Si el amable lector ha leído lo escrito en el primer artículo sobre las cosas que no sabíamos de la policía de no ser por las películas americanas, publicado en este mismo medio, me gustaría que me acompañase un paso más en aquello que la derecha llama orden público y mejor sería llamarla seguridad colectiva y aportar algún dato de cuánto nos cuesta a nivel de impacto personal.

Hemos dicho ya, y no es ninguna novedad que este, el nuestro, es un país de mucha pequeña delincuencia económica y poquísimos delitos violentos.

Y es que cada sociedad, cada cultura, genera su propia delincuencia. Perdonen el lamentable pero clarificador ejemplo. El “la maté porque era mía” es incompatible con los asesinos en serie que genera la cultura anglosajona.

Esto influye, de entrada, en la condición de “profesional” de ladrones y carteristas, que rehuyen toda comparación con los atracadores del pincho y delincuentes sexuales. El “gremio” ha estado siempre bien organizado a orillas del Mediterráneo y ésto ha llevado a establecer unas muy especiales relaciones con lo que ahora llamamos “fuerzas y cuerpos de seguridad” e incluso con el poder político.

Resulta divertida la cara de asombro de los policías de fuera de nuestra cultura cuando les explicas que aquí, en pleno siglo XXI aun funciona aquello de que “se pase por el cuertelillo” o que el cabo de la Guardia Civil obtenga toda la información que precisa jugando al dominó en el casino del pueblo.

Los actores de la novela picaresca y su tradición de timadores de toda pelambrera y alcurnia son hecho común en nuestra cultura, siglo tras siglo. Y también sus relaciones con el resto del cuerpo social, que les tapa y tolera.

Un ejemplo conocido lo tendríamos en el inefable catalán/catalanista Félix Millet, del que los talibanes madrileños no han podido hacer leña, más que nada, por sus conocidas relaciones personales y económicas con FAES-CATALUÑA y los adalides del Partido Popular.

Así es desde siempre. Ya Mercurio era la divinidad romana asociada con el comercio, los viajes, los comerciantes y los ladrones, quienes la celebraban juntos en comunión. Su culto fue muy importante en Roma, tenía su templo cerca del Circo Máximo (Circus Maximus) y cada 15 de mayo se celebraba su fiesta, la Mercuralia. Curiosamente el mismo día que ahora celebramos San Isidro Labrador.

La globalización anglosajona que ha sembrado la semilla de que es lícito enriquecerse al precio que fuere, la forzosa coexistencia de culturas y religiones  y la entrada de una  delincuencia más violenta provinente de países en guerra a los que nuestro propio estado ha suministrado las armas para que se maten y violen entre ellos, van cambiando poco a poco el “status quo” que regía desde tiempo inmemorial.

Todo así, la pregunta, CON DIFERENCIA, más frecuente que llega a las salas de control y comisarías de todos los cuerpos desplegados por en estado, empiezan por la frase siguiente “les llamo, porque mi vecino me …….”.

¿Qué policía correspondería pues a esa sociedad? ¿es realmente la policía de que nos hemos dotado?

Unos primeros datos esclarecedores para entender el modelo de sociedad en el que trabajará el policía.

a) Estadísticamente, un policía de servicio hará uso de su arma disparando contra un otra persona 0,75 veces EN TODA SU CARRERA PROFESIONAL.

b) Las empresas de seguros, al calcular los seguros de vida han puesto al policía por detrás del funcionario de correos, ambos a mucha distancia de albañiles, conductores o mecánicos.

c) Si bien la de policía es una de las profesiones con menos “accidentes laborales” en España, tiene una enfermedad profesional no reconocida; LA DEPRESIÓN. Cuando hablas con ellos, la cantinela es la misma…. “Es que los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra”. “Nuestro trabajo es inútil, los jueces los liberan en cuanto los ponemos a su disposición”.

Y no lo digo en broma. El policial es uno de los colectivos con más fracasos matrimoniales y suicidios muy por encima de la media. Tienen la sensación colectiva de incomprensión, no sólo de jueces, sino de toda la sociedad; esto hace que acaben rechazando sus valores y mayoritariamente; como dato, los que eligen segunda pareja, la eligen que sea ésta policía o del ámbito de la seguridad. Pero es que la sociedad también se está distanciando emocionalmente de la policía. Violencia gratuita, nepotismo y corrupción son ahora “errores” imperdonables.

Y es que la realidad de nuestra sociedad desluce el tópico al que quieren aferrarse. Y eso duele, les duele.

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