Poco antes de abandonar este mundo, Julio Cortázar nos dejó una de sus sabias premoniciones al decir que “durante mucho tiempo los argentinos viajarán en el autobús junto al torturador”.

  El  mensaje estaba ligado a los aires de impunidad que por entonces asomaban en el horizonte.

  Viajar junto al torturador ignorando la identidad de su ocasional acompañante sería un hecho cotidiano que el tiempo se encargó de confirmar.

  A muchos años de aquella advertencia del notable escritor, no sólo se puede viajar en un medio de transporte junto al que manejaba la picana eléctrica.

  Compañero de viaje también puede ser el que secuestraba a las víctimas, el que las conducía a los centros de tortura y muerte, el que violaba mujeres, el que repartía niños paridos en esos infiernos donde sus madres eran asesinadas después de dar a luz.

  También puede ser nuestro compañero de viaje o podemos coincidir con alguno de ellos en algún bar, en un cine o en algún supermercado o cruzarnos en una calle o en una plaza con el apropiador o la apropiadora de aquellas criaturas, con el médico que certificó esos despojos o con el juez o la jueza que le dieron visos de legalidad a uno de los más aberrantes delitos de lesa humanidad.

  La recuperación de la democracia alentó lo que sería el último viaje de Cortázar a la Argentina a finales de 1983.

  En su breve estadía en Buenos Aires, intentó entrevistar al flamante presidente, pero Raúl Alfonsín se negó a recibirlo.

Sobre aquel episodio hay varias versiones encontradas,  pero lo cierto es que Cortázar no figuraba entre los intelectuales preferidos del radicalismo.

  Las preferencias mayoritarias se inclinaban por la figura de Ernesto Sabato, el hombre que le dio celebridad a la teoría de los dos demonios.

  Tras aquel desencuentro con Alfonsín, Cortázar regresó a París, donde murió el 12 de febrero de 1984.

  Tres años más tarde, las leyes de punto final y obediencia debida, luego el indulto de Menem y la libertad de la que actualmente gozan quienes no han sido juzgados –militares, policías y civiles- ratifican la sabia premonición de Cortázar.

  Premonición que sirve también para la España que protege la impunidad de los crímenes del franquismo.

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