La primera jornada de la gran cumbre de empresarios para la reconstrucción del país dejó ayer inquietantes declaraciones que no auguran nada bueno para las clases trabajadoras de este país. Tras las presentaciones de rigor y los nobles llamamientos a salvar España con “espíritu constructivo”, en los discursos de nuestros ilustres magnates, de nuestros Rockefellers hispánicos, empezaron a aflorar peligrosas palabras como “flexibilización” contractual, rebaja de impuestos a la banca y grandes fortunas y respeto “a lo que ha funcionado estos años”, o sea al infame tótem de la reforma laboral de Mariano Rajoy. Ayer se vio con claridad que detrás de las frases grandilocuentes y de la propagandística puesta en escena de esta cumbre empresarial para la supuesta reconstrucción del país −calificada por la prensa conservadora como “evento sin precedentes”−, nuestra clase empresarial sigue apostando por las viejas y fracasadas recetas neoliberales de siempre.

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, fue el encargado de abrir la reunión con un discurso que fue todo un aviso a navegantes, en este caso al Gobierno y a los sindicatos. “Diremos lo que pensamos que es mejor para nuestro país aunque haya gente que no nos entienda”, aseveró. Por su parte, el presidente de Inditex, Pablo Isla,recordó que no existen “soluciones fáciles ni mágicas”, advirtió que el plan de recuperación económica va a exigir un “comportamiento de muchísima responsabilidad por parte del Gobierno, de los partidos políticos, de las empresas, de los sindicatos y de los ciudadanos”, e instó a garantizar la seguridad jurídica, es decir, a “no desmontar” lo que estaba funcionando (insinuando así que no tolerarán nuevas “rigideces” en el mercado laboral). En realidad, la reforma laboral del PP solo ha traído empleo precarizado, salarios de miseria y más desigualdad a la sociedad española, pero fue Isla el encargado de poner ese as de bastos encima de la mesa, para ir dejando claro que la patronal se opone a cualquier derogación del actual marco jurídico, tal como pretende hacer el Gobierno de coalición.

Acto seguido intervino Juan Roig, presidente de Mercadona, que dijo estar dispuesto a abrir sus tiendas “todos los días” y agradeció el trabajo de sus empleados y proveedores durante la pandemia, “aunque a veces no tuviéramos todo el papel higiénico”, bromeó. Más allá del chiste de Roig para aliviar tensiones, los peores presagios para las clases trabajadoras de este país llegaron por boca de los banqueros, quienes advirtieron de que sería “contraproducente” para el país que las entidades financieras paguen más impuestos. Un mensaje dirigido directamente al “Gobierno bolivariano” para que desista en su intención de introducir nuevas tasas y tributos que graven a los bancos. Según los últimos datos oficiales, España arrastra un déficit en la recaudación de impuestos de más de 75.000 millones de euros respecto a la media de los países europeos. Lo cual quiere decir que el gran capital ha gozado de condiciones tributarias demasiado ventajosas en los últimos años, sin contar con que se benefició de un colosal rescate financiero pagado a tocateja por los contribuyentes tras la crisis del 2008. Aquello fue un préstamo a fondo perdido que los bancos no han devuelto a fecha de hoy (ni devolverán jamás, consumándose así una de las mayores estafas de la historia).

España es uno de los países más castigados por la brutal recesión y en los próximos años el Estado va a necesitar de ingentes cantidades de dinero para financiar la Sanidad pública, frente a nuevas pandemias, y el resto de servicios como la Educación y Asuntos Sociales. La única manera de reunir el presupuesto necesario para hacer frente al enorme gasto público es acometer un plan de reforma tributaria que grave a las grandes fortunas, corporaciones multinacionales y bancos para que España deje de ser el paraíso fiscal del gran capital que ha sido hasta ahora. El plan que preparan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias va en esa línea, de ahí que la patronal y el Íbex35 se hayan puesto en guardia y empiecen a enseñar los colmillos ante posibles reformas. Empresarios y banqueros deberían dejarse de tantas cumbres bizantinas, remangarse de una vez por todas, ser solidarios como exigen las circunstancias dramáticas y hacer un ejercicio de auténtico patriotismo para rescatar a España de la peor crisis desde la Guerra Civil. En ese sentido, tampoco estaría de más que las derechas políticas, PP y Vox, se sentarán a negociar en serio un plan de reconstrucción nacional, ya que el país jamás podrá salir de esta crisis sin consensos y sin acuerdos de calado. Lamentablemente, Pablo Casado y Santiago Abascal ya han dejado claro que no negociarán nada con este Gobierno al que consideran ilegítimo, ni siquiera los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, cuyo voto en contra ambos partidos ya han anunciado.

Así las cosas, el plan de los populares y sus aliados verdes de extrema derecha es dejar que el país termine hundiéndose definitivamente con el único objetivo de derrocar a Sánchez. Cada día que pasa resulta más evidente que existe una alianza entre la patronal y la derecha política, entre el capital y las élites, con la intención de ganar tiempo y que el Gobierno de coalición se vaya desgastando por la propia fuerza de la pandemia. Pese a que en toda Europa vuelve a soplar el viento de la socialdemocracia y retornan con fuerza las teorías económicas partidarias de sostener el Estado de Bienestar, aquí vamos otra vez a contracorriente. La música de la patronal suena desafinada. Nuestras gentes del dinero siguen pensando en recuperar lo peor de unas recetas neoliberales que forman parte de un mundo que se derrumbó hace tres meses, cuando el bicho de Wuhan arrasó el planeta entero dejando su negra estela de muerte y devastación.

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2 Comentarios

  1. El diagnóstico siempre es el mismo; el paciente está grave y la medicina «neoliberal» lo único que hará es terminarlo de matar. Lo que hecho a faltar son propuestas serias, buenas ideas que sirvan para que el paciente mejore. Y a ser posible sane.

    Las propuestas serias se evaluadas por las consecuencias que generan; no por la bondad de las mismas. Subir los impuestos a los mas ricos puede ser una «idea buena». Pero si esa medida genera la huida de capitales, terminamos recaudando menos y empobreciendo el país será una «idea buena» pero no una buena idea, ni una propuesta seria.

    Las medidas solo pueden ser eficaces teniendo en cuenta la realidad objetiva, lo que es, no lo que debería ser. Después no vale ir diciendo que la culpa del desaguisado es de los paraísos fiscales o del resto del mundo. La culpa será del los irresponsables que tomen las medidas sin evaluar, ni prever las consecuencias.

    Cuidado con la eterna cantinela de subir el impuesto a los ricos. Las fronteras monetarias son porosas y el dinero se filtra por ellas con facilidad. En el momento que los ricos consideren que pagan ¡demasiado¡, la espita se abrirá el dinero saldrá y en lugar de mejorar iremos a peor.

    Cuidado con las ideas «buenas», no nos vaya a salir el tiro por la culata.

  2. En la situación actual, ante la obvia contracción de demanda previsible en la mayoría de los sectores económicos por el miedo y las medidas de prevención ante el virus, lo único sensato y prudente es minimizar la destrucción de empleo asociada, no aumentando las cargas a las empresas y al trabajo sino reduciéndolas. Una propuesta interesante sería gastar la ayuda europea en eliminar dos años las cotizaciones empresariales, reduciendo tanto la necesidad de despedir como el miedo a contratar… pero es mejor pensar en subir impuestos y destruir más empleo aún

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