Foto: Casa de América.

La primera frase de muchas novelas guarda concentrada como un tesoro las esencias fundamentales del resto de la obra. “Me he instalado en esta ciudad para esperar en ella el fin del mundo”. Así comienza Tus pasos en la escalera (Seix Barral), la nueva novela de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956), que supone un nuevo viaje de lo cercano a lo global y viceversa –muy habitual en su trayectoria narrativa–, en un acertado y efectivo intento de conformar una identidad unitaria a problemas universales reflejados en el cotidiano día a día de seres anónimos que trascienden sus propias vidas.

Muchas de las obsesiones humanas se resumen en un mal tan extendido como cotidiano: la soledad y todas aquellas consecuencias que lleva aparejadas

Raro es el protagonista de una novela del escritor y académico de la lengua que no esté llamado a un cometido mayor, siempre con el horizonte puesto en un análisis exhaustivo de la identidad del ser humano y su conflicto con los hechos más relevantes de la historia. Invariablemente desde este siglo veintiuno, y coincidiendo con su traslado profesional a Nueva York como residencia habitual, la temática novelística de Muñoz Molina ha buscado siempre el temblor a todos los niveles que supuso el 11-S. En su última novela, estos atentados terroristas también están presentes de un modo u otro en el sentir y actuar del protagonista y su ausente esposa, Cecilia, a la que espera en Lisboa después de haber decidido cambiar de residencia habitual en Nueva York. Esa espera es el hilo argumental que el innombrado protagonista hasta casi el final, de la mano del propio Muñoz Molina, va destejiendo poco a poco, en un recorrido no exento de reflexiones en torno a la maldad y las conexiones neuronales que provocan algunos de los sentimientos más ‘humanos’, como por ejemplo la culpa, el enamoramiento, la obsesión o el miedo. Precisamente este es el campo de actuación académica de la esperada Cecilia, a la que su actividad universitaria e investigadora le impide supuestamente estar con su pareja en Lisboa. Al fin y al cabo, muchas de las obsesiones humanas se resumen en un mal tan extendido como cotidiano: la soledad y todas aquellas consecuencias que lleva aparejadas.

Muñoz Molina es de los pocos autores en lengua española que dota con maestría el pulso narrativo de los elementos estilísticos necesarios para detallar el momento y el sentir de ese aquí y ahora hasta el puntillismo que lo hacen un caso único. Sus dotes descriptivas de exteriores se contraponen en equilibrio perfecto a las pulsaciones interiores de los protagonistas de sus novelas. Como si se tratara de un entomólogo puntilloso mirando sus preciadas piezas al microscopio, Muñoz Molina se detiene en lo minúsculo, en lo que pasaría desapercibido a cualquiera, y se recrea en él sabiendo que de esta meditada y exhaustiva descripción saldrá el cuadro completo que quiere pintar.

En definitiva, a Muñoz Molina le ha salido un Muñoz Molina en estado puro, como sólo a Picasso le salían los picassos

En esta ocasión, Tus pasos en la escalera tiene algo de distopía, de un asfixiante microcosmos cotidiano repleto de miedos, temores y fobias. También mantiene Muñoz Molina la tensión narrativa gracias al hábil manejo de algo tan imponderable como es lo desconocido, tan real y etéreo a un mismo tiempo que escapa a cualquier previsión, y que no conoceremos hasta el final porque intuimos en todo momento que nada es como lo pinta el autor ni como se supone que debe ocurrir en una convencional sucesión de los hechos. Algo que por supuesto no es el caso que aquí nos reúne. En definitiva, a Muñoz Molina le ha salido un Muñoz Molina en estado puro, como sólo a Picasso le salían los picassos.

 

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