Los últimos años generaron problemas y conflictos antes inexistentes. Uno de ellos viene de la mano de la longevidad. Según el INE, las españolas tienen esperanza de vida hasta los 86,1 años; los hombres no viven hasta los 80,6. La expectativa media de vida es de 83,4 años. Hace poco más de 50 años, en pleno desarrollismo de los felices sesenta, los españoles morían antes de los sesenta años, siendo las mujeres más precoces. Todo cambió.

La vivienda es otro de los conflictos que sufren nuestros mayores. Una vez pagados créditos y reformas durante décadas de trabajo, esfuerzo y privaciones, el hogar familiar centra la lucha por herederos en vida o tras la muerte de sus padres. Lo que antes se percibía como regalo a los sucesores ahora equivale a infamias, disputa, pleitos o esa cascada de agravios infanto-juveniles que acumulan hijos y nietos.

Qué decir de las pensiones. Cuando explotó la ‘burbuja’ hace diez años, muchas hipotecas, por ínfimos impagos de plazos, expulsaron de sus hogares a familias. De pisos alquilados echaron a quienes no podían pagarlo cuando parte de la pareja pasó al desempleo. De otro lado, los socorridos ‘abuelos’ ya eran hospitalaria parada y fonda para divorciados.

Pocos niegan que la crisis a las que nos referimos que incrementó la desigualdad sacó de asilos a muchos mayores. Sus pensiones fueron objeto de supervivencia para hijos y nietos alicortados de ingresos, en el desempleo o que trabajan pero no llegan a final de mes.

El síndrome del ‘abuelos-esclavo’ que cuidan nietos sin horario, los más de dos millones de mayores que viven solos y mueren sin que nadie esté cerca es otro problema social al que apenas da respuesta un estado cuyo bienestar se deteriora gravemente. Los mayores españoles, además, parecen estorbar tras regalarlo todo a los suyos. ¿Quién tomará nota del problema?

Serían impensables estas incidencias en otros rincones del planeta En continentes como el africano, donde los más longevos tienen experiencia y autoridad de su parte, son reverenciados. Cuando fallecen los suyos convienen que ‘cierran una biblioteca’ por trasmitir la cultura oral. También, en la mayoría de países asiáticos los ancianos raramente los abandonan. Los miman hasta el último de sus días. Consideran que, sus ancestros, son el origen de todo lo bueno y esto debe prevalecer. .

Negocios sobre ‘seniors’

Para más inri, nuestros jubilados son la diana perfecta para el marketing más agresivo y carente de escrúpulo. Las mentes más proclives a vaciar bolsillos tienen en los ‘seniors’ objetivos a batir. Son educados, con buena fe, crédulos, confiados y creen casi todo de comerciales entrenados para venderle lo innecesario, ‘colocarle’ lo prescindible y peores, muy bien definidos en el Código Penal fácilmente imaginables.

La ‘televenta’ arde con ofertas ‘maravillosas’, con información parcial y ventas desde ‘call centers’ de mantas, enciclopedias, baterías de cocina, remedios maravillosos y objetos perfectamente prescindibles. Facilitar datos personales o bancarios a comerciales es un error que se paga caro.

Pocos saben que los datos de mayores que viven solos, tienen solvencia y pagan puntuales se cotizan como el platino entre empresas cuya clientela brilla entre jubilados. Las listas de abuelos ‘VIP’ sin recato ante LOPD-RGPD circulan frenéticamente por esos canales de mercaderes sin tasa.

¿Qué hacer con el hogar?

La mayor inversión que cualquiera hace en su vida es comprar una vivienda. La cultura de propiedad de los españoles cambió poco. Queremos escritura en notaría, con o sin hipoteca. Y somos reacios a compartir ese estatus de ‘dueños’ únicos que economizaría gastos objetivamente.

Pagadas o no las cargas y mantenimiento del hogar de familias antaño numerosas les sube la temperatura. Antes, fraccionar una vivienda con varias habitaciones entre 4 hermanos, por ejemplo, de los cuales dos no tiene pareja e hijos y los otros dos la tienen, más uno o dos descendientes era fácil. O se vendía, o se compartían gastos, tras morir los testadores. O bien se compraban las partes los herederos. El respeto presidía todo.

Nuestros jubilados son la diana perfecta para el marketing más agresivo y carente de escrúpulo

Es muy triste hoy ver a ancianos, viudas o viudos, en su último tramo, ver cómo se pelean por el botín unos piratas por los que corre sangre propia. Hay padres que quieren hacer las cosas bien y, sin pretenderlo, encienden la chispa del conflicto. Encima que dan, regalan y lo pagan todo reciben reproches o amparan más a algún hijo que tiene cerca sobre otros que están lejos y más separados del dogma familiar. Le pelea por el hogar está ahí.

Cuando los ancianos mueren la vivienda es un problema a la hora de pagar tributos (plusvalía, sucesiones, trasmisiones), gastos (notaría, registro más gestión escritural y abogado, en su caso) sobre quién, cuánto y cuándo debe hacerlo. Todo ello si los beneficiarios están conformes con el testamento.

La conflictividad judicial y escenas muy desagradables en notarías asocia las herencias con los líos. Hay notarios -en toda España- que adaptaron diferentes salas en sus despachos para leer y firmar escrituras donde no coincidan quienes participan. Y salidas diferentes a la entrada para no verle el pelo a quien pasó de ser íntimo, querido familiar, a vil enemigo.

Visto lo visto muchos mayores no saben qué hacer con su patrimonio inmobiliario. Obviamente, mientras más propiedades haya en liza más ocasiones de trifulca existen por lo expuesto. España, además, es un estado donde hay 17 cuotas distintas del impuesto de sucesiones, variables valores catastrales, enfrentar el Plus Valía o cobrar el IBI.

¿Renta Vitalicia, hipoteca inversa?

En países centro y norte europeos, Estados Unidos, Canadá, Australia es normal vender la vivienda cuando llega la jubilación y recibir una renta vitalicia que permite disfrutar el hogar de toda la vida hasta morir. Los hijos y herederos harán lo mismo. O pagarán alquiler toda o parte de la vida laboral, como hicieron los jubilados cuando empezaron a trabajar.

Es muy normal también fuera de España constituir fondos que garanticen estudios universitarios, atender discapacidades, inversiones, tratamientos médicos, vivienda, etc… Los pagan los padres a sus descendientes, familiares o ahijados. Esos fideicomisos aquí son infrecuentes, como los contratos prematrimoniales. Unos y otros evitan innumerables conflictos.

El mercado español, tras caer cajas de ahorros, bancos y aseguradoras del ladrillo y construcción limitaron los créditos hipotecarios. El riesgo de impago y el mayor valor de tasación sobre el de mercado de lo hipotecado causó pánico a nuestros banqueros y financieros. Cerraron el grifo.

Cualquier jubilado, ante un problema de liquidez, puede constatar que la banca no le da más crédito, ni hipoteca por su vivienda dada su edad y pensión, cuyos topes máximos lo establece Hacienda.

Entonces, ¿cuál es la opción? Internet da respuestas. El mercado da más. Casi todas pasan por pagar antes de cobrar para obtener liquidez extra para completar las ‘flacas’ pensiones o atender imprevistos. Nos referimos a fondos y planes de pensiones a los que se aportó antes. También, a hipotecas ‘inversas’ –pagan +/- 40% del valor de mercado de la propiedad– que pagarán los herederos. Por último, encontramos seguros de ‘renta vitalicia’ que cuyas primas se pagan a priori por los beneficiarios.

Las alternativas indicadas exigen previo pago antes de cobrar. O se paga mucho más de lo cobrado por los intereses y gastos escriturales que entraña la ‘hipoteca inversa’. Llamativamente, ningún banco español otorga esas hipotecas aunque se comercializan con éxito. Para entendernos, se cobra por lo pagado antes o pagan herederos de quien cobra.

larentavitalicia.es

Tan cruda realidad certifica que ‘nadie da duros a cuatro pesetas’. Lo más válido es vender la nuda propiedad de la vivienda, conservar el usufructo y percibir una renta vitalicia. Es decir, se cobra una pensión extra y se sigue disfrutando del hogar. Todo, en Notaría y con las debidas garantías legales.

En la web www.larentavitalicia.es (LRV) encontramos un instrumento que resuelve y evita conflictos, dudas y otorga ese bienestar al que no debe renunciar quienes entregaron su vida laboral al trabajo, a la familia y al ahorro para tener casa propia. Vender la nuda propiedad evita y garantiza que el hogar no caerá en manos del fisco, de pleitos entre herederos que no cuidaron a los mayores o familiares ingratos cuya codicia se desata por el dinero fácil de lo que puede heredarse.

Las bajas pensiones hacen que muchos mayores tengan ‘extras’ que sólo los pagan ahorros previos. Ese dinero ‘de reserva’, que todos jubilados suelen atesorar, se esquilma tras eventos familiares (viajes, conmemoraciones, bodas de hijos, comuniones), gastos imprevistos (obras, tratamientos médicos privados, coche nuevo, vacaciones, etc…) o caprichos en el tintero (viaje soñado, aficiones caras, hábitos de bon vivant)

Tener, además de ahorros, una pensión complementaria que se acerca, iguala o supera la que se cobra otorga aval extra sobrelleva mejor el cotidiano de nuestros mayores. Se supone que jubilación nace del júbilo y no se asocia a privaciones o conflictos.

Vender una parte de la vivienda (provindiviso), optar por cobrar la renta vitalicia en menor plazo o en uno sólo en función de la edad son opciones que contempla LRV en su catálogo de ofertas.

LRV también estudia comprar, previo pacto, vivienda de mayores y alquilársela, fórmula extendida en el extranjero. Pero los precios de compra con inquilinos son inferiores a los del mercado inmobiliario actual, inflado como cuando explotó la ‘burbuja’ hace 10 años. ¡Somos incorregibles!

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