Vamos a ser claros. Todo este rollete histérico del Procés, del que hay que aplicar sí o sí el 155, no esconde otra cosa que la lucha por quién encabeza la secesión de España que están aplicando Madrid y Barcelona, las dos grandes metrópolis de nuestro país. Y por supuesto, en esa lucha, las élites utilizan a las clases subalternas, a aquellos que más padecerán, que están padeciendo ya, este proceso de secesión, a esas clases subalternas de Soria, Gerona, Lleida, Castellón, Jaén o Alicante..

Guilluy ya lo ha dejado claro. Pero por si acaso, la propia Eurostat ha señalado como en los últimos diez años se ha disparado la brecha de desigualdad y como la riqueza se ha concentrado en Europa en las grandes metrópolis de la misma. La OCDE ha indicado como las grandes capitales, que atraen capitales extranjeros, han acabado concentrando más riqueza y más poder. Mientras, el resto de Europa, acaba siendo el terreno de la llamada España Vaciada, de los Chalecos Amarillos, en un creciente y acelerado declive laboral, de servicios y de oportunidades. Madrid, por ejemplo, ha protagonizado un proceso mediante el cual, a través de la gentrification, expulsa a clases populares, que se tienen que ir a trabajar a provincias vecinas, o conformarse con la precariedad y el subempleo, mientras atrae 100.000 personas al año, en su mayoría con buena formación y que pertenecen a la élite de capital humano de las regiones emisoras de buena parte de España. Y no sólo es el efecto capitalidad, ni el efecto de ser sede de las multinacionales, es que, seguramente como consecuencia de lo anterior, el 40 % de los empleos de alto nivel tecnológico que se han creado en la última década se concentran en la Comunidad de Madrid. Y mientras, el talento local de Valencia, Valladolid, Soria, Ciudad Real o Castellón se vacía, cómo explica Miguel González Leonardo, y se dirige a Madrid. O a Barcelona, en el caso de Gerona, Lleida, Tarragona, Zaragoza o incluso de Valencia o Castellón. En esta situación hay que enmarcar el rollete del Procés o la brasa del 155, en la lucha por quién encabeza el proceso de secesión de las grandes metrópolis españolas, si Madrid o Barcelona, y ocupa el lugar preminente, junto al resto de las grandes metrópolis europeas, en el movimiento de secesión enfrente de ese resto de Europa vaciada, lleno de seres “deleznables”, perdedores de la globalización y que se resisten a dejarse vencer, que se manifiestan, con chalecos amarillos o no, y que creen todavía en esa Europa garantía del Estado de Bienestar y del Empleo.

Si bien es cierto que en España no hay intelectuales dignos de ese nombre; sólo hay propagandistas al servicio del poder de turno, afortunadamente en Europa sí que los hay. Guilluy es uno de ellos y lo ha explicado muy bien. Hay una creciente dicotomía entre las grandes metrópolis europeas, y el resto. Las grandes metrópolis, llámense Londres, París, Milán, Amsterdam, Madrid o Barcelona, integradas en la economía global, no tienen nada que ver con el resto, con las ciudades pequeñas o medianas, con los territorios rurales, que son los grandes perjudicados del modelo neoliberal y de la desindustrialización. En las grandes metrópolis, ¿en qué se diferencian Barcelona de Madrid?, encontraríamos unas élites económicas, políticas e intelectuales, además de unas clases aspiracionales sostenedoras de las mismas, en su doble versión, conservadora y liberal a la derecha, o progre o Bohemian Bourgeais a la supuesta izquierda, inmersas en un mundo de oportunidades, encantadas de conocerse, y con un desprecio acérrimo a esos seres “deleznables” ( obreros, campesinos, pequeños autónomos, funcionarios, etc) de la periferia, que se ven empujados a la precariedad, el subempleo, la pobreza creciente fruto del neoliberalismo globalizador, que no pueden tomar cafés en el Starbuck porque no lo hay. Es la Europa de los bares y cafés contra los de los Starbuck cools y guays. Es la Europa que se resiste a dejar morir al Estado de Bienestar, a la igualdad de oportunidades, al trabajo y la vida digna, y que es vilipendiada y denigrada por no saber adaptarse a los tiempos y a su declive.

Claro que sin los colaboracionistas de esa Europa periférica, sin esa clase que aspira a ser clase aspiracional, que no Global Class, esto no sería posible. Y siempre está la wifi para lograrlo. Y eso es tan cierto en Madrid, como en Barcelona. Y eso es tan cierto en Ciudad Real o Lleida, donde les toman, nos toman el pelo, el pelo de la gente sin clase y prescindible que nos consideran. ¿Reaccionamos?

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