Cumplir con los altos objetivos de crecimiento se convirtió para los ejecutivos de YouTube en una prioridad por encima del control de contenidos sensibles. Esa es al menos la conclusión a la que ha llegado la influyente publicación estadounidense Bloomberg en un reportaje en el que acusa a responsables del gigante de los vídeos de ignorar de manera reiterada a lo largo de varios años las advertencias de sus propios ingenieros sobre la proliferación de vídeos de mensaje fascista o con contenido falso sobre temas delicados, como tratamientos de salud.

Lo grave no es ya que esos vídeos estuviesen disponibles en la aplicación, sino que además se ofrecían como sugerencias a los visitantes de la web, dado que la polémica que suscitaban ofrecía altos índices de visitas que se retroalimentaban, generando con ello más beneficios a la plataforma.

En el reportaje de Bloomberg han participado de forma anónima varios empleados de la multinacional y todos coinciden en que ningún responsable de la compañía mostró interés en la propagación viral de ese tipo de contenido ‘delicado’. A pesar de constatar los perjuicios que esos vídeos podían ocasionar y de poner a su disposición soluciones asequibles, los buenos resultados de navegación parecían imponerse sobre cualquier otro criterio. “No mováis el barco”, cuentan esas fuentes anónimas que era la respuesta de la dirección ante las advertencias de los ingenieros.

“El problema no es que estos vídeos existan sino que YouTube permite que destaquen y se expandan a gran velocidad”

A través de un portavoz, YouTube respondía a esa acusación asegurando que en los últimos años están intentando abordar algunos de los desafíos de contenido más difíciles de la plataforma, “teniendo en cuenta los comentarios y las preocupaciones de los usuarios, creadores, anunciantes, expertos y empleados”. Aunque en ese tiempo se han llevado a cabo cambios en el algoritmo para trabajar sobre la relevancia de algunos vídeos según su impacto social en lugar de por las visitas que acumula, el problema parece que sigue sin resolverse.

Con esta polémica ejecutiva, caso de confirmarse, YouTube pasaría a sumarse a plataformas sociales como Twitter o Facebook, entre otras, que han sufrido sonadas críticas por permitir la distribución de contenido de similar signo extremista o tóxico.

Según concluye la popular publicación económica: “El problema no es que estos vídeos existan. Cualquier plataforma que permita a los usuarios subir cualquier cosa los tendrá. El problema es que YouTube permite que destaquen y se expandan a gran velocidad”.

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