Cada vez son más los hombres que están interesados en controlar su propia fertilidad y que esperan la llegada del anticonceptivo definitivo para ellos. Pero como aseguró a eldiario.es Roberto Lertxundi, miembro de la Sociedad Española de Contracepción, “a corto plazo no veo ninguna esperanza de que se desarrolle un anticonceptivo masculino, estamos peor que hace 10 años”. Para este ginecólogo el problema no es científico ni técnico, ya que “hace más de 10 años que estábamos a las puertas de tener el equivalente a la píldora, pero se paró porque no es negocio para las compañías farmacéuticas”.

Lertxundi recordó las investigaciones efectuadas a principios de este siglo por las farmacéuticas Schering y Organon sobre un fármaco que eliminaba la producción de espermatozoides. El estudio llegó a una etapa muy desarrollada, pero antes de terminar el proceso ambas compañías fueron absorbidas por gigantes del sector que acabaron desechando el proyecto. Schering fue comprada por la alemana Bayer y, poco después, Organon sería tomada por Merck, aunque para entonces la propia compañía ya había decidido acabar con esta investigación. Según declaró a la revista Mosaic, Coelingh Bennink, ex vicepresidente ejecutivo del programa de medicina reproductiva de Organon, “…en la junta solo había hombres blancos de mediana edad” que no consideraban una responsabilidad masculina la anticoncepción.

Actualmente, ninguna farmacéutica tiene proyectos de investigación sobre contracepción masculina. Prefieren vender productos para el control de la fertilidad femenina. “Las mujeres son las que se quedan embarazadas y las compañías han decidido que invertir dinero para que los hombres asuman el papel que ahora tienen las mujeres no es negocio”, afirmó Lertxundi. Son, sin embargo, las organizaciones sin ánimo de lucro las que han logrado importantes avances en este sentido, aunque sin llegar al mercado. “Hace falta mucho dinero para la puesta en marcha de ensayos clínicos, con lo que sin ayuda de las farmacéuticas estos proyectos no terminan de despegar”, aseguró Lertxundi.

Population Council es una de estas organizaciones que, junto a los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, está desarrollando un gel de testosterona llamado Nestorone. El ensayo clínico ha empezado este mismo año y será el mayor efectuado sobre anticoncepción hormonal masculina, con más de 400 parejas de EEUU, Reino Unido, Italia, Suecia, Chile y Kenia. Este tipo de compuesto se lleva probando desde los años sesenta con resultados poco exitosos debido a sus efectos secundarios. El último tropiezo se produjo el año pasado con unas inyecciones combinadas de progestina y testosterona, en las que algunos voluntarios experimentaron cambios de humor y otros efectos similares a los de la píldora femenina.

También se están estudiando métodos alternativos a los anticonceptivos hormonales. En este sentido, un estudio publicado en el Journal of Medical Chemistry presentó uno que disminuía la capacidad de los espermatozoides para moverse o nadar con eficacia. Estaba basado en un compuesto sintético derivado de la oubaína, que es un producto que se obtiene de dos tipos de plantas africanas, y que “brinda la oportunidad adicional de interferir con la fertilidad masculina, minimizando otros efectos secundarios tóxicos”. Sin embargo, de momento solo se ha estudiado con ratones y no tiene el apoyo de las farmacéuticas.

También existe otra alternativa desarrollada en la India y que actualmente se halla en fase de experimentación en EEUU. Se trata de un gel que se inyecta en los conductos deferentes que trasportan el esperma desde los testículos a la uretra. El gel deja pasar el semen pero no los espermatozoides, y puede ser eliminado fácilmente con otra inyección cuando se desea recuperar la fertilidad. El método es barato, efectivo, reversible y seguro, según su principal creador, el investigador del Instituto Tecnológico de Kharagpur, Sajoy K. Guha. Pero tampoco parece ser un negocio muy atractivo para las farmacéuticas, con lo que el proyecto ha estado estancado casi diez años.

Tuvo que ser otra organización sin ánimo de lucro, la Parsemus Foundation, la que intentara recuperar el proyecto comprando la patente y diseñando su propia versión, denominada Valsagel. El gel americano ya ha sido probado con éxito en primates, pero de nuevo choca con las farmacéuticas, que no desean financiarla. Y mientras esto no suceda, la anticoncepción masculina no dejará de ser una eterna promesa.

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