Escribía Voltaire a Mme. d´Épinay “Uno de nuestros hermanos señora, y sospecho que es el profeta bohemio (Grimm), me ha escrito una hermosa carta pidiéndome algunos ejemplares de un libro diabólico…. En el que me disgustaría sobremanera haber tenido la más mínima intervención. Se alarmaría mi conciencia por contribuir a esas satánicas, pero como cuida tanto molestarse por vos, no puede haber nada que yo no haga por serviros”. ¿Tolerancia o lealtad de Voltaire con Mme. d´Épinay?

Voltaire no es ateo, no separa el pensamiento de la materia, como consecuencia, personalmente afianzo en esta teoría mi pensamiento en lo referente a lo que, sin duda, se puede no saber escribir ni leer, pero eso nunca impediría al ser humano  saber pensar, hablar y decidir, entender y distinguir, desde el conocimiento, el bien del mal.

La moral es sin duda independiente de la religión. Coincido con Voltaire,  como consecuencia, expreso,  al igual que como lo hice anteriormente, que  el ser humano dispone de un espacio de autonomía propio de inteligencia natural, la cual estamos obligados a respetar y aceptar como cultura  desde la tolerancia del conocimiento y los sentidos que nos conducen desde el alma al respeto. Sin duda, un sabio que escucha y acepta la diferencia es mucho más conmovedor que el que se venga de la sincera naturalidad. La historia de José, personaje del libro bíblico del Génesis, es la cima de la tolerancia desde donde se contempla la verdad del amor mostrada desde la coherencia que nos induce al respeto.

Esta situación que, desde los pensamientos de la tolerancia vivimos, son sueños que se van concretando, tomando cuerpo, con un carácter de sufrida y angustiosa realidad, sin haber pasado nunca por realidad verdadera hasta, llegado el momento, que sientas la falta de libertad impuesta por la razón, cuando de ésta siempre se vio el ser humano privado de ella por el abuso de la propia vanidad utilizada desde la ignorancia que produce la mediocridad o por la fuerza de la tiranía sin haber pasado nunca, en ambos casos, por la realidad verdadera, la igualdad real. Sueño para el hombre el hundirse en la vida que le somete, incluso, a estar vivo sin saber hasta cuándo, quedando solo en la vida aceptando que sólo se trata de algo que le es dado sin tiempo. Es como desarrollarse bajo un sueño en el sueño soñado, es estar en la duración del tiempo controlado por el soñado sueño inevitable hasta que el despierto sienta el sueño como una sustracción de lo que antes era su tiempo prestado con una promesa de compensación subyacente bajo todo tiempo que corre mientras la conciencia late y la solidaridad e igualdad permanecen.

La tolerancia suaviza el nivel profundo del sueño más cerrado a la duración del tiempo prestado. Bendita sea la tolerancia que nos sumerge en los sueños del pasado ejercida por la conciencia de la solidaridad donde vence la vida a medias vidas; donde, en realidad, se escucha en el alma el canto de la sirena que se alza entre las aguas del olvido asomando su medio cuerpo apenas juntos. Un canto que no tiene palabra de articulación, pero sí voz, lamento, llamada, promesa, seducción que suma a la verdad de la vida vivida con el canto de lo vencido que no se resigna a ser controlado vivo y libre.

Podríamos considerar la tolerancia un motivo de autoconciencia los lazos que atan al hombre con el mundo desde el pensamiento al sentido del alma. En el entender del hombre, la naturaleza llega a la conciencia y ésta al espacio destinado en el humanismo para el respeto, la solidaridad y la igualdad real. La tolerancia nos conduce a la parte más noble y valiosa de la moral y la calidad humana. Por ello, pese a las apariencias, el hombre no es contenido ni abarcado por el mundo, al contrario, es él quien le contiene y abarca con el pensamiento. Los seres humanos estamos llamados a viajar de la conciencia del mundo a la conciencia del pueblo, a nuestra propia conciencia y, desde ella, a aceptar la igualdad real en solidaridad y tolerancia.

La tolerancia acerca al hombre natural al hombre consciente dando lugar a conocerse a sí mismo y, con ello, iluminar las bondades del humanismo.

Desde el ejercicio de la tolerancia el hombre y la mujer tendrán despejado el camino para pasar desde la sabiduría y la inteligencia natural de ser humano sustancia a ser humano conciencia, de ser humano imperfecto a ser humano acabado, de hombre y mujer controlado y controlada a hombre y mujer libre, justo y justa, coherente y tolerante.

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