Una de las cosas que me gustan de haber dado clase es que, a veces y con orgullo, uno ve la estela estudios que va dejando, y en las redes sociales ahora puedo seguir la trayectoria de quienes me sufrieron y ahora son adultos. Asisto a un pequeño debate entre varias admirables personalidades que para mí siempre serán mi alumnado, abogadas en ejercicio y desengañado alguno…

¿Legalidad o moralidad? A raíz de la desafortunada sentencia sobre la agresión en los Sanfermines se puede constatar algo muy feo en una sociedad democrática, que es no saber distinguir entre la emoción y el Derecho. Son dos cosas muy distintas. Cuando se habla del desprestigio de las instituciones, maneadas por nuestra mierda de política, una de las consecuencias que trae trasladar la sensación de intimidad entre cargos públicos y jueces es creer que las sentencias se dictan por ideología y no es tan simple. Que la Ley es necesaria lo demostramos porque todos buscamos su amparo; que no nos la creemos lo probamos al despreciarla cuando no nos sonríe; el caso de Cataluña es flagrante, hay quien pide a los políticos que decidan cosas que están en manos de la judicatura, obviando precisamente lo que critican: la separación de poderes, condición sinecuanón para este atisbo de Estado garantista que tenemos.

Otra huella de esta barbarie es clamar contra la prisión permanente revisable como símbolo de la tendencia reaccionaria y, de repente, manifestarse contra un Tribunal pidiendo precisamente eso que en otra ocasión se ha menospreciado… no me gusta esta Justicia veleidosa, y el mundo del Derecho está notando este distanciamiento con la Sociedad y entreveo que está incómodo; no nos extrañemos de las notas no de justificación del Tribunal en cuestión sino de apoyo profesional, no es corporativismo, es democracia.

Supongo que estudiar Derecho debe darte algunos conocimientos que parece que las multitudes adquieren por infusión ipsofacta, una sociedad culta debería respetar el grado sin menoscabo de la crítica brutal pero argumentada y coherente…

Lo justo sería decir que los jueces aplican la Leyes; pero si éstas son tan imprecisas que permitan la interpretación torticera tendremos dos problemas distintos: leyes chungas e intérpretes incapaces. Temo que sufrimos un poco de todo. No creo capaz de interpretar una Ley a alguien que no se haya leído la Historia de la Literatura, del Pensamiento, de la Ciencia y del Arte en todas sus modalidades… Eso era ser Juez, ahora basta con ser un poco engreído y vestir como Dios manda. La carrera te la dan en algunas Facultades, en eso no hemos cambiado; pero quizá deberíamos preguntarnos si el ambiente de esas carreras no empieza a ser tan mediano como el de la calle.

No podemos tener sentencias en función de lo que la gente piensa, aunque tampoco es bueno que haya tanta distancia. Yo estos días he justificado al Tribunal y su papel en mis clases, porque un Estado de Derecho hace Leyes para no condenar a inocentes antes que para perseguir a culpables. Pero en las leyes redactadas hay que distinguir entre «impreciso» y «amplio», no es lo mismo; lo primero trae sentencias infumables como ésta, lo segundo da pie al Derecho: Aristóteles decía que la virtud del Juez es aplicar lo universal de la norma en lo particular del hecho; pero la pátina tradicionalista (y de las JONS) sólo se pierde cuando la Cultura (esto es: el análisis crítico) te permite una distancia suficiente para no creer en «derechos naturales» y pantomimas pseudojudiciales que prejuzgan comportamientos sino que te proporciona altura para profundizar en el concepto del daño y la redención, si es que es posible (de ahí saltaríamos a la protección).

Parece, ahora podemos decirlo, que esta sentencia (sobre todo el voto particular) está firmada más con los santos cojones que con la historia del Derecho y el Humanismo. Sí, hay motivo para el cabreo porque no es que constatemos que el Tribunal ha asumido que sólo existe un daño objetivo cuando haya cicatriz sino porque el Tribunal ha ejercido la violencia del macho asumida con naturalidad y tradición: que la mujer vaya por la calle con miedo, que no entre en determinados lugares por prudencia, que no haga determinadas cosas o según se vista o decida su propio comportamiento termine asumiendo su autorresponsabilidad en el caso de una agresión… esto es un Reino del Terror sólo comparable a la esclavitud (no olvidemos que muchos negros no creían en la abolición).

Eso cambió el 8 de marzo reciente, hemos podido darnos cuenta de esta evidencia. Hay que trabajar para cambiar una sociedad que tiene sometida con amenazas a la mitad y pico de su población. Debemos protestar contra una sentencia que es otra agresión añadida, pero sin olvidar los flecos: hay que probar la culpabilidad del acusado, no es él quien tiene que demostrar su inocencia… en ese hueco debe jugar la democracia, lo otro es peligroso.

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor funcionario de Enseñanza Secundaria, de Filosofía, hasta donde lo permitan los gobiernos actuales. Otras experiencias profesionales: -Director del Festival Internacional de Música Clásica Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). -Director de la Oficina y Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008 organizado por la Diputación Provincial de Huelva, las Consejerías de Cultura y Educación de la Junta de Andalucía, los Ministerios de Educación y Cultura del Gobierno de España y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España, entre 2005 y 2008. -Asesor musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). -Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Conferenciante recurrente en programas educativos del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Educación y de Cultura del Gobierno de España. Como escritor he colaborado con la prensa escrita, antes en Cuadernos de la Campiña, Huelva Información y los diarios provinciales del Grupo Joly, y ahora en la web semanalmente con Diario16.com y mensualmente en la revista en papel Diario16, publicando varios cientos de artículos. He contribuido con textos críticos y de creación esporádicamente con una multitud de revistas literarias. Junto al Catedrático Francisco Javier Blasco Pascual, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes (49 tomos) para la editorial Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ (junto al profesor Javier Blasco, 2013) -Obra y edición en JRJ. El Poema Vivo (2017) Además he preparado la edición, selección y prólogo de la antología del poeta granadino Premio Nacional de las Letras Antonio Carvajal: -Alzar la vida en vuelo (2014 y 2019) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -La Gloria del Mundo (2017) -Libro de los silencios (2018) [XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA 2019] -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) -Las criaturas (Reedición 2019) -El mar de octubre (2020) También he publicado cuentos en diversas revistas físicas y virtuales y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012), y en 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (2016), coordinada por Antonio Enrique, entre otras. El jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 me ha distinguido con su Premio para Libro de los silencios. En el blog literario de Fernando Valls se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en las webs del Grupo Joly, de Diario16 y www.quenosenada.blogspot.com

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