El modelo farmacéutico español es uno de los mejores del mundo; una red de más de 22.000 farmacias distribuidas estratégicamente y controladas por todo el territorio nacional, que hacen que todos los ciudadanos de este país tengan acceso al medicamento aún en los lugares más recónditos de nuestra geografía. Es más; son muchos los núcleos rurales en los que el farmacéutico es el único facultativo sanitario accesible y al servicio de la población a diario. Sin duda, lleva a cabo una labor vocacional y llena de humanidad que a los pacientes no se les pasa por alto. Esto redunda en que el colectivo farmacéutico es uno de los más valorados profesionalmente por los ciudadanos. Esta percepción enorgullece a este colectivo, que en no pocas ocasiones se encuentra en una situación de viabilidad comprometida económicamente.

Los farmacéuticos nos formamos estudiando una carrera universitaria multidisciplinar de cinco años , durante la cual estudiamos muchas materias que finalmente nos faculta para ser los profesionales del medicamento en el más amplio sentido: elaboración, custodia y conservación, uso del medicamento, interacciones, contraindicaciones… Somos, además, los únicos facultados para dispensar los medicamentos, hacemos una labor muy necesaria con el servicio de sistema de dosificación personalizada, que ayuda a muchas personas de edad y que se encuentran solas, a cumplir con sus pautas de tratamiento, detectamos posibles interacciones, efectos secundarios y otros problemas relacionados con los medicamentos y su uso, cumpliendo con el objetivo de ser auténticos agentes en lo que a farmacovigilancia se refiere. Somos, en una palabra, los centinelas de la salud de forma directa, permanente y accesible.

En otros núcleos, semi-urbanos y urbanos, la labor del farmacéutico y de la farmacia no es menos apreciada por los ciudadanos. Estamos hablando de un establecimiento Sanitario privado de interés público, accesible a todos . Un espacio en el que se resuelven dudas, se dan consejos y se solucionan en muchas ocasiones problemas de salud que evitan el colapso de centros de atención primaria y hospitales, se hacen campañas, se hacen guardias sin retribución económica alguna, se escucha… Esto es lo que conforma la Oficina de Farmacia, Farmacia Comunitaria o Farmacia Asistencial.

No hace falta ser un lince para percatarse de que todos estos servicios ofrecen una comodidad al paciente, y además ahorran mucho dinero a nuestro asfixiado sistema de salud, y que una liberalización del sector dejaría sin asistencia a la mayor parte de las zonas rurales: los más desfavorecidos.

Las farmacias no son establecimientos con ánimo de lucro. Pero para que se nos deje de ver desde este prisma, es necesario avanzar en el marco jurídico de la ATENCIÓN FARMACÉUTICA, y que el sistema sanitario nos incorpore definitivamente como un facultativo sanitario principal a respetar.

En España hay unas 4000 farmacias en situación de crisis y unas 1000 que tienen que recibir subvenciones para poder continuar abriendo la puerta y encendiendo la cruz verde cada día, indicador de que ahí se encuentra un profesional formado durante 5 años, encargado de custodiar y dispensar medicamentos y resolver muchas dudas relacionadas con la salud.

Paradójicamente a lo expuesto en el párrafo anterior, resulta que los farmacéuticos que estamos al frente de una oficina de farmacia somos autónomos, empresarios, y como consecuencia soportamos unos gastos: alquiler de local o hipoteca, mantenimiento, equipamiento… lo inexplicable es que estos establecimientos tengan problemas de viabilidad con unos políticos que constantemente bajan los precios de los medicamentos; se precisan unos ingresos respetables para mantener la farmacia como tal, y el farmacéutico debe tener un beneficio digno, acorde la labor que ejecuta. Estas bajadas pueden terminar por repercutir negativamente en la calidad y seguridad de los fármacos, como ya estamos comprobando, a lo que se sumarán los despidos de muchos trabajadores de toda la cadena relacionados con el sector. Muchas farmacias cerrarán sus puertas y no volverán a abrirse, siendo los más perjudicados sin duda alguna los pacientes, en especial los habitantes de zonas despobladas, personas mayores sin posibilidad de desplazarse en la mayoría de los casos.

La farmacia no resiste más ataques, pero definitivamente nuestros gobernantes no deben de valorar esta labor y cada día que pasa nos dan una nueva vuelta de tuerca. Cada vez que se plantean medidas de ahorro sus miradas se dirigen siempre al sector sanitario más generoso de nuestro país.

El modelo farmacéutico mediterráneo recibió su primer ataque serio con el RD 5/2000, de dudosa legalidad, (devolviendo a la Administración parte de nuestro margen). Desde entonces, hemos seguido siendo en repetidas ocasiones el blanco de todas las miradas en cuando al ahorro en gasto sanitario se refiere. Detrás de ese Decreto vinieron otros, incluso de ámbitos autonómicos.

Llevamos años sufriendo las bajadas de los medicamentos cada dos por tres, hasta llegar al punto de que un medicamento, que es una herramienta de salud, en ocasiones vale menos que una golosina. Esto provoca el desabastecimiento de muchas moléculas que los laboratorios prefieren exportar a otros países donde se les paga a su justo precio y ahogando a un gremio como es el farmacéutico. Sin olvidar los recortes anuales y la permanente subida de impuestos ,que terminarán por acabar con muchos puestos de trabajo. No sólo despidos que se producirán en la farmacia, también en la distribución y en los laboratorios y, por supuesto, la desaparición de boticas rurales que no dan para vivir. Con esto desaparecería un derecho recogido en nuestra Constitución.

La farmacia, aún con problemas de viabilidad y cuando en algunas zonas de España no cobraba en meses, ha seguido dispensando medicamentos y aguantando el tirón. ¿Saben por qué? : por la vocación de función asistencial y prestación de servicio; porque privar a la población de medicamentos no es privarla de un bien de consumo cualquiera. Estamos hablando de la salud: Un derecho de todos los ciudadanos.

¿Cuántos profesionales sanitarios o no sanitarios seguirían trabajando si no cobraran?

¿Se imaginan dónde queda la dignidad de un farmacéutico cuando se levanta a las 5 de la madrugada en una guardia para dispensar un medicamento urgente y cobrar 27 céntimos de euro?

¿Se han preguntado por qué profesionales sanitarios con formación inferior a la nuestra nos atacan constantemente y reclaman para ellos atribuciones que por sentido común e indiscutiblemente no les corresponden?

Contesto a las cuestiones: porque hay una sola perspectiva, completamente equivocada y sesgada, con la que se mira a la farmacia, y es la del punto de vista económico. Modifiquen esa visión o, mejor dicho, ¡no lo hagan!. Hagan las cuentas y recuperen el valor por el medicamento, pero ante todo y sobre todo miren al farmacéutico desde el prisma de la labor asistencial que realiza y, por supuesto, luchen por la sostenibilidad de nuestro excelente sistema sanitario con medidas razonables y que afecten positivamente a todos los profesionales sanitarios.

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1 Comentario

  1. Muy buen artículo, jajaj. Empezando por que la farmacia no es un establecimiento con animo de lucro y continuando con otras barbaridades como que estos establecimiento tienen problemas de viabilidad, cuando se tratan de monopolios con márgenes y clientela prácticamente garantizada. Creo que deberíamos mirar más modelo navarro y no meter tanto miedo con desabastecimiento, por que ahí tenemos el ejemplo.

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