Saber valorar es saber decidir, es saber vivir, es saber no hacer daños, es saber hacer el bien porque, gracias a tal capacidad, se sabe dónde está exactamente el error y se sabe además qué es lo que se debe hacer en y con cada instante de la vida. Sí, con un buen valorar SE EVITA EL ERROR, lo que permite un mejorar las situaciones reales y un avanzar pero sabiéndose ya por dónde hay que avanzar.

He ahí que una persona que sabe valorar al mismo tiempo va salvando indignidades, va impidiendo injusticias, va haciendo visible a todo eso que ha sido descuidado u olvidado injustamente, va exigiendo la responsabilidad correcta, va rescatando a la verdad; o sea, va en resumidas cuentas poniendo todas las cosas en su sitio (o recobrando un equilibrio).

Siempre valorar bien es encontrar el equilibrado valor de todas las cosas, tras una búsqueda racional o responsable; y, cuando ya se encuentra tal valor real de algo, entonces ya se puede hablar de que es posible cuidar tal valor real  para PROGRESAR en la sociedad bien con él, sí, para que nos sirva como referencia de progresivo bien o de mejoramiento en nuestras vidas.

Considérese, al respecto, que algo solo tiene una importancia si solo antes se ha valorado (bien o mal); y a través de tal importancia (que se adquiere solo socialmente) ya se consigue una PROTECCIÓN o un camino con su dignidad mínima.

Sí, porque si no se valora bien la importancia de los derechos del niño, lo primero que pasa es que tales derechos dejan de existir o de inmediato se tiende a ello (con lo que eso conlleva de sufrimientos). También, si no se valora la paz o la concordia, pues nadie se lo toma en serio y nadie lucha de verdad de una vez por todas por la paz. También, si no se valora la verdad misma, pues día tras día todos se aprovechan en frivolizarla y en negarla inmoral o ignorantemente. El caso es que el pez que está débil en una sociedad (con poca importancia adquirida)  va a ser objetivamente comido por el pillo pez al que sí ya le han dado importancia y el que sí ya se ha hecho fuerte muy a pesar de todas ésas políticas de unos o de otros que estúpidamente hayan aplicado. Eso es obvio. Es como el incuestionable movimiento que tienen todas las reales cosas.

No obstante, el valorar es una deliberación o un trabajo o una conclusión del pensamiento, exacto, es un juicio, es un sopesar esos muchos factores de lo necesario que es algo o no, ¡claro!, de lo esencial que es algo o no, en la sociedad o en nuestro entorno.

Por ello, siempre se debe hacer tal buen valorar a través de una base no manipulable o incorruptible, sí, con ése algo no arbitrario o que ya esté empujado por sinrazones, sí, con un saber correctamente qué se hace en cada momento con una plena consciencia sin descuidos posibles, o sea, me refiero en suma a que ha de tener tal buen valorar unos criterios infalibles, unos criterios racionalmente maduros y ejemplarizantes.

Eso es, está muy claro:  El que quiera valorar bien, tú, yo o quien sea, necesariamente ha de hacerlo con unos criterios solo de razón (para que no hayan desagradables sorpresas).

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Escritor español de larguísima trayectoria nacido en Cuevas de San Marcos, Provincia de Málaga, que ha publicado miles de obras en 50 años (literarias, de conocimiento,etc), y ha obtenido premios y reconocimientos por su participación en concursos, periódicos, revistas, recitales, programas de radio, acciones humanitarias y eventos literarios en todo el Mundo.

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