La popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador ha llevado a la oligarquía a denunciar su inminente reelección, la presión ha sido tal, que ha firmado el compromiso de no reelegirse, en su carta de contenido histórico expresó que lo hace no sólo por obediencia a la Constitución sino por su convicción antirreeleccionista como partidario del legado de Francisco I. Madero.

El Congreso debe seguir el ejemplo del presidente para que diputados y senadores en lugar de reelegirse se sometan a revocación de mandato, más cuando hay una camarilla de legisladores que desde el gobierno promovieron la reelección inmediata para consolidar su grupo compacto al servicio de la oligarquía.

El principio de no reelección tiene un profundo arraigo en el pueblo, de hecho, el último presidente que trató de reelegirse fue Álvaro Obregón quien terminó asesinado por un fanático de los cristeros que eran los conservadores de los tiempos de la Revolución mexicana.

Pero el miedo de esa camarilla conservadora es que ellos son los que asfaltaron la reelección presidencial al reformar la constitución para introducir la reelección inmediata de alcaldes y legisladores bajo el argumento de la profesionalización de la clase política.

Esa reforma constitucional se decretó en 2014 como parte de lo que se llamó el pacto por México que fue el último paquete de privatizaciones que incluyó educación y energéticos, por tanto, fue el pago a las fuerzas políticas que se suponían opositoras pero que en los hechos fueron comparsas.

Es esta reforma la que deja abierta la reelección presidencial porque los argumentos que utilizaron para instituirla bien sirven para justificar la reelección presidencial, de hecho, el argumento central era que no se trataba de perpetuar a los diputados y senadores sino de darle poder a la ciudadanía de evaluar su trabajo.

Darle poder al pueblo fue la mentira sobre la que descansó el pago a la oposición complaciente, sin embargo, era obvio que el presidente Enrique Peña accedía porque además de pagar los servicios de la oposición implicaba la posibilidad de promover la reelección presidencial, vale la pena recordar que para este momento aún no ocurría la desaparición de los 43 normalistas.

Diputados y senadores podrán permanecer en el cargo hasta por 12 años consecutivos, naturalmente esta reforma estaba hecha a modo para perpetuar a los firmantes del pacto por México, pero se atravesó el Movimiento de Regeneración Nacional y la tercera candidatura presidencial de Obrador les pasó por encima.

Sin embargo, ahí está en el senador Osorio Chong que como secretario de gobernación traía la pluma de la redacción y firma de ese ignominioso pacto, con cinismo amenaza la posibilidad releccionista de López Obrador, pero se reelegirá por otros seis años y sin desgastarse los zapatos como candidato de lista.

La democracia de fachada postuló que la política es para los iluminados o para los profesionales, pero eso es el gobierno de la oligarquía, la verdadera democracia significa la máxima participación del pueblo en los asuntos públicos, de ahí la incompatibilidad de la perpetuación de legisladores y alcaldes, porque convierte las posiciones en cuotas de caciques.

Esa reelección instituida por el PRIAN es la rendija por dónde se puede colar la dictadura que es el deseo de los dueños del dinero, hacer del gobierno un aparato inerte dominado por un presidente implacable contra el descontento popular y dócil ante sus degenerados intereses.

Por eso se oponen a la revocación de mandato porque es contrario al modelo de país que establecieron en el que el pueblo sólo tiene el derecho a votar por ellos, la posibilidad de que el pueblo disponga les irrita, sin embargo, haya o no revocación, sea como sea en 2021 el pueblo expresará su opinión sobre la permanencia del presidente.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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