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¿Lapsus calami icónico?

Manuel I. Cabezas González
Doctor en Didactología de las Lenguas y de las Culturas Profesor Titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada Departamento de Filología Francesa y Románica (UAB)
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En el texto de Vargas Llosa, “Una rosa para Rosa”, publicado en El País en el 2011, se pueden distinguir dos elementos, que deberían ser complementarios, pero que son contradictorios: por un lado, está el mensaje lingüístico, producido por Vargas Llosa; y, por el otro, el mensaje icónico, obra de Fernando Vicente, que encabeza este comentario. F. Vicente ha intentado “rompre l’os et sucer la substantifique moelle”, como diría Rabelais, y plasmar pictóricamente el pensamiento profundo de Vargas Llosa en relación con UPyD y Rosa Díez. El mensaje lingüístico de Vargas Llosa ya fue objeto de consideración por parte del que suscribe (cf. “Zapatero, a tus zapatos”), Hoy nos centraremos en el mensaje icónico de Fernando Vicente (alter ego pictórico del Premio Nóbel), que es también merecedor de un análisis semiológico circunstanciado.

En la ilustración de F. Vicente (cf. ut supra) podemos observar dos manos de dos cuerpos escondidos y anónimos: una es la mano izquierda de un hombre (cf. el extremo de la manga de la chaqueta, que deja ver el puño de la camisa); la otra es la mano derecha de una mujer (cf. su delicada morfología y la cuidada manicura). La mano del hombre agarra férreamente una rosa; no parece que quiera entregarla voluntariamente a la mujer; más bien, trata de protegerla de la zarpa femenina. En efecto, la mano de la mujer no se apresta a recibir un regalo en forma de rosa;  más bien, intenta arrebatarla por las buenas o por las malas. La rosa, objeto de disputa (que no de dádiva), parece ya marchita y ajada, ya que ha empezado a perder sus aterciopelados pétalos; además, es una rosa desnaturalizada, asexuada y adulterada, ya que ha perdido sus señas de identidad: las garras de sus espinas; y se aprecian sólo unas tímidas y yermas yemas.

Por el contexto en el que aparece el mensaje icónico de F. Vicente,  la mano masculina representa a Mario Vargas Llosa; la mano femenina pone en escena a Rosa Díez; y la rosa simboliza el panegírico ditirámbico del escribidor  hispano-peruano, “Una rosa para Rosa”, publicado en El País, el domingo 6 de noviembre de 2011. En este tipo de documentos, semiológicamente híbridos y “pluricodificados”, hay una relación muy estrecha entre el mensaje lingüístico y el icónico; ambos se implican mutuamente, ambos vehiculan la misma información por medio de sistemas de signos diferentes. Y por eso, son considerados documentos cooperadores y legibles.  Ahora bien, éste no es el caso del documento publicado en El País, que comentamos. Más bien, Vargas Llosa, con su “Una rosa para Rosa”,  y su alter ego, F. Vicente (con su dibujo), se contradicen.

En su artículo, Vargas Llosa hace un panegírico, sin base real y objetiva, de UPyD y de su portavoz, Rosa Díez; y pide explícitamente el voto para el partido de esta última. Ahora bien, con el mensaje icónico, F. Vicente, su alter ego pictórico, dice todo lo contrario. En efecto, Vargas Llosa, en el fondo, no quiere dar su apoyo a UPyD; más bien ha estado obligado a ello (ver su puño cerrado que sujeta férreamente la rosa despetalada, marchita y ajada). ¿Qué deudas tiene el Premio Nóbel con Rosa Díez? ¿Qué favores tiene que devolverle para que se comporte como un vulgar miembro del “sindicato de la ceja”? ¿Por qué ha dejado de ser águila y se ha transformado en una común, prosaica y pedestre ave de corral? Dejo estas preguntas en el aire para solaz de los lectores.

Por su lado, la actitud de Rosa Díez no es la de una enamorada damisela que se derrite, se rinde y se entrega ante una caricia carmesí; su actitud es, más bien, agresiva, exigente, arrogante, perentoria, cleptómana, etc. Ella hace ademán de querer arrebatar, por la fuerza, el preciado regalo magenta. ¿Qué ascendente tiene Rosa Díez sobre Vargas Llosa para mostrarse tan impaciente? ¿Por qué Rosa Díez se muestra tan activa y expedita en este comercio floral? ¿De dónde le vienen esas prisas y esa falta de buenas maneras a Rosa Díez? Dejo también estas preguntas en el aire, como prana para alimentar las meninges de los lectores.

Además, la rosa carmesí “despetalada”, marchita y ajada (cf. dibujo ut supra), objeto de dación (por parte de Vargas Llosa) y de deseo (por Rosa Díez), es un fraude informativo, es un despojo, es un desecho, es una mentira, que un escribidor caballeroso no puede ofrecer a una dama y, menos aún, a sus lectores.

Desde el campo de la semiología se afirma que, cuando comunicamos oralmente o por escrito, utilizamos simultáneamente diferentes sistemas de signos: una lengua natural y otros sistemas semiológicos (no verbales o para-lingüísticos o para-textuales). Con el lenguaje verbal podemos mentir y engañar a nuestros interlocutores, como lo ha hecho Vargas Llosa. Ahora bien, con el lenguaje no verbal, no podemos hacerlo, ya que no podemos controlarlo conscientemente. Por eso, la ilustración de F. Vicente desvela y desenmascara las intenciones últimas del locutor o escribidor hispano-peruano.

¿Estas contradicciones son la consecuencia de un “lapsus calami icónico”, i.e. fruto de un descuido en la interpretación del mensaje lingüístico de Vargas Llosa por parte de su alter ego F. Vicente? ¿O se trata, más bien, de la ilustración de esos extraños compañeros de cama, comportamiento tan característico de la casta política para conseguir sus fines? Como dice una paremia clásica, “piensa mal, y acertarás”.

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