Cualquier vida ordinaria vale tanto como una heroica y, sobre todo, cualquier vida por muy cruda que sea, cuando es auténtica y ha sido vivida con plenitud, vale más que la mejor de las novelas. Y a ese credo me ciño

Las palabras de más arriba pertenecen al único párrafo, once líneas, no dialogadas de UNA VIDA DE BAR EN BAR. El resto de las casi trescientas páginas del libro son dos voces, o más exactamente una: la del protagonista Domingo Espinar, punteada por la voz del propio escritor, salpicadas ocasionalmente por las palabras de los camareros de los diez bares en los que se celebran las diez comidas que José Ángel Mañas va grabando para convertirlas luego en literatura, en gran literatura.

Cada capítulo corresponde a un bar. Y antes de dejar al lector escuchar a su muso y estrella, Mañas deja anotada la fecha y día de la semana, siempre miércoles, y el menú del local donde están comiendo. Para muestra un botón:

Miércoles 28 de marzo.

Bar La Posada del Rey.

Menú del día

Gambón con ensalada

Filete de buey

Pan, vino y postre.

La historia comienza con un niño que vive en una corrala en planta baja en Palomeras Bajas, Vallecas, donde se amontonan casi media docena de familias, que deben repartirse un baño común, o más bien una fosa séptica. Estamos en los años 50 del siglo XX.

España no es una democracia, es una España en la que nadie se divorcia, una España en la que para ayuntarse es necesario pasar primero por la iglesia, pobre, humilde… y llena de alegría. Un momento perfecto para comenzar a narrar una vida, una novela.

Porque a Domingo Espinar le va a ir pasando lo mismo que le ha pasado a todos los españoles que nacieron más o menos por esa época. Ninguno se habría creído que en España iba a correr la pasta, y el sexo llegaría a estar al alcance de quien lo quisiera.

A Domingo le ocurre de todo. Se hace rico, se arruina, se casa, se divorcia, le denuncian, triunfa, fracasa… Los matices son diferentes, pero es lo mismo que le ha sucedido a cualquiera en el país que más genios ha dado la historia de Europa.

Cuando terminé, ayer, de leer UNA VIDA DE BAR EN BAR el primer pensamiento que me vino a la cabeza fue:

Esta es la gran novela de la transición.

Porque la gran novela de una época no se pega a las peripecias de los que viven en los áticos de la sociedad: artistas, políticos u hombres de negocios, sino a la gente de verdad, a las personas de verdad, con las que cualquier puede identificarse y empatiza y se da cuenta de lo que le ha pasado a lo largo de su vida; a él, o a sus padres e incluso a sus abuelos: la primera generación en siglos en España que no tuvo una guerra civil; aunque estuvo el sida, para que el horror no faltara, y ahora tenemos la mordaza de la pandemia.

En suma, un libro imprescindible: en primer lugar para los escritores, porque técnicamente es una maravilla; y en segundo lugar para cualquiera que ame leer, o simplemente quiera descubrir o recordar lo que ha sido nuestro país en las siete últimas décadas.

La gran novela de la transición española, señoras y señores; presumiré en haber sido uno de los primeros en descubrirla.

(Mecanografía: MDFM)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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