Tal y como publicamos en Diario16, tres de las empresas del senador dominicano Félix Bautista, uno de los políticos dominicanos más cercanos al ex presidente Leonel Fernández, fueron adjudicatarias de las obras de reconstrucción del Palacio Legislativo y de dos proyectos residenciales, trabajos por los que recibió más de 330 millones de dólares. Según publicaron varios medios dominicanos, Bautista recibió más de 65 millones en cuentas bancarias haitianas para otros trabajos. Casi un tercio de ese dinero fue desviado a República Dominicana a través de transferencias a sociedades del senador o de su entorno.

Sin embargo, un informe del Senado de Haití revela que estas empresas no estaban habilitadas para desarrollar ningún proyecto en el país dado que no cumplían con la condición de disponer de cinco años de experiencia que exigen las leyes haitianas para poder beneficiarse de contratos públicos.

Sin embargo, el gobierno de René Preval no cumplió con ese requisito y en noviembre de 2010 pagó en concepto de adelanto 10 millones de dólares para la reconstrucción del Palacio Legislativo. Hoy en día, el edificio sigue siendo una ruina aprovechada para que los coches aparquen.

Uno de los proyectos residenciales que se adjudicaron a las empresas de Bautista, Bowenfield, sólo está vivo en los planos. Periodistas de investigación de diferentes medios latinoamericanos recorrieron la zona y confirmaron que donde debería haber casas sólo hay tierra, maleza y basura.

El otro proyecto, Fort National, fue asumido en un principio por Naciones Unidas, en concreto por la Oficina de Servicios para Proyectos. La construcción fue terminada. Sin embargo, ese proyecto había sido adjudicado a empresas de Félix Bautista. ¿Por qué ocurrió algo así? A pesar de que las empresas del senador dominicano habían logrado los contratos para Bowenfield y para Fort National, cuando Martelly alcanzó la presidencia de Haití, los fondos fueron reasignados a otro enorme plan de infraestructuras que también fue adjudicado a una empresa de Bautista. Como decimos, la primera etapa, la que fue gestionada por la ONU, está terminada. La segunda, quedó a medias y las personas que allí viven se vieron obligadas a improvisar cubrimientos y ventanas o a tener que piratear la luz de los postes para poder tener electricidad.

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