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La pulsión creativa de un escritor torrencial

El estadounidense Thomas Wolfe reflejó en ‘Historia de una novela’ todo el proceso personal y creativo que le llevó a escribir de manera impulsiva e incontenible su segunda gran obra maestra, ‘Del tiempo y el río’

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análisis

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La esencia de las cosas se recoge en tarros pequeños, en la mayoría de las ocasiones. Este bellísimo e intenso opúsculo escrito por un autor torrencial, sin límites, avasallador en su escritura, cristalino en su mensaje y poético en su fluida narrativa, condensa como pocos en la historia de la literatura universal esa pulsión creativa a la que todo escritor recurre en mayor o menor grado, pero que muy pocos saben explicar a qué responden esas señales que redundan en obras literarias más o menos acertadas, más o menos brillantes, mediocres, malas o simplemente geniales.

El estadounidense Thomas Wolfe (Asheville, 1900-Baltimore, 1938) es un caso único en este sentido. Para ello queda Historia de una novela, que Periférica edita ahora con traducción de Juan Cárdenas. En años anteriores también ha publicado buena parte de la obra breve de Wolfe, como El niño perdido o Hermana muerte. La prematura muerte del autor de El ángel que nos mira a los 38 años víctima de una tuberculosis frenó abruptamente la carrera literaria de quien posiblemente no tenía techo artístico cuando fue descubierto por el editor de otras insignes plumas patrias como Francis Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway. Hablamos del impar Maxwell Perkins, verdadero protagonista de esta obra apasionante, escrita con verdadera entrega y honestidad y transmitida a los lectores con ese furor compositivo que Wolfe sufría sin remisión, y sobre el que el propio Max Perkins tenía serios problemas para encauzar adecuadamente.

Es precisamente en esa confluencia entre un escritor torrencial y un editor equilibrado y sabio donde se genera el arte literario

Es precisamente en esa confluencia entre un escritor torrencial y un editor equilibrado y sabio donde se genera el arte literario. El uno sin el otro sería como montar a un potro desbocado sin saber meter siquiera los pies en el estribo. Así fue la relación personal y profesional que vivieron intensamente Wolfe y Perkins, y que logró el equilibrio perfecto gracias a un intenso y despiadado proceso de poda. Wolfe era incontenible en su escritura, avasallador, un río bravo que busca cauces donde nadie los imagina posibles. De ahí la importancia del editor en un caso así, y Max era la persona ideal.

El escritor y el libro terminado

“A mediados de diciembre de ese año, el editor de quien he hablado antes y quien, durante todo ese periodo tormentoso, había velado por mí en silencio, me invitó a su casa y me informó con voz serena de que mi libro estaba terminado. Sólo pude mirarlo con estupefacción y finalmente atiné a decirle desde las profundidades de mi propia desesperación que estaba equivocado, que el libro seguía inacabado, que nunca podría completarlo, que ya no podía seguir escribiendo. Con el mismo tono categórico, me respondió que, lo supiera yo o no, el libro estaba terminado”.

No se puede expresar mejor esa tensa, única e intensa relación que se mantiene entre escritor y editor durante el proceso de creación hasta la publicación final de la obra. El genio es el escritor, el editor es otra cosa, por encima del bien y del mal de los halagos y los improperios. Por todo ello esta Historia de una novela es una obra de referencia para aproximarnos a la intensa relación que se establece en el mejor de los casos entre editor y escritor.

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