La excepcionalidad de la situación marcada por el COVID-19 en el último mes ha colocado a las personas en una posición nueva sin precedentes que, acompañada de una gran incertidumbre y de diferentes variables, afectan a la cotidianidad y a nuestra salud mental. Con el fin de conocer esas posibles secuelas y aportar recursos que ayuden a la sociedad a identificar esos factores y trabajar para mejorarlos, Diario16 ha hablado con diferentes psicólogas y expertas en educación, que darán su visión profesional acerca de la ansiedad durante la cuarentena, un confinamiento más respetuoso con la infancia y la adolescencia, secuelas en la pareja y pautas para mejorar la convivencia o relaciones sexuales.

“Encontrar otras formas más amables, responsables y sanas con nosotros mismos, con la colectividad y el mundo en el que vivimos”

Ángela Rodríguez (Umai Terapia) es psicóloga con orientación biopsicosocial y suele tratar dificultades relacionadas con la ansiedad, la depresión y la gestión emocional, así como problemas que se reflejan en el cuerpo y altas sensibilidades. Ángela es consciente de que, en este estado de alarma motivado por una amenaza externa, “no contamos con los medios para hacerle frente ni tampoco con información que nos den certezas sobre lo que va a pasar en el futuro, de cómo van a ser nuestras vidas o la propia sociedad”. Para la psicóloga hay una cuestión evidente, que no acompaña en esta situación: “recibimos constantemente mensajes que nos recuerdan y nos reafirman el peligro”.

“Cuando hay un peligro que conlleva posibilidad de daño (ya sea físico, mental, económico…), nuestro cerebro activa el plan de alarma con el fin de protegernos”, explica la psicóloga, “este mecanismo es el resultado del instinto de supervivencia que necesitaban nuestros ancestros para hacerle frente a animales que pudieras constituir una amenaza a la vida”. En este sentido, como animales racionales que somos, Rodríguez indica que “nuestro cuerpo tiene su estado de alarma propio y que las respuestas en ese sentido son de lucha, de huida o de parálisis, siendo el miedo la emoción asociada”. Estas respuestas, concluye, “se realizan a través de pensamientos, reacciones corporales y conductas”.

En nuestra sociedad ha habido hasta ahora poca tradición de educación emocional, motivo por el que, según esta psicóloga, “muchas personas hacen lo que pueden con esta emoción que se siente desagradable”. Ángela se refiere al “miedo mantenido” que debido a la existencia de una situación amenazante, unido a no contar con recursos para gestionarlo, “puede provocar respuestas de estrés, ansiedad o depresión, entre otras”. A pesar de las particularidades de cada persona, Rodríguez confirma que “lo más común frente a esta situación es la negación o la evitación”. Un ejemplo de esto lo retrata con el aumento de consumo de alcohol o chocolate en supermercados: “comer o beber en exceso puede constituir una estrategia de gestión de esa incertidumbre y ese miedo, a través de la distracción con algo externo”.

La sociedad tiene una influencia sustancial en nuestra salud mental que Ángela relaciona directamente con “una dinámica basada en la producción y el consumo”. En ese sentido añade: “Todo lo queremos ya y sin pasar por ningún proceso. El foco está puesto en lo de fuera y no en lo de dentro”. Esta radiografía del sistema capitalista y violento en el que vivimos, Ángela la vincula a “valores de competición, fortaleza, inmediatez y velocidad”. Por tanto, queda manifiesto que esto va en contra de nuestra naturaleza como seres humanos “con un cuerpo y unas necesidades que cubrir, y va más dirigido a ser máquinas”, añade. Sin embargo, esta situación se puede mirar desde la oportunidad, pues “se está empezando a hablar un poco más de salud mental, aunque estamos muy lejos de que sea un concepto integrado en nuestra cotidianidad”. Con esto, Ángela se refiere a que “no tenemos que sentirnos culpables de nuestra respuesta, aunque no sea la más saludable, porque esta viene de mecanismos evolutivos, de la influencia social y de nuestra propia experiencia vital”.

Para Ángela “el primer paso sería darse cuenta y poder obtener una guía para encontrar otras formas más amables, responsables y sanas con nosotros mismos, con la colectividad y con el mundo en el que vivimos”. Además, esta “herida común” nos pone a todos en un mismo escenario en el que, en mayor o menor medida, estamos sintiendo ansiedad. “Se está dando una atmósfera que permite que nos sintamos así, es decir, escuchamos mensajes que justifican que podamos sentir miedo”, advierte Ángela, que prosigue: “Por un lado, esto puede hacer que entendamos cómo se sienten personas que sufren por estas cuestiones y que son estigmatizadas y, por otro lado, da permiso a sentir emociones desagradables, a mostrarlas y a favorecer una mayor comprensión y apoyo entre todo”. En este sentido, la psicóloga defiende que “es un buen momento para tomar consciencia de la importancia de darnos tiempo y dar espacio al cuidado en todas nuestras capas; a sentir el cuerpo que nos acompaña y los mensajes que nos puede dar; a escuchar nuestras necesidades y las de los más y a cultivar el respeto por la diversidad, por los procesos, por las diferentes realidades y a contactar con nuestra sensibilidad”.

Ángela también propone que, como sociedad, también es tiempo de “poner el foco en los cuidados, subrayar tanto la importancia de la salud biopsicosocial como la del cuerpo en el que vivimos, y darnos cuenta de lo que este parón está haciendo por el clima, y permitirnos el aprendizaje y la reflexión. Para finalizar, nos propone algunos recursos como “evitar la sobreinformación, dar paso a la creatividad, favorecer el estado de calma para compensar el de alarma, descansar o mover el cuerpo”. Y recuerda que “estos consejos no deben ser tomados como una solución si la situación de alguien se sobrepasa, en esos casos, se requiere de un trabajo más profundo y acompañado”.

El respeto a la infancia, la adolescencia y su bienestar

La psicóloga, maestra y educadora de Disciplina Positiva en Familia, Candela Gorostiza Cartez, es fundadora del proyecto Asteroide37 y nos da claves y recursos para un confinamiento más respetuoso con la infancia y la adolescencia. Candela invita a imaginar por un momento cómo viven los niños y adolescentes, “los cuales no disponen aún de las mismas herramientas de vida con las que contamos los adultos”, esta situación excepcional señalada por “el miedo, el exceso de información, la pérdida de un ser querido, una situación laboral inestable…”. En este marco, según esta psicóloga, “la privación de libertades que estamos sufriendo, en el caso de la infancia y la adolescencia, puede influir directamente en su desarrollo a nivel físico, emocional y cognitivo”.

Gorostiza afirma que “en España hemos adoptado, hasta el momento, un enfoque demasiado adultocéntrico para solventar esta pandemia”. En su opinión, “los niños y los adolescentes no han sido tenidos en cuenta desde que empezó esta situación” y, aunque entiende que al principio todos los esfuerzos se hayan enfocado en reducir al máximo las salidas para detener la cadena de contagios, “las repercusiones que pueden tener en seres humanos que se están desarrollando, si esta situación de prorroga más tiempo, pueden ser bastante importantes”. A propósito, indica que “los niños y los adolescentes tienen la necesidad neurofisiológica de moverse, de jugar al aire libre y de entrar en contacto con la luz de sol, y con estas medidas estamos imposibilitando su satisfacción”.

En otros países europeos, como Noruega o Francia, pueden servir de espejo en este sentido ya que, según Candela, “han adoptado aproximaciones más respetuosas con las necesidades de la infancia y la adolescencia”. La primera ministra de Noruega, por ejemplo, dedicó una rueda de prensa a los niños de su país, mientras que en nuestra vecina Francia, los padres pueden salir con los niños a jugar en la calle cerca de su domicilio, siempre que ningún miembro de la familia muestre síntomas y respetando la distancia de seguridad, recureda la psicóloga. Con todo, Candela invita a la reflexión: “debemos respetar las medidas sanitarias de prevención y contención del virus, pero llegados a este punto, también es responsabilidad proteger a la infancia, a la adolescencia y a su bienestar”.

Por otro lado, Candela Gorostiza, aborda el tema de la carga lectiva. “Pienso que las administraciones educativas, los centros y los docentes deberían pararse a reflexionar un momento sobre todo lo que está pasando”, porque, a su juicio, “esta realidad no se puede perder de vista a la hora de tomar una decisión con respecto a cómo organizar lo que queda de curso escolar”. En este sentido, la psicóloga entiende que “las fuerzas de las administraciones educativas estatales y autonómicas deberían enfocarse en ver esta situación como una oportunidad para que los niños puedan desarrollar otras competencias”. Pone otro ejemplo: “Es el momento de trabajar la conexión en las familias, conversar, colaborar en las tareas del hogar, conocernos a nosotros mismos y a los demás, aprender a usar de forma adecuada las nuevas tecnologías, aprender a desconectar de ellas y a disfrutar de un buen libro, fomentar la curiosidad, la empatía, valorar todo lo que teníamos antes del confinamiento”. Por el contrario: “No es el momento de cargar a los niños y a los adolescentes con deberes, porque con ello lo único que vamos a conseguir es que aumenten las tensiones en los hogares y las desigualdades sociales entre los alumnos”.

Asimismo, la psicóloga y maestra, también presenta algunos recursos para acompañar a los niños y adolescentes en esta cuarentena. “Es totalmente normal que los niños y adolescentes sientan miedo, ira y tristeza al igual que nosotros. Como también es normal que esta situación les desborde y que lo manifiesten a través de cambios de humor, problemas en el sueño, en la alimentación y mediante explosiones emocionales”, y recomienda “acompañarlos desde la calma, el respeto y la escucha activa”.

Entre los recursos se encuentran el “acompañamiento emocional (cargarnos de empatía, paciencia y comprensión, validar sus emociones, ayudarles a ponerle nombre); observarlos para poder ver qué necesitan (conectar con sus necesidades emocionales, sociales, cognitivas y físicas, realizar actividades que impliquen movimiento como saltar y bailar o hacer video llamadas con los seres queridos); intentar no dedicar demasiado tiempo al uso de nuevas tecnologías para estar presentes emocionalmente y no desbordarnos; hablar con los niños del virus abiertamente, desde la realidad, adaptando la explicación a su etapa del desarrollo, sin alarmismos y aclarando la temporalidad de la situación;  relajarnos en cuanto a los contenidos escolares, ya que no podemos esperar que los niños y adolescentes tengan el mismo rendimiento académico que de costumbre”. Para concluir, Gorostiza invita a las familias a “potenciar que sus hijos desarrollen otro tipo de habilidades como conversar, colaborar en actividades del hogar, autoconocimiento, fomentar la curiosidad, la empatía o los cuidados”. Sin olvidar, además, a las madres y a los padres que “deben intentar buscar momentos de autocuidado personas porque para cuidar bien hay que cuidarse”.

El confinamiento en las relaciones sexuales y de pareja

La pareja también puede verse afectada por las consecuencias derivadas del confinamiento. Sobre esto nos habla Vanesa Falcón (vanesafalcon.com) psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja. Falcón nos sitúa en que “la experiencia en pareja es relacional en un entorno de intimidad, donde la exposición a nuestro mundo interior es más significativa, y sumado a las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo, la convierte en un foco de problemas si no somos capaces de gestionarlo”.

De esta manera, Vanesa nos enumera algunas de las posibles secuelas psicológicas que pueden aflorar durante estos días “como mecanismo de detección para proyectarlas fuera de la pareja y no entrelazarlas con el vínculo” y recuerda que ahora, más que nunca, “necesitamos apoyo, comprensión y cuidarnos unos a otros”.

En primer lugar, la comunicación agresiva: “La tensión generada por permanecer en el mismo espacio donde cada persona vive internamente sus consecuencias hace que, en algunos casos, la irritabilidad nos lleve a una comunicación donde los gritos, el chantaje emocional e incluso el estrés, estén presentes”. Para evitar o cambiar estos episodios, Vanesa propone “expresarle a tu pareja que no quieres mantener esa forma de comunicarte y mostrarle otras maneras de comunicación no violentas”.

La angustia, la rabia o el enfado “aparecen en momentos en los que pensamos que se están dando injusticias que interfieren en nuestras vidas”. Dentro de la pareja, según la psicóloga, “alude a la necesidad de espacio físico, a la sensación de no tener momentos de intimidad persona”. Para Vanesa, “aquí la negociación es clave” y recomienda “sentarte con tu pareja y negociar los espacios del hogar o los momentos a solas, ya que simplemente el hecho de estar a solas en tu habitación leyendo, puede ser suficiente para sentir que te estás ofreciendo espacio y atendiendo tu necesidad”.

Hablamos también de crisis puntuales derivadas de permanecer más tiempo en pareja. En este sentido, Vanesa apunta que “el confinamiento nos devuelve una perspectiva de la pareja, que es posible que no tuviéramos”. Aquí hace mención al cambio radical de no pasar apenas tiempo en casa debido a la “cultura de la prisa” a, de repente, pasar 24 horas en casa con la pareja, con sus consecuencias en algunos casos desfavorables. Para abarcar esta situación, Vanesa propone “llevarlo al juego y explorar la convivencia desde otra perspectiva, establecer pautas y normas adaptadas a la situación actual para que todas las personas del hogar y en este caso la pareja, expresen sus necesidades y sean contempladas”. Aquí se podría utilizar “lápiz y papel, asociarlas a objetos, y establecer qué limites no pueden ser rebasados para aportar calidad a la convivencia”.

La proyección en la pareja de las emociones y sentimientos que nos desbordan estos días es otro de los temas abarcados por esta psicóloga. “La intimidad en pareja es un espacio que puede generar vulnerabilidad cuando no tenemos delimitados bien los límites. En ocasiones, dando por hecho que la pareja debe sostener nuestro estado emocional, volcando en ella nuestro malestar”. Sobre esto Vanesa llama a la calma, pues debido a la falta de educación emocional es “algo muy común y todas y todos estamos aprendiendo, lo más importante es darnos cuenta y hacernos responsable de ellos”. Al respecto, la psicóloga nos invita a “ponerle voz a las emociones para evitar que broten y se fusionen con tu compañera o compañero, dales espacio y si sientes que estas son muy intensas y pierdes el control, muévete por casa para que la energía y el cuerpo te den otra perspectiva, evitando sí proyectarlas en la otra persona”.

Para terminar y no menos importante, Vanesa que también se dedica a la sexología, se para en la reducción de la libido que puede ocurrir en estos días. “La disminución del deseo sexual puede verse afectada en este periodo por factores psicológicos como la ansiedad o derivados de las situaciones anteriormente citadas”. Así, Falcón indica que “una manera de encargarnos de nuestra libido y de hacerlo en pareja es potenciar el erotismo, ya que nos conecta al juego, al disfrute y la pasión”. Algunos ejemplos prácticos serían “llevarlo a cabo mediante una cita dentro de la propia casa, tomarlo como un momento para hablar de lo que os erotiza y crear conjuntamente una lista de fantasías o deseos alcanzables y reales con la situación actual”. Lo siguiente, expresa la sexóloga, “será ir disfrutándolos y cultivando los encuentros para alimentar el deseo”. Y como colofón, recuerda la propia Falcón: “la sexualidad requiere de cuidado, dedicación y mimo, si queremos disfrutar de ella y experimentar todos sus beneficios”.

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