La viróloga Li-Meng Yan escudriñaba en las entrañas del covid-19 en la Universidad de Hong Kong cuando de repente tuvo que huir a Estados Unidos por miedo a que “la hicieran desaparecer”. Ayer, en una entrevista para El Mundo, la científica del gigante asiático dejó un titular cuanto menos inquietante: “El virus no procede de la naturaleza ni salió del mercado de Wuhan”. De esta manera, la doctora sugiere que el origen de la pandemia pudo estar en algún tipo de experimento de laboratorio que China ha tratado de ocultar al mundo. Yan, uno de los primeros científicos que supieron de la existencia del nuevo coronavirus, dice tener pruebas suficientes para concluir que las autoridades de Pekín han mentido y han tratado de tapar información sobre el covid-19.

Para avalar su teoría de la conspiración, la doctora Yan se apoya en el hecho de que en el mes de diciembre de 2019 los científicos chinos ya conocían la facilidad con la que el germen se transmitía entre humanos y pese a ello no se tomaron medidas de emergencia para proteger a la población. Ahora, la viróloga dice estar preparando “pruebas sólidas” para demostrar sus acusaciones.

Desde que estalló la crisis sanitaria global, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como China han dado por seguro que el primer foco de contagio fue el consumo de carne contaminada (probablemente pangolín o murciélago) distribuida en el mercado de Wuhan. Sin embargo, Yan lo niega, y afirma con rotundidad que el salto del coronavirus animal al ser humano no fue un proceso natural como se ha dicho hasta ahora. La secuencia de los hechos le daría la razón. Efectivamente, el Gobierno chino alertó a la Organización Mundial de la Salud sobre la aparición de una neumonía desconocida el 3 de enero de 2020 y determinó que el brote estaba causado por un nuevo coronavirus (más tarde conocido como SARS-Cov-2). En cuestión de horas, la OMS emitió una declaración en la que aseguraba que “no había pruebas significativas” de la transmisión de persona a persona del nuevo ente biológico. Yan rebatió la versión oficial y volvió a informar a sus superiores de sus hallazgos científicos sobre el coronavirus el 16 de enero, tras lo cual fue advertida por las altas esferas para “que guardara silencio y tuviera cuidado” o de lo contrario “se metería en problemas” y sería “desaparecida”.

La viróloga intuyó desde el principio que el Gobierno chino y la OMS sabían de la posible transmisión entre personas del covid-19 mucho antes de que se informara públicamente sobre el estallido de la epidemia. Fue entonces cuando presintió que iban a por ella, de manera que decidió escapar a Estados Unidos para “concienciar sobre la pandemia y el papel del Gobierno chino en ella”. Tras aterrizar en el aeropuerto de Los Ángeles fue interrogada por la Oficina Federal de Investigación (el FBI) durante varias horas. Luego fue liberada, pero a día de hoy sigue trabajando con los norteamericanos, aunque vive escondida y probablemente bajo protección policial para preservar su seguridad.

La fuga de la doctora Yan fue toda una odisea: “Mi marido, que trabaja en el mismo laboratorio, descubrió que estaba proporcionando información al exterior. Traté de convencerle de huir juntos pero no quiso. Entonces supe que tenía que irme de Hong Kong. Al llegar a Estados Unidos, llamé a mis padres y me dijeron que la Policía había visitado la casa familiar en la ciudad de Qingdao. Unos agentes también inspeccionaron mi apartamento en Hong Kong”, alega.

Nada de lo que ha dicho hasta la fecha la doctora Yan ha podido ser probado (su participación en el “proyecto covid-19” ha sido negada categóricamente por la propia Universidad de Hong Kong en la que supuestamente prestaba servicios como investigadora) pero todo eso podría cambiar de forma radical de confirmarse finalmente que la viróloga se llevó consigo, en su huida a Estados Unidos, documentos de extraordinaria importancia. De momento, en su entrevista con El Mundo, la viróloga ha avanzado que antes de su precipitada fuga contactó con un colega del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de China, que le dio indicios para las primeras sospechas: “Me avanzó que en Wuhan sabían ya que era un nuevo virus SARS y que incluso habían secuenciado su genoma completo”. Secuenciar el genoma de un ente biológico no es tarea fácil, sino un arduo trabajo que puede llevar meses e incluso años. Si es cierto que los biólogos chinos estaban desarrollando un proyecto de secuenciación genética a finales del pasado año estaríamos sin duda ante una revelación de suma trascendencia que tiraría por tierra la versión oficial de que el virus nació en el mercado de Wuhan. Además, la fuente de Yan le habría dicho algunas cosas más ciertamente comprometedoras para el Gobierno de Pekín, como que desde un principio se confirmó que la enfermedad se transmitía de humano a humano, que la comunidad científica “no entendía lo que estaba sucediendo en Wuhan” y que “China no estaba compartiendo la suficiente información para comprenderlo”. Para la doctora Yan, era “evidente que Pekín estaba tratando de encubrir la enfermedad”.

Según la entrevista en El Mundo, después de huir del país asiático, la viróloga ha destacado que trabaja en la preparación de un informe en base a pruebas médicas sólidas para proporcionar toda la verdad sobre la enfermedad y sus orígenes: “El mercado de Wuhan no es el origen del brote ni un animal salvaje el huésped intermedio. La covid-19 no procede de la naturaleza. El mercado sólo es una cabeza de turco (…) El Gobierno chino retrasó deliberadamente la información del virus. Durante semanas, negó que hubiera personal médico infectado mientras pacientes con síntomas permanecían en zonas comunes de los hospitales sin aislamiento y sin equipos de protección individual”. Además, un presunto contratista de la OMS le pidió a Yan que ocultara su investigación y que guardara silencio porque estaba poniendo en riesgo su vida. “Él me pidió que tuviera cuidado. Que no tocara la línea roja, es decir, que no fuera contra los procedimientos del Gobierno de China y que no contradijera sus principios. Si no, me metería en problemas y podría ‘desaparecer’”, afirma la científica. En cualquier caso, la imagen de la OMS por su papel en toda esta historia sale mal parada. La organización niega las acusaciones de la viróloga y aclara que “mucha gente” trabaja para ella en calidad de asesores y consultores. La OMS dice no disponer de datos que acrediten que Yan, tal como ella afirma, trabajara para un laboratorio chino especializado en virus y pandemias. Y tampoco tiene en sus archivos referencias concretas sobre el misterioso doctor Poon, el supuesto supervisor de Yan en el proyecto sobre el coronavirus.

Mientras se despeja la duda de si la bomba de Yan estallará finalmente, los agentes del FBI han abierto una importante investigación sobre el asunto y disponen de un avanzado dosier secreto que llega en el peor momento, justo cuando Donald Trump ha dado la orden de intensificar la Guerra Fría contra China.

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2 Comentarios

  1. ¿Ah pues si lo dice una virologa -entre miles que dicen lo contrario-con todas las puertas abiertas por decir eso en Occidente entonces seguro que no tiene mas interés que el científico verdad?

  2. La sospecha mundial es que el covid19 es un arma biologica creado en laboratorio.Que haya sido una fuga o que haya sido una siembra planetaria no se sabra en mucho tiempo,hasta que las multinacionales farmaceuticas con sus laboratorios no se forren con los tratamientos y vacunas,si es que sale finalmente.El Planeta esta sembrado de laboratorios que juegan con virus y bacterias.La guerra bacteriologica existe desde hace muchos años.
    A saber la verdad!

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