Leía hoy en la COPE una noticia plagada de mentiras. Lo preocupante, no sólo por la difamación que supone en este caso para la que escribe, es el efecto que sus mentiras puede tener.

Afirma en esta pieza que yo he cambiado de criterio respecto a los «escraches». Una falacia cargada de mala intención.

Jamás, repito, jamás en mi vida he visto aceptable acosar a ninguna persona de ningún partido. Ni acudir a sus domicilios, ni chillarles cuando acuden a un teatro, cuando pasean por la calle o cuando están con su familia. Nunca. Y me molesta especialmente porque llevo años criticando esta «moda» que se puso en marcha en su día, y por la que, precisamente me enfrenté a Ada Colau cuando tuvieron algunos la «feliz idea» de forzar una situación lamentable cuando acudí a una manifestación contra los desahucios y tuve que salir protegida por la Policía Nacional.

Al día siguiente Pablo Iglesias recriminó igualmente la actitud de aquel pequeño grupo de violentos que se pasaron más de una hora gritándome, llamándome «asesina» por militar en el PSOE. Esa misma noche tuve un «cara a cara» con Colau en un programa emitido en Telecinco. En ese programa pude decirle claramente que lo de acosar a la gente, insultarla o agredirla «por pertenecer a un partido», era inadmisible.

Para poderlo comprobar, aquí está el video.

Como el asunto generó debate, tuve que hablar en varios lugares sobre mi postura al respecto.

Y fue entonces cuando salió publicado un comunicado oficial, creo recordar de la PAH, que explicaba que los escraches tenían una manera concreta de hacerse: sin insultar, y siendo, en definitiva, piquetes. Lo que los sindicalistas habían hecho durante toda la vida. En ese contexto y en ese sentido expliqué que «si los escraches eran como los piquetes», respetando la intimidad de la gente, sus casas, sus familias, sin insultar, y sencillamente se ceñían a ser actos informativos en las puertas de los partidos, de organismos públicos, adelante. El derecho de manifestación y de expresión está para eso.

Pero lo que jamás he defendido, nunca, en ningún caso es acudir a la casa de nadie, acosar a una persona, a su familia, bajo ningún concepto.

Y lo he dicho durante años, durante siete años, en los medios de comunicación en los que he colaborado, tanto en televisón, radio o prensa escrita. Siempre he dicho lo mismo: no me gustan los escraches que acosan e insultan intimidando a quien sea. He defendido a políticos de distintos partidos cuando se les han hecho estas canalladas. A Cifuentes, por ejemplo lo recuerdo bien. Pero no fue la única, porque siempre he mantenido el mismo criterio. El mismo.

Ni a Pablo Iglesias ni a Sanitago Abascal. Ni a Abalos ni a Colau. Dejad a la gente en paz porque todos tenemos derecho a nuestra intimidad, a rendir cuentas por nuestro trabajo pero a que jamás se traslade a la esfera íntima la diferencia de opiniones.

A los que pilotan La COPE les haré llegar la respectiva carta ejerciendo mi derecho de rectificación. Porque podría dejarlo pasar, pero me parece grave que pretendan ponerme en una diana dando a pensar lo que jamás he sido: una alentadora de intimidación. Que es, precisamente lo que algunos quieren empezar a alimentar: hoy en casa de uno, mañana en casa del otro.

Con una guerra civil reciente hemos tenido más que suficiente para saber que tenemos gente lo suficientemente nefasta, sin moral y sin ética como para perseguir a otros por sus ideas. Nunca más.

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