Lo acaba de decir la prestigiosa revista científica The Lancet: el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, es “la mayor amenaza para la respuesta de Brasil al covid-19”. En su influyente editorial, la publicación sugiere que cambie su política y su comportamiento ante la epidemia o será “el próximo en irse”. La respuesta de Bolsonaro, arrogante como no podía ser de otra manera, ha sido darse un placentero paseo en moto acuática por los lagos de Brasilia, mientras su país supera los 135.000 casos de contagio y más de 10.000 muertos, unos números que The Lancet recuerda −dada la escasa fiabilidad y transparencia del Gobierno populista brasileño−, son solo aproximados.

Probablemente a Bolsonaro no lo inquiete lo más mínimo lo que se diga de él en una de las revistas científicas más importantes del mundo. Siempre fue más de Biblia y sectas evangélicas que de vacunas y tratamientos eficaces para combatir la enfermedad, de ahí que promueva misas multitudinarias con cientos de personas codo con codo en medio de la epidemia. La semana pasada el singular presidente carioca respondió con un indolente “¿y qué?” cuando los periodistas le preguntaron cómo había recibido la noticia de que Brasil ha superado ya a China en número de muertos por coronavirus. Y recientemente llegó a afirmar que “la libertad es más importante que la vida” antes de exigir −frente a la Corte Suprema del país y acompañado por conocidos e influyentes empresarios−, la “flexibilización” de las cuarentenas en estados brasileños que están siendo masacrados por el agente patógeno. Bolsonaro es de los que creen que la fe es más decisiva que la ciencia y la economía más importante que la salud, de modo que ha puesto a trabajar a los brasileños en medio de la peste.

“Tal vez la mayor amenaza al combate contra el covid-19 en Brasil sea su presidente Jair Bolsonaro”, insiste The Lancet, que acusa al líder brasileño de ir “diseminando confusión, desalentando las sensatas medidas de distanciamiento físico y confinamiento decretadas por gobernadores y alcaldes”.

La dura reprimenda de la prestigiosa publicación es un claro aviso a navegantes, no solo para Jair Bolsonaro. Los populismos demagógicos de extrema derecha están amplificando el daño del coronavirus en todo el mundo y la comunidad científica internacional se muestra seriamente preocupada. Sin ir más lejos, en las últimas horas Donald Trump ha proclamado que Estados Unidos “se ha impuesto” en la batalla contra la enfermedad, pese a que la cifra de muertos alcanza los 80.000 y los contagiados van por 1,3 millones. La realidad nunca es impedimento para un populista demagógico negacionista y Trump se ha apresurado a dar por superada la epidemia con un victorioso “misión cumplida” en Twitter que ha estremecido a los científicos norteamericanos, obsesionados con tratar de concienciar a la población para que no baje la guardia ante la peor epidemia de la era contemporánea.

Sin duda, cuando The Lancet se refiere a la incompetencia e irresponsabilidad de Bolsonaro también está señalando a políticos que coquetean peligrosamente con el populismo de extrema derecha en otras partes del mundo. Ahí podríamos incluir sin temor a equivocarnos a Vox, que en las últimas horas ha promovido una manifestación en coche para protestar contra el estado de alarma que supuestamente estaría recortando los derechos de los españoles. Santiago Abascal, en la línea de Bolsonaro/Trump, cree haber encontrado un filón para la demagogia en la supuesta defensa de las libertades de los ciudadanos frente a la dictadura comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Su retórica falaz y retorcida, su discurso barato basado en el argumento irracional de que es preferible ser libre que estar sano resulta más letal aún que una bocanada de aliento contaminado por covid-19 y si su partido llega a gobernar algún día en España nos encontraremos con una gran nación de muertos, libres e iguales, pero muertos. En ese inmenso y solitario cementerio de libertad con el que sueña Vox el único ente vivo que disfrutará de completa movilidad será el maldito bicho de Wuhan.

El editorial de The Lancet apunta a los peligrosos sofistas inconscientes de la posverdad que se han instalado en el poder, entre los que habrá que incluir a la excéntrica Isabel Díaz Ayuso, la virgen Dolorosa de la epidemia, la viuda negra de Madrid, que en los últimos días se ha destacado como una máquina arrolladora de soltar memeces, burradas y disparates. No solo ha tratado de colar a su comunidad autónoma en la siguiente fase de desconfinamiento en contra de los criterios científicos, sino también en contra de los números y estadísticas sobre contagios, muertos y expansión de la enfermedad, que eran sencillamente desastrosos. Al igual que al otro lado del Atlántico Bolsonaro intenta apaciguar a los magnates petroleros y madereros, Díaz Ayuso ha tratado de poner a trabajar a todos los madrileños cuando la epidemia andaba desbocada y sin control solo para contentar al lobby castizo de bares, mesones y hoteles. No cabe duda de que la presidenta regional es hija de esa ideología nefasta que se impone en todo el planeta y que denuncia agónicamente The Lancet. Ayuso es una “trumpita” fabricada por el laboratorio de la Fundación FAES, una factoría de ideas ácidas y corrosivas para el género humano que siguiendo la estela de los Trump, Bolsonaro y otros descerebrados promueve como líderes mundiales a payasos con retórica y verborrea hábiles en tiempos de posverdad.

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