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La vergüenza del Corredor Mediterráneo

Manel Mas
Manel Mas
Estudié contabilidad y economía, fui perito y profesor mercantil, ejercí de profesor en Alesco (Altos Estudios Comerciales) en Barcelona dando clases de contabilidad, cálculo y derecho mercantil.
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análisis

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La semana pasada, en Barcelona, se produjo un clamor por el corredor mediterráneo. Más de 1.500 empresarios se reunieron para pedir que el ministerio de Fomento vaya por trabajo y tire el proyecto adelante. Participaron Miquel Roca, Javier Godó, Josep Sánchez Llibre y Josep Oliu. Y los empresarios valencianos pan catalanistas, Vicente Boluda i Juan Roig (el de Mercadona). Y había los presidentes de Cataluña, el País Valenciano y Murcia. También asistió la ministra de Transportes y exalcaldesa de Gavà, la catalana Raquel Sánchez.

¿Qué reivindicaciones políticas pueden unir en un mismo acto un presidente independentista, uno de socialista y uno del PP? ¿Qué puede hacer que Boluda, partidario de ofrendar nuevas glorias en España», se preguntaba en voz alta «como puede ser que todo nazca y pase por el centro de España?». O bien que Roig dijera: «Hemos tardado tres horas a venir de València a Barcelona en tren. Para ir de València a Madrid es una hora y media, y de València a Alicante es infinito».

¿Qué lo ha conseguido? El bolsillo. La constatación que por más que nos digan que España es el país más descentralizado del mundo, las infraestructuras se continúan pensando en radial. Al Estado tanto le da que por la costa que va de Algeciras a Portbou se produzca el 55% de la riqueza española. El objetivo del Estado es conectar Madrid con todas las provincias en alta velocidad, y vaciar España. Gastar en AVE como no ha gastado ningún país del mundo excepto China, y abandonar Cercanías, despreciando el tiempo, el bolsillo de la gente, de las empresas y el medio ambiente.

Todo radial, todo por Madrid. Esto es exactamente así. Es más, esta negación de infraestructuras en Cataluña, València, y el Mediterráneo, se ha hecho contra la historia, contra la economía y, en definitiva, contra el sentido común y, ahora, estamos pagando las consecuencias.

Si repasamos las hemerotecas descubrimos lo siguiente: El 22 de marzo de 2012. Bruselas. Los 27 estados miembros de la Unión Europea votan la financiación de las redes europeas más importantes de transportes, que tendrán que estar acabadas el 2030. El mapa incluye el Corredor Mediterráneo. 26 estados votan a favor, solo uno vota en contra, España, porque el gobierno de Rajoy quiere que el Corredor pase por Madrid y entre en Francia por un túnel en Canfranc (que los franceses no quieren porque ya tienen conexión ferroviaria con la península por el País Vasco y por Cataluña).

El eje logístico Barcelona-Tarragona, núcleo central del Corredor Mediterráneo, es el tercero más importante de la UE en cuanto al volumen de tráfico de mercancías. Solo lo superan el de la cuenca del Ruhr (Alemania) y el de Milán y alrededores (Italia). Pero es un eje que, a pesar de una demanda histórica de los sectores productivos, continúa cojo en su vital conexión.

El corredor no es más que la nueva versión de la Vía Augusta que hicieron los romanos hace dos mil años. Aprovechando las llanuras de cerca de la costa, hicieron el trazado que permitía atravesar los Pirineos y llegar a las puertas de África por el Mediterráneo. Ya está inventado, de hace dos mil años. A comienzo de los años sesenta, el Banco Mundial le dijo a Franco que si quería modernizar la economía tenía que hacer autopistas, y también donde las tenía que hacer. ¿En Madrid? No.

¿Recuerdan Autopistas del Mediterráneo? Pues esto es el que se hizo: una cinta para sacar a Europa toda la huerta y la fruta y la industria de país para exportar. Actualmente son insuficientes, caras y contaminantes. Por esta razón, en 2012, la Unión Europea decidió crear el Corredor Mediterráneo. Una vía ferroviaria por donde tienen que pasar pasajeros y mercancías, que empezaría en Algeciras y acabaría en Ucrania.

El que durante años era un clamor catalán ya hace tiempo que es un clamor que resigue toda la costa mediterránea. Pero ni así parece que esté garantizada su ejecución rápida. El imperativo ambiental, sumado ahora al económico, tendría que ayudar a darle impulso. De hecho, esta semana el lobi Fermed, ha hecho presión en Bruselas con el argumento medioambiental, reclamando una inversión adicional de 100.000 M€ a los 300.000 que el ejecutivo comunitario ya tiene previsto desembolsar para mejorar y optimizar las líneas ferroviarias de las conexiones más transitadas de Europa. De los 100.000 millones reclamados, 18.000 tendrían que ser para el Corredor Mediterráneo. Los trenes consumen 7,8 veces menos energía y el transporte ferroviario es cuatro veces más barato que el tráfico de mercancías rodado.

De no actuar aquí contribuiría a la hipocresía climática que estos días plana sobre la cumbre egipcia COP27. La presencia de la ministra de Transportes y Movilidad, Raquel Sánchez, al encuentro de los empresarios indica que algo cambia. El gobierno español tiene previsto poner en marcha cerca de 100 kilómetros del Corredor Mediterráneo hasta marzo del 2023. El ritmo ha mejorado, pero no hay bastante. La ministra ve el vaso medio lleno, pero ni los presidentes de los territorios ni los empresarios son tan optimistas. El descontento es muy alto, Son muchos años de desengaños y retrasos. Ahora están en servicio 589 km del Corredor. Hasta llegar a los 1.300 km previstos todavía falta demasiado.

¿Qué piensan ustedes, queridos lectores? ¿Hay razones económicas o logísticas que justifican la necesidad de que el corredor tenga que pasar por Madrid o.… es una obsesión patriótica/españolista a la cual ya estamos acostumbrados y que no tiene nada que ver con la lógica comercial, empresarial y económica que el país necesita?

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