El 29 de diciembre de 2017 fallecía Carmen Franco Polo a los 91 años, víctima del cáncer. La Hijísima del dictador dejaba una importante herencia y su hijo Francis Franco “tomó las riendas que su madre había sabido llevar en solitario tras la desaparición” del cabeza de familia, el marqués de Villaverde. “Llegaba el momento de repartirse la herencia, hacerse cargo de su emporio inmobiliario y gestionar las compañías, a cuyos consejos de administración accedieron los siete nietos”, según cuenta el escritor Mariano Sánchez Soler en su libro La familia Franco S.A.

El núcleo fuerte del patrimonio inmobiliario de la hija del Caudillo constaba de la finca de La Piniella, en Llanera (Asturias), heredad de la familia Polo que se puso en venta al precio de 5 millones de euros y las grandes posesiones de la familia cuyo valor real en el mercado es muy difícil de tasar: la finca de Valdefuentes; el edificio de la calle Hermanos Bécquer de Madrid; el Pazo de Meirás (por el que los herederos han pedido 8 millones de euros); y el palacete de Cornide, sin olvidar la casa natal de Franco en Ferrol. Además, constaban otras cuatro propiedades en Madrid (apartamentos y plazas de garaje en La Castellana); una en Jimena de la Frontera (Cádiz); un olivar heredado en Guadalajara; una vivienda comprada en La Granja de San Ildefonso (Segovia); y una veintena de propiedades en los alrededores de Oviedo logradas por donación, según Sánchez Soler.

Con respecto al patrimonio financiero, hasta su fallecimiento, Carmen Franco había ocupado “21 puestos en consejos de administración” de diferentes empresas, “mientras su hijo Francis estaba en veinte y el resto de sus hijos se dispersaban en más de una veintena de compañías, algunas de ellas instrumentales, con poca actividad y sin empleados apenas. Es el laberinto societario de los Franco, con un peso determinante del sector inmobiliario, y con la dificultad añadida de que los Franco, en un momento decidieron no constar formalmente en consejos de administración, y dieron la titularidad de algunas compañías a socios o testaferros. Un obstáculo más”, asegura el escritor.

Con todo, según la citada investigación, rastreando en el Registro Mercantil podría estimarse que el capital desembolsado por las sociedades mercantiles vinculadas a la familia Franco, en la actualidad, gira en torno a los 50 millones de euros (más de 8.000 millones de las antiguas pesetas). “Durante los últimos años, y cuando menos se esperaba, la compleja realidad de las finanzas colocó el apellido Franco en los titulares de prensa. Así ocurrió en 2012, cuando la amnistía fiscal ideada por Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda en el Gobierno de Mariano Rajoy, desveló que Francis Franco había regularizado 7,5 millones de euros que tenía en los Estados Unidos, por un negocio a través de su empresa Montecopel. La segunda vez fue en 2016, cuando estalló el escándalo de los papeles de Panamá (el ocultamiento de propiedades y ganancias, y la evasión de impuestos por parte de empresas y grandes personalidades internacionales a través del despacho de abogados Mossack Fonseca)”, explica el escritor.

“Entonces se supo que, mientras se beneficiaba de la amnistía fiscal de Montoro, el 1 de junio de aquel 2012, Francisco Franco Suelves y su hermano Juan José, hijos de Francis Franco, habían firmado como directores generales de dos sociedades ubicadas en el paraíso fiscal de Isla Tórtola (Islas Vírgenes Británicas): Malini Investment Limited (activa desde 1997 hasta 2013) y Vamfield Alliance Limited (activa desde 2007 hasta 2013). Los dos bisnietos de Franco entregaron sus pasaportes y los documentos firmados al despacho de Mossack Fonseca”, añade el autor del libro que se ha convertido en un auténtico best seller sobre los negocios de la que fue la familia del anterior jefe del Estado. “Es un tema antiguo y todo está regularizado. No es tan tremendo tener sociedades en Panamá”, justificó Francis Franco.

Después de la muerte de Carmen Franco, la actividad empresarial de los siete nietos del dictador en España se distribuyó en una treintena de compañías. De ellas, Sargo Consulting y Fiolasa, ambas con su sede en el domicilio de la calle Hermanos Bécquer número 8, constituyen el epicentro de los negocios familiares.

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