Felipe Gonzalez, saluda puño en alto a las aclamaciones de los congresistas, tras conocerse los resultados del escrutinio, y salir elegido Secretario General del PSOE. (Madrid) 30-Sept

“Cuando una parte del todo cae, lo demás no está seguro” Séneca

Alguien me recordó hace unos días el pensamiento que dice “no me digas que pudimos haber sido, dime que podremos ser”. Como simple ciudadano de a pie puede resultar descorazonador observar como el Partido Socialista Obrero Español regresa a las históricas prácticas de incumplir los compromisos con su militancia, con sus votantes y, lo que completa la decepción, con los partidos que comparten gobierno y con los que, además, le han permitido que gobierne.

Existen incumplimientos difícilmente explicables en materia económica, laboral, de libertades y de lucha efectiva contra la corrupción. Todo, además de seguir dando cobertura a un statu quo que se resiste a asumir su parte en el esfuerzo de reconstrucción. La sensación de bloqueo es desalentadora. Inaceptable, ni siquiera cuando se alude a la inoportunidad de regenerar la democracia en España, mientras se mantienen los privilegios de organizaciones religiosas y empresariales.

El coste que esta crisis sanitaria producirá se verá en los próximos meses. La credibilidad de las organizaciones políticas y sindicales está poniéndose en tela de juicio. La procrastinación, tan utilizada en el pasado de nuestra vida política, se está volviendo a imponer en boca del ala neoliberal del gabinete. Lo que parecen no comprender quienes gobiernan, es que su crédito político se desgastará a una velocidad proporcional a la postergación de la efectiva aplicación de las medidas acordadas en el llamado Pacto del Abrazo. Para combatir la impotencia que se manifiesta solo se debe actuar de una vez sobre los aspectos sensibles que han quedado al descubierto estos meses.

Si algunos creen que con la sola aprobación del presupuesto general es suficiente, tal vez deberían revisar las opciones que se presentan. Ello, porque no solo estamos frente a una crisis por la pandemia. Además, estamos frente a una crisis social y ética de proporciones. También el conjunto ciudadano debe soportar una oposición de la derecha mediática, religiosa, empresarial y política, que le vaticina que el proyecto del gobierno de coalición es una causa perdida. La izquierda militante siempre fue la gran derrotada desde 1939 en adelante. Aunque la masacre que sufrió no le restó la sensación de esperanza que se apoderó de ella en las calles a la muerte del dictador. Perder bajo aquellas circunstancias no fue una derrota verdadera.

Pero con las sucesivas claudicaciones ideológicas y morales, más el accionar subterráneo de los traidores a España, la esperanza terminó cuando se percataron de que el modelo bipartidista seguía siendo útil al statu quo franquista. Todo fue así, hasta que llegaron los años de la gran crisis de 2008. Con su enorme factura que pagó la mayoría de la población. Se repitió el saqueo. Se avaló la corrupción como sistema. Baste recorrer la infructuosa labor del aparato de la justicia. Impunidad amparada en una legalidad cuestionable. Inclusive se podría incluir la ganga que le supuso a La Caixa la absorción del patrimonio de Bankia. La primera misión del ala neoliberal del gobierno se ha consumado. Ahora van a por el sistema público de pensiones. Mientras la Reforma Laboral de M. Rajoy sigue prácticamente intacta. La Ley Mordaza igualmente. La persecución de la corrupción tal vez luego.

Es poco asumible seguir claudicando frente al ruido de sables. A las amenazas de una fuga de capitales. Al mantenimiento del secuestro de la justicia. Porque seguir haciéndolo no es para lo que se le dio apoyo al partido socialista.

Hay claudicaciones que es imposible seguir aceptando.

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