Mucho se está hablando estos días de la tibieza con la que los partidos políticos y las instituciones españolas encaran el auge de Vox. Pero poco o nada se habla de la responsabilidad de la prensa, del cuarto poder, ante el boicot que Santiago Abascal ha decretado contra determinados periodistas del grupo Prisa, a los que no permite el paso en sus actos públicos oficiales. No hace falta decir que la orden del caudillo de Vox atenta directamente no solo contra el derecho a informar de los medios de comunicación de este país, sino también contra el derecho de todos los españoles a recibir información veraz, rigurosa e independiente. Ambos principios están consagrados en la Constitución Española del 78, de manera que Abascal, una vez más, lo que hace es pisotear la Carta Magna, esa que con tanto fervor dice defender por el bien de la patria.

No hay ninguna causa o justificación para vetar la entrada de un periodista a un acto de partido. Si bien es cierto que el recinto en el que se celebra el mitin, presentación o rueda de prensa puede ser privado, lo que allí se dice, el contenido, afecta a toda la sociedad y debe ser de dominio público, transparente, como ocurre en cualquier democracia que se precie. De modo que estamos ante un intolerable ataque a uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho que exigía algo más que una simple nota de condena.

La FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) emitió un comunicado contra el boicot ultraderechista calificándolo de “un nuevo paso en su intolerable estrategia de hostilidad hacia los medios de comunicación”. Y reiteró que “el veto supone una grave vulneración del derecho constitucional a la libertad de expresión, que ampara a su vez los derechos de prensa y de información, pilares fundamentales de nuestra democracia”.

La nota de prensa de los representantes de los periodistas fue ajustada y necesaria. Sin embargo, se quedó corta. Contra el populismo neofranquista no bastan buenas palabras o escritos de queja más o menos expresivos y contundentes. Se impone una estrategia común, una unidad de acción de la prensa en general para plantar cara a la imposición, la mordaza y la abolición de las libertades que pretende instaurar en nuestro país la ultraderecha emergente.

De ahí que lo más importante de todo hubiese sido adoptar una serie de medidas ante el ataque de Vox contra la libertad de prensa. La primera de ellas, sin duda, debería haber sido que todos los medios de comunicación, en bloque, hubiesen dejado de asistir a los actos de partido de la formación verde como forma de protesta. Ante el boicot totalitario neofascista la respuesta inmediata debería haber sido otro boicot, un plante en toda regla: dejar de informar sobre un grupo político que impide que la información fluya libremente. En Estados Unidos, país que suele ir por delante en todo lo que se refiere al sagrado derecho a la información, los informadores ya decidieron retirarse en comandita de algún que otro acto de Donald Trump para protestar contra sus formas dictatoriales contrarias a la democracia. Los periodistas españoles deberían haber consensuado una acción similar. Otra cosa es que algunos medios de comunicación hayan decidido ponerse de lado del fascismo como voceros de sus mentiras y sus maneras antidemocráticas. Con esos ya no se podrá contar porque forman parte del universo verde Vox y están contaminados por su misma ideología ultraderechista. Pero sí podría haber apoyado el boicot a los actos de Abascal y los suyos un importante número de medios de comunicación, seguramente la inmensa mayoría, que se siguen manteniendo fieles a los principios democráticos.

Es algo sabido que Vox, al igual que sucede con otras formaciones populistas de extrema derecha en el resto del mundo, no necesita de la cobertura de la prensa convencional para darse propaganda entre sus masas, ya que se mueven en las redes sociales, principal foco de captación de adeptos y simpatizantes. Pero al menos esa reacción casi unánime de toda la prensa española hubiese sido un gesto simbólico crucial por lo que tenía de fortalecimiento de nuestra democracia, un buen contraataque que quizá hubiese hecho recapacitar a los dirigentes de la formación ultra. Porque se empieza por no dejar pasar a un periodista a un acto público y se acaba por cerrar aquellos medios de comunicación que sean poco amables con el régimen totalitario que se trata de imponer.

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2 Comentarios

  1. Pero vamos a ver, prensa ezpañola.. pero tu quien te crees que eres… vox, como cialquiera, puede hablar o no hacerlo con quien le de la gana, precisamente porque eso entre otras cosas garantiza el ejercicio de su derecho a la libertad de expresion. Yo hablo con cualquiera que me lo pide, sea quien sea, con tal de que hable cara a cara conmigo. Si vox no vale para eso, es que no vale una mierda, pero si vox es una mierda, hay que ser tolerantes, aceptar a vox como la mierda que es, sin criticarlo ni intentar cambiarlo… como si fuera una moraca que ves por la calle con el velo…

  2. Como nos ponemos nerviosos cuando la gente de cansa de la basura de país que tenemos no diferenciando entre libertad y libertinaje, entre libertad de expresión y «vale todo» . Que asco de prensa

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