Asturias o La Rioja, las regiones con las remuneraciones más bajas. Los sindicatos se han quejado en reiteradas ocasiones de que los MIR se han convertido “en mano de obra barata, siendo sometidos a una alta presión física, psicológica y académica, con un sueldo-beca que ridiculiza toda la labor que ejerce”. En general, los médicos jóvenes se quejan de que es imposible vivir en Madrid con esos salarios debido al alto coste de la vida en la capital de España, de modo que muchos deciden probar suerte en otras comunidades autónomas. Talentos de la medicina convertidos en mochileros en busca de un trabajo. Ningún país debería consentir eso.

No mucho más boyante es la situación de los profesionales de la Enfermería. Si bien es verdad que con la pandemia ha descendido un 53 por ciento el paro entre diplomados y licenciados respecto al mes de febrero, en la actualidad hay más de 10.000 enfermeros y enfermeras inscritos como demandantes de empleo, de los cuales 5.656 se encuentran en el dique seco. En cuanto a los farmacéuticos, hay más de 4.000 profesionales sin trabajo (2.736 parados oficialmente contabilizados). No, señora Ayuso. En España no falta personal médico. Los tenemos y muy buenos. El problema es que están trabajando como dependientes y cajeros de supermercados, o fuera de España, o en otros empleos que nada tienen que ver con la profesión que han elegido porque nadie los contrata o porque los sueldos son tercermundistas. Y eso es así por las políticas neoliberales impulsadas por el PP en comunidades autónomas como Madrid, donde la Sanidad Pública (pilar fundamental del Estado de Bienestar) ha terminado por ser desmantelada sencillamente porque gente como IDA y otros fieles discípulos del libre mercado sin control no creen en ella y sueñan con venderla al mejor postor algún día.

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