En el año 2000, la Constitución de la República Dominicana indicaba, respecto a los mandatos presidenciales lo siguiente: «El Poder Ejecutivo se ejerce por el Presidente de la República, quien será elegido cada cuatro años por voto directo, no pudiendo ser electo para el período constitucional siguiente». En 2002 se reformó dicho artículo y se ampliaba a dos mandatos, hecho que fue aprovechado por Leonel Fernández para volver a ocupar función pública en el año 2004.

Sin embargo, en 2000 Fernández ejercía su último año de mandato y, tal y como indicaba el texto constitucional vigente entonces, no podía optar a la reelección. Así pues, en el mes de enero concibió un instrumento que le permitía manejar recursos económicos y poder una vez abandonara el cargo. La Carta Magna dominicana es muy clara en lo referente a los emolumentos que debe recibir el presidente o a las compatibilidades con otras actividades remuneradas: no se puede recibir más recurso económico que el derivado de su salario.

Por esta razón, el día 3 de enero del año 2000 se elaboraron los estatutos de una fundación que fue creada al día siguiente por medio de una Asamblea General Constitutiva celebrada el 4 de enero. Nacía la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE).

El día 1 de febrero de 2000, Leonel Fernández dictó un Decreto (40-2000) por el que se incorporaba a la fundación, institución que no cumplió con las formalidades de publicidad previstas en las leyes que establecían que tenía que existir un régimen de publicidad de las informaciones de la entidad durante el primer mes de constitución de la misma y no fue hasta junio de 2001, año en que Leonel Fernández ya había dejado la Presidencia, cuando se presentaron los documentos ante un juzgado, en concreto ante el de Paz de la Segunda Circunscripción del Distrito Nacional. Este incumplimiento debió tener como consecuencia que FUNGLODE no debió ser considerada como persona jurídica hasta que hubiese cumplido con los requisitos legales.

La participación de Leonel Fernández en la fundación debe ser analizada tanto desde el punto de vista de su integración en la misma como del control que ejerce de la entidad.

Según esta documentación, Leonel Fernández no era ni podía formar parte de la fundación ya que sus normas internas establecían claramente que solo los descendientes de sus miembros lo podían ser y él no figuraba en esa lista.

Por otro lado, Fernández afirma en sus declaraciones públicas que él creó lo que ya estaba creado, además de que era sabido que él había realizado contactos con sectores de la élite económica para la creación de la entidad.

Lo que queda claro es que el verdadero creador de FUNGLODE y su principal gestor es Leonel Fernández, quien, según distintas querellas presentadas ante la Justicia dominicana, utilizó la fundación para realizar captaciones de recursos presuntamente ilegales, tal y como publicará próximamente este medio.

La presunta corrupción de Leonel Fernández a través de FUNGLODE

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