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La seguridad es cosa de izquierdas

Francisco Javier López Martín
nací en la Sierra de Madrid, en Collado Mediano. Licenciado en Geografía e Historia. Maestro en la enseñanza pública. Ha sido Secretario General de CCOO de Madrid entre 2000 y 2013 y Secretario de Formación de la Confederación de CCOO. Como escritor ha ganado más de 15 premios literarios y ha publicado el libro El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de los Nadie y recientemente Cuentos en la Tierra de los Nadie. Articulista habitual en diversos medios de comunicación.
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No es lo mismo estar seguros que sentirse seguros. La seguridad que percibimos es tan importante como la seguridad que realmente tenemos. La seguridad, como la pobreza, siempre tiene un componente subjetivo importante. No es lo mismo ser pobre en un país donde la mayoría de las personas vive en situación de pobreza, que ser pobre de solemnidad en un país como el nuestro. Probablemente la sensación de pobreza es menor en el primer caso que en el segundo.

Si comparamos el estado de la seguridad ciudadana en España, no sólo con el de África, o el de América Latina, sino con el de Estados Unidos, ganamos por goleada, tanto en porcentajes de delitos cometidos, de asesinatos que se producen, de personas encarceladas, o en libertad provisional. En el consumo de drogas, o las muertes por arma de fuego

La sensación de seguridad, no obstante, depende de más factores, en los que tampoco tenemos nada que envidiar a los estadounidenses. Sentirse seguro depende de elementos que preservan el entorno personal, familiar y social de la ciudadanía.

Aunque nuestras tasas de paro son las más elevadas de Europa, después de Grecia, los niveles de protección de las personas que no tienen trabajo, o carecen de ingresos, son bastante mejores que los de los EEUU. Hasta el porcentaje de personas que duermen en las calles, sin alojamiento y techo, es menor en nuestro país.

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Si enfermamos, nuestra sanidad pública asegura que podemos hacer frente a los tratamientos médicos sin jugarnos la ruina económica para pagar una sanidad privada. Si estás embarazada tienes derecho a baja y permisos por maternidad y paternidad.

La sanidad privada estadounidense es muy cara y muy poco eficiente en su relación calidad-precio, mientras que la española, pese a los recortes aplicados con la justificación de la crisis y las operaciones privatizadoras, al calor de la corrupción y tráfico de influencias, favores y puertas giratorias en demasiadas Comunidades Autónomas, figura entre la mejores del mundo y aparece como la mejor de Europa en los informes internacionales.

Si queremos estudiar no tenemos que endeudarnos con los bancos, o aseguradoras, de por vida, para pagar costosas carreras. Si nos jubilamos, cobramos una pensión, en función de la cuota que hayamos ido pagando a la seguridad social. Incluso si no hemos cotizado el tiempo suficiente para tener derecho a una pensión contributiva, podemos acceder a una pensión no contributiva. Cosas impensables en Estados Unidos y que les costaron serios disgustos a los Clinton y Obama.

Sin embargo, la sensación de inseguridad ciudadana en determinadas capitales como Barcelona, o Madrid, parece creciente. Basta prestar atención a los reportajes televisivos diarios sobre actos delictivos, enfrentamientos callejeros, ocupaciones, focos de drogadicción y delincuencia, presencia de manteros asaltando coches policiales en el centro de la ciudade, robos, o palizas en transportes públicos como el metro, o en los barrios más golpeados y empobrecidos por la crisis.

La derecha aplica la única receta, que todo el mundo entiende y muchos compran, que consiste en contar con más policía. Un buen caladero de votos de la ultraderecha en los barrios populares, no sólo de España, sino de toda Europa, se alimenta con este tipo de propuestas.

La izquierda apuesta por ir a las causas de la inseguridad. La creación de empleo estable, seguro, con derechos laborales reconocidos. Reforzar los servicios públicos, ya sean sanitarios, educativos, o servicios sociales. Promover vivienda pública a precios razonables, o vivienda social para los sectores más desfavorecidos. Cuidar las inversiones que promueven el equilibrio territorial y evitan el aumento de las desigualdades.

La aplicación de medidas coercitivas y policiales, por sí solas, no corrigen la inseguridad y terminan reforzando la sensación de inseguridad, cuando no la de vivir en una sociedad represiva que restringe la libertad. Pero en ciudades tan complejas como Madrid, o Barcelona, la izquierda no puede dar la sensación de abandono del reforzamiento de los efectivos policiales, su formación como servidores públicos, su cualificación para prevenir el delito y proteger a la ciudadanía.

La seguridad es una sensación que se alimenta desde muchas políticas públicas. Es patrimonio de una izquierda cuyo objetivo es asegurar sociedades libres, democráticas, con altos componentes de igualdad y solidaridad. Cualquiera que se reclame de izquierdas sabe bien que quienes más necesitan la política, quienes viven en los barrios populares, necesitan estar seguros y sentirse seguros y que para ello, el conjunto equilibrado de las políticas públicas, entre las que se encuentran las de seguridad ciudadana, son muy importantes.

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